Política

Las grietas de Morena

Citlalli Hernández dejó la Secretaría de Mujeres para sumarse a la dirigencia del partido y atemperar las fracturas. JUAN CARLOS BAUTISTA
Citlalli Hernández dejó la Secretaría de Mujeres para sumarse ala dirigencia del partido y atemperar las fracturas. JUAN CARLOS BAUTISTA

Al mirar la tumba de Benito Juárez, ubicada en el panteón de San Fernando, uno se siente traicionado. Contra lo que puede suponerse no hay dinero para darle mantenimiento y, por tanto, manchas ennegrecidas y grietas profundas recorren sus costados.

La pregunta es inevitable: si así tratamos al Benemérito, ¿qué puede esperar el resto de la memoria patria?

Resulta contradictorio que el movimiento llamado “cuarta transformación” tenga en el olvido al fundador de la segunda transformación, sin duda la referencia histórica más citada por Andrés Manuel López Obrador.

Este hecho no es una anécdota menor, sino un síntoma de las muchas contradicciones del movimiento político que hoy gobierna a México; un movimiento al que, como a la tumba de Juárez, le crecen todos los días grietas y manchas oscuras.

Acaso la fractura más importante es la que existe entre el aprecio que la población sostiene por la presidenta Claudia Sheinbaum y la intención de voto que hoy alcanza el partido Morena.

Mientras que la mandataria ostenta una aprobación que ronda entre el 71 y el 74 por ciento, su partido no rebasa el 35 por ciento de la preferencia electoral. Igual relevancia despierta que Sheinbaum haya logrado conservar los mismos números desde el principio de su mandato, mientras que Morena perdió alrededor de doce puntos en los últimos doce meses.

El desgaste después de ocho años de gobierno morenista aparece como una primera explicación. Gobernar implica fricción, pero mayor corrosión se deriva, con el paso del tiempo, por el incumplimiento de las expectativas.

Morena presume como principal atributo haber reducido la desigualdad y la pobreza. Medida a partir del coeficiente GINI, entre 2018 y 2024 la desigualdad en el país disminuyó 8 por ciento. Respecto de la pobreza extrema, la reducción habría sido de un 20 por ciento, es decir, que alrededor de 1.7 millones de personas dejaron atrás el último sótano de la economía mexicana.

Este logro baña la reputación de Sheinbaum y prueba de ello es que su política social —articulada a partir de los programas del Bienestar— es la mejor valorada, con un 80 por ciento de aprobación.

Sin embargo, ese mismo tema no riega por igual al partido gobernante. Es como si los beneficios de programas exitosos como el de “Adultos Mayores” o “Mujeres de 60 y más” no fueran atribuidos al partido, sino exclusivamente al gobierno federal. 

Varios temas han desgastado al partido en el poder desde la pasada elección federal. Destacan las acusaciones de corrupción que han pesado sobre personajes muy relevantes como el exsecretario de gobernación, Adán Augusto López, Andrés López Beltrán, hijo de López Obrador, o el exsecretario de Marina, Rafael Ojeda, cuyos sobrinos, los hermanos Farías Laguna, habrían tejido una red monumental para evadir impuestos aduaneros.

Tantas veces como AMLO repitió que no eran iguales y las mismas que la realidad ha probado lo contrario: ya no se cumplió la expectativa de que la cuarta transformación iba a erradicar la corrupción.

La decepción se multiplica cuando la impunidad sigue gobernando.  Peor de enojoso que los expedientes mediatizados son los expedientes no judicializados. Porque una cosa es anunciar a los cuatro vientos que tal o cual es un político corrupto y otra muy distinta es lograr que se dicte una sentencia judicial en su contra.

La política de seguridad también ha sido insatisfactoria. Por más datos que el gobierno ofrezca para convencer de que las cosas están cambiando, la experiencia cotidiana de la mayoría no permite emocionalmente coincidir con los datos oficiales. Además, las organizaciones criminales se han encargado de hacer saber, a nivel de territorio, que continúan al mando y que están protegidas por las autoridades locales.

Puede asumirse que Sheinbaum no está metida en el enjuague, pero resulta difícil creer que su partido se halla al margen del desastre.

Más recientemente, también desequilibró a Morena la confrontación con los partidos aliados: el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT). Dejó pasmada a la galería una operación desaseada y sin sentido a propósito de la reforma electoral. De todas las fuerzas políticas, la que más perdió con el adelgazamiento de esta iniciativa fue Morena. Para quien quiso escucharlo, el mensaje fue clarísimo: hay otras fuerzas que pueden disputarle a Morena la gravitación dentro del sistema de partidos.

Pero las grietas no sólo recorren las relaciones entre los tres partidos de la coalición gobernante. Donde la cosa está realmente de horror es dentro de Morena; ahí las ganas de apuñalarse se han magnificado sin contención.

Los llamados “tribilines” o “puros” son los más intolerantes con el resto de las corrientes. En el otro extremo se ubican los “ebrardistas”, cuya fuerza radica en que su líder, Marcelo Ebrard, goza de buena aceptación en las encuestas. En medio se hallan “los sheinbaunistas”, escasos, pero poderosos; esta corriente tiene a Omar García Harfuch como su bandera más presumida.

Luego están los “adanistas”, otrora muy influyentes, gracias a la cercanía que Adán Augusto López tuvo con Andrés Manuel López Obrador, y también con varios gobernadores amigos. Hoy, sin embargo, después de los escándalos de corrupción, este polo se extingue. Lo mismo sucede con los “monrealistas”, quienes pesan dentro de la Cámara de Diputados, pero ya no tanto fuera de ella.

De todas las rupturas, la más problemática es la de “los tribilines” o “puros”, y es que su radicalidad les ha conducido a fuertes disputas intestinas entre ellos mismos. La llegada de Citlalli Hernández a la dirigencia de Morena no solo tiene que ver con la necesidad de reconstruir la alianza de Morena con otros partidos, sino también con la necesidad de atemperar las fracturas tremendas que se están viviendo dentro del partido guinda.

Si las contradicciones, las grietas y las sombras de Morena no se atienden pronto, la segunda mitad del mandato de Sheinbaum va a ser todo un dolor de cabeza. Eso lo sabe la Presidenta, quienes parecieran no estar conscientes son sus correligionarios.

A todo esto, ¿dónde está Andrés Manuel López Obrador? Unos dicen que no ha metido las manos en este berenjenal, otros que él es el causante de tanto desmán. Ya se verá pronto cuál de las dos versiones es la correcta.


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Ricardo Raphael
  • Ricardo Raphael
  • Es columnista en el Milenio Diario, y otros medios nacionales e internacionales, Es autor, entre otros textos, de la novela Hijo de la Guerra, de los ensayos La institución ciudadana y Mirreynato, de la biografía periodística Los Socios de Elba Esther, de la crónica de viaje El Otro México y del manual de investigación Periodismo Urgente. / Escribe todos los lunes, jueves y sábado su columna Política zoom
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