Una cosa lleva a la otra: la programada benignidad de las autoridades mexicanas hacia los emigrantes de Centroamérica —una estrategia que, en los hechos, no resulta nada evidente en tanto que esa pobre gente sobrelleva indecibles abusos y exacciones en el momento mismo en que pone un pie en el territorio nacional— hizo que miles y miles de personas se agolparan en la frontera norte con la declarada intención de comenzar una nueva vida en los Estados Unidos de América.
No se entiende lo que está pasando, por más que trates de encontrarle una explicación al fenómeno. ¿No bastaría con que nuestro vecino país cerrara pura y simplemente sus puertas? Porque, digo, esos invasores que tanto importunan a Donald Trump no están tratando de adentrarse a través de las zonas agrestes donde hay poca vigilancia sino que, por el momento, se quedan de este lado de la pared enrejada en Tijuana, Matamoros y otras ciudades fronterizas para solicitar, con toda la amabilidad del mundo, que les sea concedido un status de refugiados, o algo así.
Si lo piensas, sería sobre todo un problema de México, el de tener que dar cobijo a miles y miles de personas. ¿Acaso nuestro vecino país no tiene control alguno en sus fronteras como para que la mera presencia de un extraño en la acera de enfrente le parezca una suerte de ataque frontal, un asedio, una intrusión? Es seguramente un tema de leyes y de reglamentaciones secundarias pero, inclusive cuando el solicitante originario ha logrado traspasar ilegalmente la línea fronteriza ¿no pueden meramente enviarlo de vuelta a Tegucigalpa, a San Pedro Sula, a Cuscatancingo o a Quetzaltenango? Eso cuesta dinero, desde luego, pero los yanquis lo descontarían de los fondos, de por sí mermados, de las ayudas a Centroamérica.
No es humano ni compasivo ni mínimamente cristiano, lo de cancelar tan descarnadamente las aspiraciones de seres humanos cuya única empresa es huir de la miseria, la violencia cotidiana y la falta de futuro en sus países. Pero no estamos hablando de esto sino de las posibilidades al alcance del presidente de la nación más poderosa del mundo.
Pues no, el tipo prefiere implementar unos aranceles que van a desmadrar la economía de toda Norteamérica. En fin…
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