Ya vimos que Carlos Salinas de Gortari creó los elementos (siempre “en apego a Derecho”, como suele decirse en estos casos) para someter o cuando menos controlar a los periodistas rebeldes. Lo logró en buena medida, aunque no evitó que ya en el gobierno de Ernesto Zedillo, las denuncias periodísticas terminaran por llevar a la cárcel a su hermano Raúl, “Mister Ten Percent”, acusado de enriquecimiento ilícito y como autor intelectual del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu. Pero ese es otro tema.
Después de Vicente Fox, con sus exabruptos y berrinches contra la prensa, el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) tampoco se distinguió por una lubricada relación con los medios impresos y electrónicos. Al contrario. Además de acusarlos de difundir gratuitamente las narcomantas, “mientras que a cualquier anunciante le cuesta una millonada publicar un mensaje”, muchos periodistas fueron encarcelados por delitos imaginarios ajenos al verdadero, que era escribir sobre los nexos entre Genaro García Luna y el narco; por otra parte, muchos periodistas más fueron asesinados...
Entre los primeros, destaca el caso de Jesús Lemus Barajas, director del diario La Piedad, quien en su libro “El Licenciado: García Luna, Calderón y el narco”, asegura que fue condenado a veinte años de prisión por un delito inventado por las autoridades mexicanas, después de que publicara un reportaje en el que vinculaba a María Luisa Calderón, hermana del presidente, con el crimen organizado.
De los asesinatos, según un informe del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), el sexenio de Felipe Calderón fue “uno de los periodos más violentos para la prensa que jamás se haya registrado en el mundo, debido a que un total de 14 periodistas fueron asesinados entre 2006 y 2012 en represalia por su trabajo. Otros 27 periodistas murieron durante el mismo período, pero aún no se sabe si esos homicidios estuvieron relacionados con su profesión”.
De acuerdo al mismo CPJ, “la violencia contra los periodistas y los medios ocurrió en el contexto de la lucha entre cárteles de la droga con las fuerzas de seguridad, en lo que el Comité calificó como una “sangrienta” estrategia de seguridad del presidente Felipe Calderón”.
Así las cosas, en 2012 se dio el primer vuelco en la alternancia del gobierno en México con el regreso del PRI a Los Pinos. Desde el inicio de su sexenio (2012-2018), Enrique Peña Nieto dio señal de que mantendría una agresiva política de Comunicación Social (CS) después de que, cuando aún era candidato a la presidencia, fuera blanco de burla de los medios y las redes sociales al no poder citar los tres libros que más habían influido en su vida.
Tal estrategia de CS no era otra que la de “invertir” ingentes recursos en su imagen oficial. Así, durante el periodo 2013 a 2017, “el total del gasto en publicidad oficial ascendió a 50 mil 862 mdp, esto es, 23 mil 410 mdp más de lo aprobado inicialmente por el Congreso”, según datos del propio gobierno recopilados por Fundar, “una organización de la sociedad civil plural e independiente que se rige por los principios de horizontalidad y transparencia”.
Pero ni aún ese sobregasto en medios pudo detener lo que a la postre sería la puerta por la cual se colaría la asunción de Morena y su líder, Andres Manuel López Obrador, a los primeros planos de los tres niveles de gobierno: el icónico caso de “La Casa Blanca” que seguiría como pesada sombra a la imagen de Peña Nieto hasta el último día de su mandato, y aún más allá. La Prensa, fiel a su principio, logró el objetivo de buscar, encontrar y denunciar uno de los abusos de ambición y poder más relevantes en la historia del México moderno.
Así llegamos a la actual administración, caracterizada por una inquietante ambigüedad en su relación con los medios de comunicación. Como Jano, el dios romano de los dos rostros, con una boca preconiza a la Libertad de Prensa; con la otra, denosta abiertamente, sin miramiento alguno, a medios y periodistas. A alguno de los primeros no tiene empacho en llamarlo públicamente “pasquín inmundo”; a los segundos, sin excepción alguna, lo menos que les ha dicho es que son “corruptos” e “hipócritas”, sólo porque se oponen u opacan con sus comentarios el brillo de su prebautizada y aún no fructificante “Cuarta Transformación”.
Así iniciamos la segunda mitad de esta administración sexenal, con una prensa libre en el discurso pero censurada, descalificada y hasta agredida cada semana en la conferencia matutina de Palacio Nacional. Como muestra está la sección semanal “Quién es quién en las mentiras”, que más que un ejercicio “de ética pública para detectar noticias falsas”, como AMLO dijera, se trata e una invitación abierta para cazar a los periodistas que “distorsionan la realidad” porque no creen en el dogma infalible e irrefutable de la 4T. Para centrarnos, vamos recordando que en política ni en periodismo, como en muchos otros temas, no existen verdades absolutas...
https://mx.boell.org/sites/default/files/medios_marco_lara.pdf
https://fundar.org.mx/cada-ano-se-gasta-mas-en-publicidad-oficial-y-no-sabemos-por-que/
castillotelles22@gmail.com
Jesús Castillo Telles