Política

Toquemos fondo

Hace más de un año, el 13 de junio del 2021 para ser exacta, Athos y Tango fueron cruelmente evenenados en la ciudad de Querétaro, conmocionando no solo a México, sino también a la comunidad internacional, pues se trataban de dos perros rescatistas de la Cruz Roja.

Athos, un Border Collie, estaba adiestrado para realizar labores de rescate de personas desaparecidas, y en su historial había grandes hazañas: el rescate de siete víctimas del terremoto en Ciudad de México el 19 de septiembre del 2017 y su participación en la búsqueda de sobrevivientes en Guatemala, tras la erupción de un volcán en 2018.

Por su parte, Tango era un Yorkshire entrenado para apoyar psicológicamente a niños y niñas con trastornos de ansiedad, estrés postraumático y síndrome de Down; ambos formaban parte del equipo de la Cruz Roja Querétaro y estaban bajo el resguardo del entrenador Edgar Muñoz.

Sin embargo, fueron envenenados por Benjamín “N”, un vecino de la zona que ya había amenazado a Edgar con hacerles daño por no estar de acuerdo con verlos por la calle, quien dejó salchichas con alcaloides y organofosforados dónde solían caminar los perros.

Tras lo sucedido, distintos actores de la sociedad en general ejercieron presión para que se mediatizara el caso, a fin de que se les hiciera justicia no solo a los canes asesinados, sino a todo el equipo de Cruz Roja que día con día los cuidaba y apoyaba de ellos para desarrollar sus labores, las cuales cabe mencionar, siempre han sido de suma relevancia para la salud y bienestar de todas y todos.

Gracias a lo anterior se logró algo histórico: el pasado martes 23 de agosto, se llevó a cabo el primer juicio que lleva a una condena por maltrato o crueldad animal en México, pues el perpetrador del crimen de Athos y Tango, fue condenado a 10 años de prisión sin derecho a fianza y el pago de 125 mil dólares como reparación del daño.

Tal vez se pregunten por qué lo anterior importa (quizá hasta duden de que este sea un tema de relevancia, habiendo muchos otros de “mayor urgencia”), lo que me lleva a resaltar que la violencia contra animales es un que debiera preocuparnos (y ojalá ocuparnos) a todas las personas por la gravedad de lo que refleja: la poca o nula empatía de quien o quiénes lo perpetran.

En repetidas ocasiones he escuchado y leído diversas opiniones de especialistas en salud mental, quienes hacen alusión a que estos actos manifiestan un problema agudo de salud mental, los cuales podrían escalar y convertirse luego en violencia contra los seres humanos.

Y no solo por ese enfoque, sino también porque evidencia la urgencia de que en el país se priorice la salud mental, a fin de abordar el problema de forma integral, ya que seres humanos sanos, son quienes pueden generar un vínculo sano con el entorno que los rodea.

Es hora de que toquemos fondo como sociedad y trabajemos juntos en erradicar la violencia desde todas sus aristas. Por Athos, Tango y todos aquellos que nos han sido arrebatados.

Que la celebración de este gran paso sea el motivarnos para que ningún animal sufra por nuestra culpa y que quienes ya lo hicieron, también encuentren justicia (pero una que sea reparatoria y no solo punitiva).

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Marcela Brown
  • Marcela Brown
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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