Estas fechas son siempre esperadas por todos y más por los comerciantes, organizados o no tanto, porque representan su principal pico de ventas de todo el año. Bueno, corregimos: no todos las esperan con el mismo entusiasmo. Nos referimos a los desempleados, a los no asalariados y a los trabajadores eventuales e informales que jamás tienen la certeza de lo que habrán de recibir para las celebraciones de Navidad y Año Nuevo.
Vamos por partes. De acuerdo al Inegi, en el tercer trimestre de este 2021 que está por terminar, México registraba cerca de 57 millones de trabajadores asalariados. De estos, 14 millones percibían apenas un salario mínimo (SM de casi 4 mil pesos mensuales), cerca de 20 millones ingresaban entre uno y dos SM (8 mil mensuales), y 7.5 millones cobraban entre dos y tres SM. Esto significa que casi tres cuartas partes de los asalariados nacionales recibía menos de 12 mil pesos mensuales a cambio de su fuerza de trabajo.
Con estas cifras, para 41.5 millones de mexicanos la llegada de estas fechas sólo representa la alegría que en sí mismas guardan y provocan, pero no les ofrece la alternativa de regalar o regalarse como quizás quisieran porque, de acuerdo a un estudio del CUCEA de la Universidad de Guadalajara, el precio de una canasta básica de 121 productos tiene un costo mensual de casi 12 mil pesos, lo que la coloca ya lejos de su alcance. ( https://www.udg.mx/es/noticia/canasta-basica-sube-de-precio-1920-por-ciento-durante-ultimo-semestre )
Aquí caben dos aclaraciones realizadas por el propio Inegi: Uno) Sólo dos de cada cien mexicanos ganan más de 18 mil 483 pesos, equivalentes a cinco SM y, Dos) El desempleo en México ha ido decreciendo paulatinamente y está en el rango del 3.9 por ciento, aunque aún no alcanza la cifra prepandémica, que era del 3.6 por ciento. En cantidad de empleos, ahí la llevamos, y sólo faltaría ver con calma la calidad de los mismos.
En contraste, muchos de los que sí pueden gastar todo lo que quieren, y no sólo por sus jugosos aguinaldos sino por sus sueldos mensuales, son los integrantes de la clase política nacional. De nuevo, vamos por partes. Nuestros representantes ante el Congreso de la Unión, senadores y diputados federales, tienen, por ley, una percepción bruta anual de 2 millones 215 mil 187 pesos y 1 millón 560 mil 412 pesos respectivamente. Esto significa que cada senador se embolsa más de 184 mil pesos mensuales y cada diputado federal recibe mensualmente la siempre deseable suma de 130 mil pesotes, aunque eso sí, sin considerar los descuentos al SAT y los que se acumularán para su pensión. De cualquier modo, y ya entrados en gastos, ¿quién no quisiera pagar lo que ellos pagan de impuestos?... Esta información está a la disposición de todos en el portal de transparencia del Congreso.
En este tema del ingreso de las familias mexicanas y los gastos de fin de año, vale la pena detenernos en el punto de las remesas tan mencionadas en la actual Administración Federal. En la escala global, México es el tercer país que recibe más remesas del extranjero, tan sólo por debajo de La India y China. De acuerdo a BBVA Research y la Conapo, las remesas a México han aumentado 25.6% en lo que va de 2021, alcanzando hasta el mes de octubre la cifra récord de 42 mil 168 millones de dólares. Cabe destacar que, ante estas cantidades de dinero, las remesas pueden inducir un crecimiento del PIB regional, “toda vez que, al incrementar el ingreso de los hogares, tienen efecto a través del consumo que estos hogares llevan a cabo con el uso de estos recursos”. https://www.bbvaresearch.com/publicaciones/anuario-de-migracion-y-remesas-mexico-2021/
Pero el punto es: ¿Qué tan meritorio es para el Gobierno actual que se sigan incrementando las remesas que nuestros compatriotas envían a sus familias? Si mal no recuerdo, nuestros migrantes dejaron a sus tierras y sus familias en busca de las oportunidades que aquí se les negaban; son valientes y valiosos exiliados económicos que se autoexpulsaron de México en busca de una mejor calidad de vida pero, ¿esto es mérito de la actual administración? Como dice el ya clásico: “Con todo respeto”, ¿se vale alardear por dudosos méritos ajenos?...
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