Cultura

Poesía inclusiva

Columna de Enrique Serna

Luis M. Morales

La hispanista Severina Mariscal divulgó en las redes el manifiesto que transcribo a continuación, por su indudable interés periodístico y literario:

“Ninguna mujer será libre de verdad mientras el lenguaje sea un instrumento del patriarcado. Las feministas comprometidas no podemos limitarnos a reformar la gramática en el frente legal y político, donde por fortuna ya nadie se atreve a invisibilizarnos. La victoria total del nuevo lenguaje está cerca, si tenemos el valor de asumirlo hasta sus últimas consecuencias. Nuestro campo de acción debe extenderse a la literatura, donde el machismo retrógrado sigue imponiendo su ley, aferrado al último bastión que le queda. Llegó la hora de darle el tiro de gracia a ese moribundo. Robémosle sus más preciados juguetes, las palabras que atesora con avaricia, resistiendo la tentación derrotista de usar como antaño un sistema de signos viciado de origen.

Para deconstruir sus perniciosos efectos en la psique femenina, dedicaré mi ponencia en este congreso a examinar la obra de una escritora que poseía sin duda un enorme talento, pero no tuvo perspectiva de género, como le sucedió a tantas escritoras de la vieja guardia. Me refiero a la peruana Blanca Varela, autora de un famoso epigrama titulado Justicia: “vino el pájaro y devoró al gusano/ vino el hombre y devoró al pájaro/ vino el gusano y devoró al hombre”. Un prodigio de concisión paradójica, breve y punzante como una flecha. Pero al mismo tiempo —debemos admitirlo, aunque nos duela—, una deplorable muestra de pleitesía al varón y a su manera de nombrar el mundo.

El empleo del masculino singular con valor genérico pisotea los derechos de la mujer. Miles de gusanas y pájaras son devoradas a diario en la lucha por la supervivencia y este poema las ignora olímpicamente, victimizándolas por partida doble. Más grave aún es el empleo de la palabra hombre para referirse al conjunto del género humano. Los gusanos también mondan los huesos de las muertas y sin embargo el último verso las excluye de la cadena evolutiva. Tomemos en cuenta, para situar el poema en su contexto histórico-social, que Varela empezó a escribir poesía escudada tras un sujeto lírico masculino. En Ese puerto existe declara, por ejemplo: “Sé que estoy enfermo de un pesado mal, lleno de un agua amarga”. Tuvo que inventarse una personalidad varonil, pensando quizá, que la suya era un pesado lastre. Y aunque más adelante, armada de valor, logró quitarse la máscara masculina, arrastraba sin duda los hábitos mentales que sus madres y abuelas le inculcaron desde la cuna. Ese atavismo suicida provoca sentimientos encontrados a las lectoras de hoy: la admiramos y a la vez deploramos que haya caído en las garras del enemigo.

Algunas universidades de Estados Unidos han emprendido ya la noble tarea de expurgar obras literarias que contienen expresiones denigrantes para negros, judíos o hispanos. Ningún prurito filológico debería frenar esa depuración cultural. Si Mark Twain y Shakespeare han pasado ya por esa criba, ¿por qué no traducir al lenguaje inclusivo las obras canónicas de la literatura en lengua española que dejan a la mujer en posición de inferioridad, o peor aún, la sepultan en el olvido? ¿Cómo escribiría Justicia una mujer emancipada? Emplearía desde luego un género neutro: “pájare” y “gusane” tienen la inmensa ventaja de no referirse a ningún sexo en particular. Y aunque el género del artículo represente un mayor problema, se puede resolver adoptando la forma lo, empleada para nombrar, por ejemplo, ideas abstractas como “lo bello” o “lo malo”. En cuanto a la palabra hombre, la más decadente y odiosa del diccionario, se podría sustituir por “ser humano”. El poema quedaría así: “vino lo pájare y devoró a lo gusane/ vino el ser humano y devoró a lo pájare/ vino lo gusane y devoró al ser humano”. Los defensores oficiosos del idioma patriarcal dirán que sacrifico el estilo en aras del rigor ideológico. ¿Pero qué importan los preciosismos verbales cuando se trata de sacudirnos un yugo ancestral?

No hay acto de sororidad más hermoso que enmendar las desviaciones de las escritoras proclives a emplear el lenguaje de la opresión y el sometimiento. Miente quien sostenga que el lenguaje inclusivo no puede alcanzar los vuelos más altos de la palabra. Mi traducción demuestra, por el contrario, que su elasticidad no conoce fronteras y tiene fuerza de sobra para superar cualquier barrera gramatical. Está en marcha una revolución imparable y quienes hoy se oponen a ella serán la retaguardia literaria del mañana. El poema de Varela forma parte de una antología de poesía inclusiva, en la que me tomé la libertad de corregir las incorrecciones políticas de 35 poetas, desde Sor Juana hasta Elsa Cross. Aparecerá dentro de poco en mi alma mater, la Universidad de Oklahoma”.

Enrique Serna


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Enrique Serna
  • Enrique Serna
  • Escritor. Estudió Letras Hispánicas en la UNAM. Ha publicado las novelas Señorita México, Uno soñaba que era rey, El seductor de la patria (Premio Mazatlán de Literatura), El vendedor de silencio y Lealtad al fantasma, entre otras. Publica su columna Con pelos y señales los viernes cada 15 días.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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