Cultura

El eterno Quijote

Me he hecho a la idea, que no es fijación ni obsesión, más bien una saludable pulsión, de terminar el Quijote. Es como una necedad que ha viajado conmigo desde hace décadas. Con ello quiero decir que tal libro no me suelta, creo incluso que me a ratos me asalta y lo hace porque sabe que tarde o temprano lo voy a terminar de leer.

Al Quijote lo conozco desde hace ya tanto tiempo, en aquella infancia con librillos ilustrados donde se mezclaban con los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen y cómics de todo tipo. Una divertida narración en donde todo se entremezclaba de manera bizarra, pero efectiva. Ahí, el Quijote era un viejo chistoso, anacrónico y alucinado, acompañado de un personaje bonachón, más gracioso que ocurrente, y siempre estaban metiéndose en problemas. Pero en el fondo eran buenas personas, solo que un poco distraídos y, el viejo, más o menos fuera de sí, recibía tremendas palizas que nunca lograron hacerlo entrar en razón. Luego, en la secundaria, ya lo vimos de otra manera, dentro de resúmenes, en menciones literarias, en síntesis y antologías. Y para rematar, en la prepa casi nos llevan a leerlo completo, bajo la excusa de que era necesario, de que se trataba de la gran obra de la literatura en español, de que cómo era posible no leer al Quijote. Entonces se perdió la magia. Diría que casi por completo. Lo que habría sido una gran aventura, una provechosa lectura, se transformó en tarea, en proceso académico estéril, desprovisto de la frescura y espontaneidad de la lectura y terminó por desilusionarme. La escuela simplemente le quitó el encanto.

Han transcurrido 40 años ya. Hoy, a mis casi 57 años, he podido finalmente retomar al Quijote. Sí, lectura necesaria, indispensable, pero aceptando que no es para todos ni tiene por qué serlo. No importa. Libros buenos hay muchos y siempre estarán allí, latentes y en espera a que alguien los descubra (o redescubra). Y así, al releer el texto, descubro pasajes y fragmentos que despiertan asombro, risa, reflexión, sospecha y pasmo. En aquel entonces apenas y me di cuenta de estas partes o no lograron generar ninguna reacción importante o memorable. Con algunas obras hay un intercambio parejo. Eso me pasó con el Quijote. Este encuentro mutuo reporta resultados misteriosos, insospechados, que procuran un efecto luminoso en la conciencia. Estoy cerca de terminar la primera parte. Avanzo y voy anotando (me gusta rayar mis libros) aquellas partes que me interesan, que me estimulan, que me llevan, de manera irrefrenable, a colocar una marquita en la página correspondiente. Y después, cuando se han acumulado muchas observaciones, me entrego a revisarlas y a crear un pequeño texto donde se establezca una conjetura personal sobre todo eso. Eso me divierte mucho y es mi gusto hacerlo con todo lo que leo. Y con esta obra he logrado reconocerme en algunos pasajes y me he dejado envolver por tales aventuras y reflexiones, y he logrado entender que, dentro de la farsa que representa, hay mucha verdad implícita.

Y es que eso de contar historias dentro de una historia es cosa de locos, pero es endemoniadamente divertido. Es de una libertad tal que, combinada con el gran sentido de humor que lo caracteriza, hace de esta obra un estado de conciencia en sí mismo.

Pero también debo admitir que el tema de terminar el Quijote es una lucha interna entre el sentir que debo leerlo y que, por otro lado, igual de válido, que no tengo por qué hacerlo. Incluso defiendo el hecho de que no debería hacerlo. Me estresa, pues. Confieso que es una lucha real a la cual sí le doy importancia, se piense lo que se quiera. Esto ya pasó a ser un asunto psicológico y no sé por qué, pero no me importa: lo voy a leer, punto.

El mismo libro revela algo contundente: “... pero el tiempo, descubridor de todas las cosas, lo dirá cuando menos lo pensemos”. De esa manera me adelanto a mí mismo que, al terminarlo, el venerable Quijote no me dejará en paz nunca.

El tipo es un cabrón y reconozco que se salió con la suya.


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Adrián Herrera
  • Adrián Herrera
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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