DOMINGA.– Muy temprano por la mañana, en un vagón lleno, nadie mira a nadie pero todos alcanzan a verla. Rama Duwaji viste ropa blanca, lleva flores en una mano y la otra entrelazada a la de Zohran Mamdani. Es febrero de 2025. Acaban de casarse. Las fotos de ese día captan a la pareja en Nueva York: bajo la lluvia afuera de un restaurante tailandés, en el subway, en las bodegas del barrio. Ella, de melena corta y ojos grandes. Él, con barba y bufanda que le cae hasta las rodillas.
Nueve meses después, Rama Duwaji se sube a un escenario en Brooklyn con una blusa de denim con cortes láser de un diseñador palestino-jordano. Falda negra de Ulla Johnson. Su esposo acaba de ganar la alcaldía con una campaña política cuya identidad visual ella misma diseñó: el amarillo-naranja de la Metrocard, el azul de los Mets, el rojo de la estación de bomberos. Dirigió la iconografía final. Definió el tono digital.
Mamdani es el primer musulmán en ocupar ese puesto en la ciudad y el más joven en más de un siglo: tiene 34 años. Ella, con seis menos, elige no hablar públicamente, sin embargo, su imagen está en la prensa, en TikTok. Los medios ya la bautizan como la “primera dama Gen Z”.
Rama nació el 30 de junio de 1997 en Houston, Texas. Hija de padres sirios, de Damasco. Él, desarrollador de software; ella, doctora. Cuando tenía nueve años la familia se mudó a Dubai y ella creció ahí, dibujando como si estuviera en un refugio, metiéndose en problemas por dibujar donde sea que hubiera espacio.
Sus padres le pedían que fuera práctica. En el Golfo la llamaban amreekiya, “la americana”. Tenía el pelo claro y no hablaba árabe con fluidez. Pero en Estados Unidos, cuando regresó a estudiar, era “la árabe”. Esa tensión le dio forma a su trabajo: ilustración, animación y cerámica, piezas que han aparecido en Vogue, Apple, Spotify, el Tate Modern, y a las que también les fue dando forma mientras estudiaba Artes Visuales en la Universidad de la Mancomunidad de Virginia, con una tesis sobre el acto de cocinar y compartir comida.
En su sitio web describe lo que hace como “examinar los matices de la hermandad y las experiencias comunales mediante retratos dibujados y movimiento”. Sus ilustraciones, la mayoría, son en blanco y negro. Líneas bien limpias, formas definidas. Mujeres de Medio Oriente con narices grandes, cejas despeluzadas, cuerpos sin retoque. Lo que otros prefieren no ver. Escenas cotidianas. Niños palestinos con ollas vacías. Animaciones sobre el hambre en la Franja de Gaza.
“Espero que mis ilustraciones hagan sentir bien a la gente. Que mujeres de color se las envíen a sus amigas y digan oye, mira, tiene la misma nariz que tú”, dijo en 2019. Gestos comunitarios y feministas.
En junio de 2025, cuando Zohran Mamdani anunció su candidatura a alcalde por el Partido Demócrata, con una postura fuertemente crítica hacia Donald Trump, ella ya tenía un lenguaje visual sólido como artista. Ese se convirtió en parte central de la campaña política más exitosa que ha visto Nueva York en mucho tiempo.
Los trolls atacan a Rama Duwaji con islamofobia y misoginia
Se conocieron en 2021 en Hinge, una aplicación de citas “diseñada para ser eliminada”. La idea es que encuentres a tu media naranja en la aplicación y luego la desinstales y no sigas buscando. Eso fue lo que hicieron. Primera cita: Qahwah House, cafetería yemení en Brooklyn. Segunda cita: un tour por el distrito legislativo de Mamdani en Astoria, Queens. Ella sabía poco de política; él sabía poco –¿o nada?– de diseño, recién electo a la Asamblea Estatal.
Tres años después Rama y Zohran se comprometieron. En Dubai, con sus amigos cercanos. En diciembre de 2024 organizaron una ceremonia nikah (islámica). En febrero de 2025 la boda civil fue en el City Hall de Nueva York y en julio viajaron por tres días a Uganda, donde él nació en 1991.
En mayo, cuando Mamdani subió las fotos de la boda a su Instagram, ya estaba en campaña. Con esa presión. El New York Post había publicado un titular sobre una ceremonia exótica secreta en Dubai. Los trolls de derecha la atacaron con una mezcla de misoginia, islamofobia y xenofobia que es el combo predecible contra mujeres árabes en espacios públicos. Zohran Mamdani respondió con un mensaje sobre “lo despiadada que puede ser la política”.
“Normalmente no le doy importancia, ya sean amenazas de muerte o peticiones de deportación. Pero es diferente cuando se trata de tus seres queridos”, dijo Mamdani. “Hace tres meses, me casé con el amor de mi vida, Rama, en la oficina del secretario municipal. Ahora, los trolls de derecha intentan convertir esta contienda en una contienda sobre ella”. Y la describió como “una artista increíble que merece ser reconocida por méritos propios”.
