Política

El raro valor de la integridad

El encierro de pandemia fue la ocasión ideal para cuestionarnos el status quo y el rol que queremos jugar para enfrentar, de la mejor manera, “la nueva realidad”. En Ensayo sobre la Ceguera, Saramago, describe una invidencia que permea a toda la sociedad, destruyéndola. Esa alegoría parece replicarse en nuestra realidad pero disfrazada de corrupción. Poco a poco vamos normalizando el comportamiento inmoral, a fuerza de escuchar que individuos cometen delitos y, dependiendo de sus recursos y conexiones quedan impunes, o bien, servidores públicos que juraron cumplir la ley, y en su lugar, la vulneran, sin consecuencia alguna.

La gravedad radica en que el resultado de lo ya normalizado, se llama corrupción. En México se cuenta con la creencia de que buscar el beneficio particular a costa del general, es algo esperado e incluso por algunos, aplaudido. Si bien la corrupción en el corto plazo parece atractiva, sus costos agregados perjudican a la sociedad, y en un mediano y largo plazo, al tomador de la decisión. Desafortunadamente, en nuestro país el largo plazo, puede ser verdaderamente largo y aleatorio, tan largo que pierde su carácter disuasivo y tan aleatorio que no basta para quitar el sueño.

Sobran ejemplos de personas con estándares laxos de integridad que logran “salirse con la suya”, lo que crea una falsa percepción del camino al éxito. Podrá parecer que lograron lo que querían pero desgraciadamente a un alto precio: el de ser reconocidas como personas íntegras, característica preciada si se quiere vivir de manera armoniosa en sociedad.

¿Por qué la integridad? Porque la premisa básica de la convivencia es la confianza. Cada decisión y cada acción que tomamos suma a nuestra historia; sin embargo, el camino no es fácil, requiere valor porque integridad significa hacer lo correcto en todo momento y ante cualquier circunstancia. Además está la situación de la fragilidad de la reputación. Puede tomar años construirla y solo un segundo perderla, con razón o sin ella, especialmente en tiempos de redes sociales, en donde verdades y mentiras comparten la inmortalidad y se codean en “la nube”.

La apuesta del compliance es hacer que la integridad sea el camino para la reconstrucción social, lograr que se apueste por una actitud que valore la honestidad y desprecie la corrupción. La realidad que vivimos y los problemas que enfrentamos, no encontrarán solución inmediata ni suficiente si no se colocan en un contexto social por lo que debemos estar dispuestos a trabajar en favor del ejemplo que queremos dar y del mundo que muy probablemente no veamos pero por el que habrá valido toda la pena luchar.

Elisa Suárez Bellido

Twitter: @elisrzblldo

* Directora de Cumplimiento en Dialogus Grupo Salinas y Vocal en CAEITAM


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