Ciencia y Salud

Artemis II: ¿Cómo mantienen los astronautas la seguridad de la nave Orion?

Los astronautas de Artemis II no solo viajan al espacio profundo: revisan sistemas críticos, maniobran la nave, controlan radiación y ejercitan sus músculos para mantener la nave y la tripulación seguras en todo momento.

La misión Artemis II de la NASA representa uno de los viajes tripulados más complejos en la historia reciente de la exploración espacial. 

No solo supone el retorno de astronautas al entorno lunar después de más de 50 años, sino que también se ha convertido en una prueba de resistencia, entrenamiento y tecnología enfocada en anticipar, detectar y resolver fallas en un entorno donde no existe una salida rápida de emergencia hacia la Tierra.

A diferencia de misiones realizadas en órbita terrestre baja —como las de la Estación Espacial Internacional—, Artemis II se aventurará mucho más lejos, lo que significa que cualquier problema técnico o imprevisto debe ser manejado por la tripulación con apoyo remoto del control de misión. 

La seguridad de la nave Orion y de sus astronautas se basa en protocolos redundantes, diseño robusto y entrenamientos intensivos para escenarios complicados, algo que sin duda, llevo mucho tiempo en práctica para poder afrontar cualquier escenario posible. 

Estas son algunas de las acciones que hacen la tripulación de Artemis II para mantenerse seguros en el viaje espacial.

Vista de la Tierra tomada por el astronauta de la NASA y comandante de la misión Artemis II, Reid Wiseman. | NASA
Vista de la Tierra tomada por el astronauta de la NASA y comandante de la misión Artemis II, Reid Wiseman. | NASA

Revisión constante de los sistemas críticos

Antes de alcanzar la órbita y durante toda la misión, los astronautas revisan sistemáticamente los sistemas principales de la nave:

  • Soporte Vital (ECLSS): Se monitorea y verifica que los niveles de oxígeno, dióxido de carbono, temperatura y humedad estén dentro de parámetros seguros.
  • Comunicación y navegación: Se controla la integridad de las antenas, radios y sistemas de posicionamiento para asegurar el enlace con la Tierra.
  • Propulsión y control de actitud: Los sensores y propulsores que mantienen la orientación y trayectoria son revisados regularmente para evitar desviaciones.

Estos chequeos forman parte del trabajo diario de mantenimiento preventivo a bordo.

Maniobras de vuelo y pruebas operativas

Uno de los pasos iniciales en la misión fue la prueba de proximidad en torno a la etapa superior del cohete SLS. Una vez separada del cohete, los astronautas tomaron control manual de la nave Orion para acercarse y alejarse de esta etapa, evaluando así la capacidad de respuesta de los propulsores de maniobra.

Esta maniobra no solo probó la capacidad técnica de la nave, sino que también sirvió para confirmar que los astronautas pueden realizar maniobras manuales si fuera necesario en situaciones críticas o en futuras misiones de acoplamiento.

Gestión real de fallas a bordo

Durante el vuelo se han presentado fallas menores que han puesto a prueba la capacidad de respuesta de la tripulación. El caso más visible ha sido el del sistema de gestión de residuos (toilet):

Tras el lanzamiento, el sistema de orina presentó problemas en los ventiladores y en la succión, generando también un olor inusual dentro de la nave. 

La tripulación, junto con el control de misión en Houston, trabajó en protocolos para restaurar la funcionalidad del sistema, usando procedimientos de diagnóstico y ajustes físicos. Este tipo de acciones muestra cómo los astronautas manejan fallas en sistemas no críticos sin que esto afecte la misión general.

Mientras trabajaban en esto, usaron métodos alternativos de recolección y ajustes para asegurar que el resto del sistema sanitario siguiera operativo.

La Luna vista desde la plataforma en donde fue lanzada la nave Orión para la misión Artemis II
Imagen de la Luna desde la plataforma de lanzamiento de Artemis II | NASA

Monitoreo de radiación y ambiente de espacio profundo

Una vez fuera de la protección del campo magnético terrestre (y más allá de los cinturones de Van Allen), la nave está expuesta a niveles más altos de radiación. Este es un factor de riesgo no solo para la salud de los astronautas sino también para los sistemas electrónicos.

Por ello, los astronautas y los sensores en la nave monitorean de forma continua los niveles de radiación que llegan a la cápsula, con el fin de detectar cualquier anomalía y tomar precauciones si fuera necesario. Este monitoreo es parte de la rutina diaria de operaciones.

Mantenimiento preventivo de sistemas y gestión de humedad

Para evitar problemas mayores, los astronautas también realizan controles que ayudan a mantener la integridad de los equipos:

  • Revisan paneles electrónicos y puntos sensibles a cambios de presión o temperatura.
  • Controlan la humedad interna para evitar acumulaciones que puedan afectar equipos.
  • Realizan ajustes en sistemas de ventilación según necesidad o recomendaciones del control de misión.

Aunque estos pasos no son emergencias, forman parte de las tareas diarias que aseguran que la nave se mantenga operativa y que los sistemas no fallen por falta de atención.

Ejercicio físico para mantener capacidades operativas

Vivir en microgravedad afecta el cuerpo humano: los músculos se atrofian y los huesos pierden densidad. Para contrarrestar esto, los astronautas realizan rutinas de ejercicio físico programadas, lo que no solo ayuda a su salud, sino también a su capacidad de enfrentar procedimientos físicos que puedan requerir fuerza, coordinación y concentración dentro de la nave.

Este aspecto, aunque no es directamente un “sistema técnico”, influye en la seguridad general de la misión, ya que una tripulación en mejor condición física puede responder mejor ante situaciones imprevistas.

Preparación para reingreso y protección térmica

Uno de los momentos más riesgosos de toda la misión será el reingreso a la atmósfera terrestre. Para ello, la nave está equipada con un escudo térmico diseñado para soportar temperaturas extremadamente altas durante la entrada.

Tras la primera misión Artemis I, se identificaron comportamientos que requerían análisis adicional del escudo. Por ello, los protocolos de reingreso han sido revisados y ajustados para asegurar que el blindaje funcione de forma óptima cuando llegue el momento, reforzando la seguridad de la tripulación y de la nave entera.

En Artemis II no existe un momento en que los astronautas “descansen” del mantenimiento de la nave. Cada día de vuelo incluye tareas de verificación, chequeos preventivos, análisis de datos y respuesta directa a alertas o lecturas anómalas, todo con el objetivo de asegurar que la misión continúe sin contratiempos.

Este enfoque demuestra que, más allá de los instrumentos y la tecnología, la seguridad de una misión en espacio profundo depende de la disciplina, entrenamiento y atención constante de los astronautas, que deben mantener la nave operativa en un entorno donde no existe un regreso inmediato.



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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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