Rama Duwaji respondió con un silencio estratégico, deliberado. Cero entrevistas, cero debates. Su Instagram, que ahora pasa del millón de seguidores, continuó como siempre: ilustraciones, carruseles de cosas que la inspiran. Y alguno que otro posteo sobre Palestina y Sudán. El único que hizo sobre la campaña fue el 24 de junio de 2025, el día de las primarias demócratas. Era un carrusel con fotos de romance, una selfie votando y una foto de su esposo cuando niño, con cara de travieso y pijama azul. “No podría estar más orgullosa”, escribió.
Ella fue parte de la campaña: en salas de diseño, en conversaciones sobre marca, en las decisiones sobre cómo se vería un movimiento político improbable.
La paleta de colores de Rama Duwaji en campaña política
Zohran Mamdani se postuló como socialista democrático en una ciudad que históricamente rechaza a la izquierda radical. Su plataforma: congelar rentas, hacer gratuito el transporte público, combatir la explotación corporativa. Su oponente en las primarias fue el republicano Andrew Cuomo, el exgobernador, con su política tradicional y millones de dólares en financiamiento. Casi nadie apostaba por Mamdani. Pero pronto empezó a ganar terreno. Una de las razones fue Rama.
Ella diseñó la paleta de colores de la campaña de Mamdani: el amarillo-naranja de la Metrocard, el azul de los Mets, el rojo de la estación de bomberos. Dirigió la iconografía final. Definió el tono digital. Una tipografía con letras gruesas como aquellos letreros de las bodegas donde anuncian ofertas. Carteles que parecían arte callejero y no propaganda política, piezas auténticas que se mimetizaban con el paisaje clásico de Nueva York. Todo se sentía grassroots, es decir, espontáneo. Real. Como si lo hubieran armado en la calle, rápido, una pancarta de volada para alzarla en una manifestación.
Rama le dio a la política radical un lenguaje que la gente reconocía como suyo. La campaña de Mamdani fue impulsada por las redes sociales, pero él no contrató ninguna firma de marketing. No la necesitaba. La cadena CNN después lo confirmaría, aunque para entonces cualquiera lo sabía: sin ella, esa campaña no habría tenido conexión con la calle. Y funcionó.
El 24 de junio Mamdani ganó las primarias demócratas contra Cuomo. Rama estuvo con él cuando votó y en el escenario cuando dio su discurso. Pero no habló.
Hasta las elecciones generales del 4 de noviembre, ella mantuvo su distancia pública. Acompañó a su esposo a The Daily Show, de Comedy Central. Estuvo sentada entre más de 10 mil personas en Forest Hills Stadium en Queens para el cierre de campaña, donde Mamdani compartió escenario con los conocidos políticos de izquierda Alexandria Ocasio-Cortez y Bernie Sanders. Estuvo en cada evento importante pero nunca pidió el micrófono. Y no lo necesitaba.
En octubre, mientras Mamdani debatía por última vez con Cuomo y Curtis Sliwa, Rama estaba dando un taller de cerámica en Huda, un bistró levantino en el distrito de East Williamsburg. Enseñando a hacer platos ilustrados a mano. No estaba haciendo campaña, estaba haciendo lo que siempre hace: trabajando. Que eso fuera un acto político es otra cosa.
Una persona cercana a la pareja dijo a CNN que, antes de que la campaña se intensificara, Rama Duwaji y Zohran Mamdani hablaron de cómo todo este asunto cambiaría sus vidas. Mike Fahey, un analista político y estratega de medios, comentó que la decisión de Rama de mantener su Instagram apolítico era intencional y estratégica. Michael S. Kowal, científico social computacional en Stevens Institute of Technology, agregó que “Mamdani ha construido una presencia de redes sociales altamente exitosa, y hay poca necesidad de alterar ese equilibrio trayendo a su esposa a la discusión política”.
La postura política de Rama Duwaji sobre la guerra en Gaza
El 4 de noviembre, Zohran Mamdani ganó la alcaldía de Nueva York. A su lado, en el escenario, Rama Duwaji estaba vestida por Bailey Moon, que también ha vestido a la superestrella Pamela Anderson. La blusa con cortes láser de Zeid Hijazi, un diseñador palestino-jordano.
Cuando Mamdani fue atacado por sus críticas al gobierno israelí y por su apoyo a Palestina, Rama decidió usar su cuerpo como lienzo político. En su discurso de victoria, él la miró y dijo: “Y a mi increíble esposa, Rama, hayati (que en árabe significa “mi vida”), no hay nadie con quien preferiría estar en este momento, y en cada momento”. Ella no respondió. No estaba allí en funciones de accesorio.
En menos de 48 horas su Instagram explotó en seguidores. Varios medios de prensa la compararon con Jackie Kennedy o con Lady Di, ese reflejo automático cuando una mujer joven y bella entra a la política: hay que buscar a qué otra mujer se parece, en vez de preguntarse quién es. La llamaron distante e inaccesible, como si elegir no hablar con la prensa fuera un defecto de personalidad y no una decisión.
