Pocas son las parejas que en sus preparativos para empezar a vivir juntos se plantean la pregunta: ¿Cuáles espacios del nuevo hogar serán compartidos y cuáles no?
Aunque suene contradictorio, la vida en pareja no debería terminar con la individualidad. Por el contrario, preservarla tendría que ser una prioridad tal y como lo es comprar el colchón o escoger el color de la pared del cuarto. Y eso, según el Instituto Gottman, “no significa amar menos” a la otra persona, sino “amarte lo suficiente como para mantenerte íntegro o íntegra mientras crecen juntos”.
¿Discusiones sin razón alguna? Podría ser por falta de individualidad
Investigaciones del Instituto demuestran que la individualidad es una de las claves más importantes para el éxito de una relación. Específicamente, cuando la independencia y la unión convergen de manera armoniosa.
“En lugar de perderse en la relación, respetan las metas, los intereses y los valores personales del otro”.
Sin embargo, al no estar en el radar de muchas parejas —y, por ende, no prepararse para ello —, la mayoría comienza a atravesar dificultades que parecieran no tener una causa, sembrando sentimientos de culpa, ansiedad y hasta miedo. El Instituto identificó tres principales:
1. Los límites se difuminan
Unir sus vidas en matrimonio o en concubinato suele tener un objetivo: “compartir toda una vida juntos”.
Pero sin un sentido de individualidad, ese anhelo puede convertirse en un constante generador de fricciones cuando alguna de las partes reclama privacidad “sin motivo o antecedente aparente”.
Por ejemplo, cuando una de las partes prefiere leer un buen libro a solas en lugar de ver la televisión como su costumbre lo dicta. En esa situación, es casi seguro que quien lo solicitó experimente cierta incomodidad, mientras las preguntas “¿Qué habré hecho mal?” o “¿Le molestó algo de mí?” rondarán en la mente de la otra persona.
2. La espiral de asfixia
Incluso en las parejas más unidas, la convivencia constante puede resultar abrumadora para una o ambas personas. Y no necesariamente porque haya una molestia o una discusión de fondo, sino por el simple (y muy humano) hecho de que cada una necesita respirar su propio espacio.
3. El bloqueo comunicativo
Cuando la individualidad no se pone sobre la mesa como una necesidad para el bienestar de la relación, acceder a ella puede convertirse en un asunto de culpa, ansiedad e incluso miedo. Esto, señala el Instituto, por considerar dicha petición como un acto egoísta o capaz de herir los sentimientos de la pareja.
De ahí que las parejas se retraen en silencio y acumulan resentimiento interno que finalmente puede estallar en discusiones por asuntos tan simples como quién no lavó los platos o a quién le tocaba sacar la basura.
De no ser así, es crucial comenzar a construirlos.
¿Cómo crear esos espacios?
“Empezamos a buscar en ella la satisfacción de necesidades que sólo nosotros podemos cubrir”, explica.
Afortunadamente, sí es posible empezar a introducir esos espacios en la dinámica de pareja, a través de tres estrategias planteadas por el Instituto Gottman.
1. Fijar límites físicos y emocionales
Es decir, crear espacios sagrados y que sólo pertenezcan a ti. Y para ello no es necesario buscar otro departamento o cambiar radicalmente la organización del hogar, pues basta con identificar un pequeño lugar y momento en casa que se sienta particularmente propio: una silla mecedora a lado del comedor; la mesa de cocina después de cenar y cuando la pareja ya haya conciliado el sueño, o el puff que ubicaron en el rincón de la habitación donde te sientas todas las tardes a leer.
Una vez reconocidos estos lugares, hay que comunicarlo delicada y empáticamente a la pareja, enfocándose en los beneficios que obtendrán de esta modificación. No es decirle “No puedes sentarte aquí” o “Está prohibido”, sino “Esto me ayuda a recargarme para poder estar más presentes para nosotros”.
2. Protege tu tiempo a solas
Con o sin pareja, la salud mental y emocional se construye también con los tiempos a solas. El error es esperar hasta el último momento —usualmente, cuando los conflictos en la relación son mucho más serios —para darse ese espacio. Y cuando es así, el individualismo se convierte en un recurso de emergencia en lugar de una rutina.
Por esa razón, el Instituto sugiere programar dichos momentos como si de una cita romántica se tratara: quizá los sábados en la noche, un fin de semana cada mes o una hora específica por la mañana.
“La clave es convertirlo en una rutina, no en una reacción impulsiva”.
3. Cultivar intereses propios
Continuar con aquellas actividades y hobbies que disfrutabas hacer y los cuales, por temas de mudanza, hayas pausado. Ya sea fotografías de atardeceres, una clase de baile o algún tipo de voluntariado, el objetivo es incorporarlo a tu nuevo estilo de vida.
“Tu relación se beneficiará al tener una versión más plena e interesante de ti en ella”, afirma el Instituto.
ASG