Cultura

Padres e hijos

Los hijos no deben aspirar o pretender ser o parecerse a sus padres y éstos, a su vez, no deberían presionarlos para que sean como ellos o que hagan lo que a ellos les parece mejor. Una cosa es sugerir y educar y otra muy distinta –y equivocada– coercionar bajo el argumento de autoridad. Este principio lo fundamento en varias cosas: primero, que padres e hijos vienen de generaciones distintas. Lo que los padres vivieron los hijos no pueden experimentar, y los tiempos que comparten no se perciben igual en uno y en otro. La genética y la instrucción en casa predisponen y moldean a los hijos de manera contundente, pero la escuela, la calle y los medios digitales también ejercen una influencia importante. Los hijos deben buscar su propio camino, por encima de lo que les digan. Esas criaturas deben experimentar, probar varias cosas antes de propulsarse hacia algo específico. Y aun así, mucha gente (yo incluido) comienza haciendo algo y termina en otra cosa, incluso haciendo trabajos insospechados. Mi ejemplo de vida encaja perfecto en lo que acabo de decir.

Los padres proyectan obsesivamente su ego sobre los hijos. Hay que dejarlos evolucionar y vivir. Ellos deben procesar los resultados de sus acciones, de otra manera no asumirán responsabilidad de sus vidas y se la pasarán culpando a terceros (a sus padres, a la escuela, a la sociedad, etcétera). Esa es una de las enseñanzas básicas de todo esto. Los hijos no son ni mascotas, ni esclavos, ni extensiones nuestras; poseen una vida y características propias e irán desarrollando su carácter y personalidad en el tiempo, y solo es recomendable no intervenir de más en tal proceso. Lo digo porque tengo amigos que desarrollaron traumas y tuvieron desavenencias en sus años mozos y, hoy, a sus casi 60 años, siguen utilizando esos recuerdos álgidos para no ser felices. No confrontar los problemas y quejarse del pasado es una manera de no querer (o poder) asumir responsabilidad de tu propia vida y lo único que ocurre es que se pierden años muy buenos en los que se pudieron haber desarrollado proyectos, un núcleo familiar o simplemente vivir feliz, contento y satisfecho. Pelear con nuestro pasado y con los fantasmas que lo habitan es una muy buena fórmula para crear un futuro estéril y oscuro. Dejemos ese lastre a un lado y caminemos ligero.

A mis hijos solo puedo hacerles algunas observaciones fundamentales: –Váyanse por lo fácil, lo que se les da de manera natural e intuitiva es algo dado, una facultad que ya viene integrada en su persona, hay que aprovecharlo–, les digo. Comenté que empecé haciendo cosas que no se adaptaban a este principio y solo me costó tiempo y mucho trabajo dejar de hacerlas para enfocarme en, primero, reconocer mis virtudes y luego desarrollarlas. Y hoy justamente hago eso y estoy muy contento. Por eso lo digo, por experiencia, no por necio.

Consideremos también otra cosa: que las generaciones deben aprender de sus vivencias y maneras de ver el mundo. El aprendizaje debe ser recíproco. Basta de asumir que las generaciones de antes son mejores porque han vivido más tiempo y saben más. Eso es una falacia. Las generaciones anteriores muchas veces no pueden adaptarse a lo moderno. De la misma manera, las nuevas generaciones a veces no poseen los medios para entender los cambios que se les vienen encima. Por eso digo que todas las generaciones deben entrar en un consenso que les sea útil y provechoso.

Insisto en que la base de todo esto es el respeto por las otras personas, en este caso, padres e hijos. Que se entienda que el entendimiento mutuo, junto con el respeto correspondiente, son la base para una relación saludable. Es fácil entrar en conflictos, pero hay que hacer un esfuerzo por llevar bien las cosas.

En fin, que este es un tema particularmente complejo, pero tiene maneras de abordarse.

El último consejo que les doy a mis hijos, quizá el más importante, es este: no hagan pendejadas. Ya tenemos demasiado de eso, todos los días, en cantidades industriales.


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Adrián Herrera
  • Adrián Herrera
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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