Jon McNaughton, un artista político conservador, dijo a Fox News: “Será enormemente promovida por el establishment artístico por quién es y qué está comunicando. En el mundo del arte quién eres puede tener un efecto enorme en tu comerciabilidad. Sólo mira a Hunter Biden. Hunter ganó notoriedad por su arte a través de sus conexiones políticas”, dijo, en referencia al hijo del expresidente Joe Biden y al debate de cómo la política ha impulsado su carrera.
Como si Rama no hubiera publicado su trabajo visual en The New Yorker y The Washington Post antes de conocer a Mamdani. O como si su carrera hubiera apenas iniciado en febrero de 2025. Ahora su arte comenzaría a ser visto a través del canal de su matrimonio.
Pero su trabajo sí tiene voz política. En octubre de 2025, después del asesinato del periodista palestino Saleh Al-Jafarawi, Rama compartió en Instagram una imagen de él con la frase “Beloved Jafarawi” (Amado Jafarawi) y cuatro emojis de corazón roto. Al-Jafarawi se había hecho conocido por su cobertura de la guerra en Gaza, y controversial por un video en el que celebró los ataques del 7 de octubre de 2023, los cohetes de Hamas contra Israel que desataron la crisis humanitaria.
El posteo de Rama generó un escándalo. Analistas políticos lo usaron como evidencia de sus posturas radicales. “El deber de una artista es reflejar los tiempos”, declaró, citando una frase de Nina Simone que parece guiar su trabajo. Rama nunca trató de suavizar nada. Lisa Burns, profesora de estudios de medios en Quinnipiac University, opinó en CNN que su publicación “ha estado en línea con muchas de las cosas de las que Mamdani ha hablado”.
“Mi arte sigue siendo reflejo de lo que está pasando a mi alrededor, pero ahora mismo se siente más útil mi rol como ciudadana estadounidense”, había dicho Rama en abril.
Una artista y un político en Nueva York
El primero de enero, Rama Duwaji se convertirá en la primera dama de Nueva York. Será la primera Gen Z, la primera musulmana en ocupar ese puesto, y una de las más jóvenes en la historia de la ciudad, con sus 28 años. El rol de primera dama en Estados Unidos es extraño. No tiene trabajo oficial ni salario. Es simbólico. Tradicionalmente ha sido ejercido para apoyar causas benéficas, organizar eventos sociales y ser la cara amable del poder.
Rama no parece dispuesta a hacer eso. No dio entrevistas durante la campaña. No prometió alfabetización o salud para los niños. Su Instagram no es de primera dama sino de una artista que, entre otras cosas, está casada con el alcalde. Es una mujer joven que no subordina su identidad a la de su esposo y que usa su plataforma para hablar de causas incómodas, en vez de sonreír y desaparecerse.
No es que construyera la campaña de Mamdani desde cero. Rama ya tenía un lenguaje visual de esa ciudad. Los colores de Metrocard, del equipo de los Mets y los bomberos eran los mismos que ella venía usando en su trabajo artístico. La tipografía de bodega es parte del entorno que ella documenta. El Nueva York que él quería representar era el mismo que ella llevaba años ilustrando. Cuando necesitó una imagen para su política socialista-democrática, Rama la tenía lista.
En una entrevista de 2019, antes de conocer a Mamdani, Rama había hablado sobre su proceso. “El contenido de mi trabajo siempre está fuertemente influenciado por las diferentes etapas de mi vida, la gente que conozco, las cosas que estoy aprendiendo, y las cosas por las que estoy pasando o he pasado, principalmente como forma de procesarlo todo”, aseguró.
Sus amigos cuentan que está emocionada pero abrumada por la atención. Que valorará su privacidad. Que seguirá dando talleres de cerámica e ilustración en Brooklyn. Todo esto lo dicen sus amigos. Ella misma no ha dado una sola entrevista desde la victoria. No ha hecho declaraciones sobre ser primera dama. Su silencio sigue siendo su postura. Los analistas especulan que podría enfocarse en iniciativas culturales y en programas de arte comunitario, las mismas cosas que hacía antes.
Pero los conservadores van a estar pendientes de sus outfits y de lo que dibuje a partir de ahora. Del mismo modo que los liberales probablemente la tratarán como símbolo de su generación sin saber si ella quiere serlo.
Rama Duwaji vive en Astoria, Queens, cerca de Steinway Street, en un apartamento con renta controlada. Esa decisión de vivir en el distrito legislativo de Mamdani, de no mudarse a Manhattan y mantenerse conectada al Nueva York real, es parte de su política. El analista Mike Fahey dijo que su estética, tono y selectividad sugieren que aspira a ser vista como voz moderna, “representando un nuevo tipo de pareja política que conecta con audiencias más jóvenes y progresistas mientras redefine cómo puede verse el rol de cónyuge público en 2025”. Aunque ella ya sabe quién es. Y ese es, precisamente, el punto.
GSC