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Miércoles , 20.03.2019 / 20:33 Hoy

Entre tangos y vino tinto

Los retornos sirven para reinventarse

Magda Bárcenas Castro

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Hace ocho años tomé una decisión, una oportunidad que no dejé ir y que me llevó hasta Argentina, irónicamente para seguir haciendo lo mismo pero desde otro lado. 

Desde entonces siempre he creído que escribir fue la forma de salvarme, de continuar con esta hermosa vocación que me ha dado tanto, pues como Pablo Bendala decía: “No pidas permiso, las alas son tuyas y el cielo de nadie”. 

Hace casi una semana tomé mis maletas y regresé a casa después de volar por cuatro países en dos días, así sin avisar, tal como me fui... sin decirle a nadie. 

Es tiempo de reinventarse, reencontrarme con mis raíces y con la vida para centrarme en los proyectos culturales que quiero seguir realizando. 

Sin duda el extranjero es el mejor lugar para valorar México, es la prueba perfecta para aquel que necesita dar un salto: Tal vez el de fe (me alegra haberlo entendido con el paso de los años). 

Ayer volví a la redacción para abrazar a todos mis compañeros y agradecerles por tanto, pues sin su apoyo como equipo mis letras no habrían llegado a ningún lado. 

Borges alguna vez dijo: “No modifican nuestra esencia los años, si es que alguna tenemos” y es así como me siento, con la misma humildad y el deseo de querer seguir aprendiendo. 

Si hay algo que me emociona es que en breve estaré dando clases, pues si algo me enseñó el mejor profesor que he tenido -mi padre- es que uno tiene la obligación de enseñarle a otros todo aquello que sea positivo. 

Sigo abierta a los cambios, pero sobre todo a las oportunidades, nunca sabremos qué nos depara la vida si no le apostamos a nuestros sueños. 

Antes de que mi padre se hiciera eterno me dijo: “La única herencia que voy a dejarte es la educación, pero será lo más valioso que pueda dejarte”-tenía razón- ahora entiendo todo, me alegra que no fue demasiado tarde. 

Nunca he tenido nada, salvo mis letras; tal vez por eso no tengo miedo pues tengo la seguridad de que jamás voy a perderlas. 

Gracias a todos por la bienvenida, con el tiempo nos volveremos a ver y será un placer coincidir en esta vida. 

Y por si alguien tenía duda como volvieron mis maletas a México: con 40 kilos de libros que muero por compartir con mis futuros alumnos.

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