Política

Prensa-Poder, desencuentros añejos (Primera de dos partes)

El jueves 16 de diciembre, el presidente López Obrador confirmó, una vez más, su enojo hacia la Prensa, ahora al señalar que “el deporte nacional” es golpear a su gobierno desde los medios impresos y electrónicos. “Con honrosas excepciones”, dijo, sin nombrarlas porque ni falta hace.

Una de las funciones primordiales de la Prensa, comprendida como el “Conjunto de personas dedicadas al periodismo” (RAE), es como contrapeso para dar a conocer todo lo que se oculta en lo profundo del poder, cuando éste apela más a la distracción que a la información veraz, porque no quiere un pueblo crítico; lo necesita hipnotizado, distraído. De ahí que la relación Prensa-Estado haya transcurrido entre tortuosos avatares. Para comprenderlo, demos un somero repaso a cómo ha interactuado este binomio en los recientes treinta y tres años.

Durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), la prensa libre fue sometida a una intensa presión ejercida por medio de acciones como la consolidación de una sólida escructura de Comunicación Social incondicional; imposiciones a los diarios independientes a través del monopolio del papel por parte de la empresa Productora e Importadora de Papel, S.A. (PIPSA); fortalecimiento de la imagen de CSG y generación de consensos favorables mediante el control del periódico El Nacional y la agencia de noticias Notimex; cooptación a intelectuales por medio de becas del Conaculta; y patrocinio a un nutrido (en todos sentidos) equipo de intelectuales estratégicamente ubicados en periódicos y revistas de gran tiraje. De esa época se guarda el recuerdo de más de 50 reporteros asesinados y quizás sea una de las épocas más sanguinarias del periodismo en México.

En el mandato del presidente Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), y debido a factores como sus frecuentes autocríticas públicas, al bajo perfil que siempre manifestó frente a las cámaras y a sus pobres dotes oratorias, el periodismo mexicano vivió una notable proliferación de plumas empuñadas por empresarios y expolíticos, que dieron muestras de crítica y poder ocupando sendos espacios en los medios nacionales. De esta época destacan la exhibición pública del espionaje telefónico practicado por el CISEN a periodistas reconocidos, y el hecho de que en 1995 el presidente Zedillo solo ofreció tres conferencias de prensa en todo el año.

Fue del espionaje oficial y de la exigencia al respeto a la Libertad de Prensa de donde “surgió la necesidad imperiosa de que el Premio Nacional de Periodismo dejara de ser una simple dádiva gubernamental, para convertirse en un verdadero reconocimiento a los periodistas otorgado a través de un organismo independiente, constituido por instituciones académicas y asociaciones no gubernamentales. Así, el 6 de junio de 2001 se publicó la Declaración sobre el Premio Nacional de Periodismo en la cual que se pide al Ejecutivo una iniciativa de ley relativa a premios, estímulos y recompensas con el fin de separar el Premio del gobierno”.

Cuando la alternancia llegó al poder con Vicente Fox Quesada (2000-2006), la relación Prensa-Poder devino más ríspida, porque “el señor de la botas” llegó convencido de que la información es poder y de que quien controla los medios, “principalmente la televisión y la radio, que son la fuente primaria de información sobre los asuntos públicos”, tiene el control de las ideas, fundó su propio programa radiofónico “Fox contigo”. Desde esa tribuna sabatina, poco antes de cumplir su primer año de gobierno, el presidente Fox tuvo su primer severo enfrentamiento con la Prensa, adornado con frases como “Ya dejen de estar hablando babosadas” y “Ni se crean que me van a tumbar”, entre otras linduritas.

El enojo presidencial nació a raíz de las críticas periodísticas a hechos como la compra de unas toallas de más de cuatro mil pesos cada una para Los Pinos; su asistencia a una recepción oficial del Rey Juan Carlos de España ataviado con lustrosas botas de charol; o su amenaza aparentemente cumplida de no leer más periódicos “para evitar sus enojos”. Curiosamente, como señala el sitio web De Memoria, el mediador de este desencuentro fue el entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, quien llamó al presidente Fox a “apelar a la paciencia, la prudencia y la presencia”.

Valga esto para documentar que la Prensa siempre ha sido crítica, y que, lejos de ser “el presidente más atacado en la Historia de México”, muchos de los periodistas de hoy sólo cumplen con su deber de escarbar hasta donde se encuentre la verdad. Por falta de espacio esto sólo es parte de una historia que continuará con datos más que interesantes. Nos vemos en la siguiente...

Fuentes:

https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6845103

https://www.periodismo.org.mx/antecedentes.php

http://www.ordenjuridico.gob.mx/Congreso/pdf/72.pdf

https://www.dememoria.mx/nacional/vicente-fox-contra-la-prensa/

castillotelles22@gmail.com

Jesús Castillo Telles


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