Uno de nuestros clásicos, don Ruben Figueroa, gobernador del turbulento estado libre y soberano de Guerrero, soltó, hace 40 años, la sentencia de que “la caballada está flaca”, para exhibir la falta de tamaños de los aspirantes priistas a la presidencia de la República en aquellos tiempos suyos. O sea, que no vislumbraba en el horizonte a candidatos de peso completo para competir en la contienda interna de su partido político y, lo imaginamos, mucho menos para desempeñar el cargo supremo de la nación.
Pues bien, trasladando esa sentencia a los ámbitos del balompié estadounimexicano y estando en puerta la Copa del Mundo que celebraremos aquí –con la venia de doña CNTE, que ya amenaza con sabotear la gran competición si no le dan gusto nuestros señores gobernantes y, por si fuera poco, con el paralelo consentimiento de las mafias del crimen organizado, tan perfectamente capaces de incendiar medio país que la perspectiva de que no tenga lugar el torneo en estos pagos es tan real como inquietante— resulta que en la lista de los elegidos para cuidar la portería del Tri vuelve a figurar el muy veterano Guillermo Ochoa, como si no hubiera otras opciones y como si los jóvenes mexicanos que juegan cada fin de semana en nuestras canchas no dieran el ancho.
Y, pues sí, se lesionó Malagón pero podemos preguntarnos, entonces, si alguno de los otros dos que recibieron la bendición de Javier Aguirre –Raúl ‘Tala’ Rangel y Carlos Acevedo— no hubiera sido sacrificado, en caso de que el referido Malagón no estuviere fuera de combate, para ofrecerle a Ochoa el trofeo de jugar un sexto Mundial.
Tiene el hombre sus seguidores, vaya que sí, quienes invocan su “jerarquía” y su “experiencia” para validar que sea considerado, sí o sí, entre los distinguidos elegidos. No les mete mucho ruido, al parecer, que al carismático jugador le anoten carretadas de goles y que dos errores suyos hayan subido al marcador en un encuentro recientemente disputado por el AEL Limassol y eso, además, de unos desempeños no demasiado gloriosos en el A.C. Ajaccio, en la U.S. Salernitana y en otros equipos europeos, con perdón, de medio pelo.
Los años pesan, qué duda cabe: el propio ‘Chicharito’ Hernández, con un palmarés deslumbrante, sobrellevó los tormentos de todas aquellas figuras que afrontan la decadencia en sus etapas crepusculares. Miren nada más el tiro penal que falló en aquel encuentro decisivo de las Chivas.
Ochoa, a sus 40 años, no es Dino Zoff, campeón del mundo con la Squadra Azzurra, con todo y que algunos comentaristas evocan la veteranía del italiano cuando ganó el título. Y, bueno, detractores del jugador nacido en Guadalajara en 1985, como José Ramón Fernández, señalan que es una mera fabricación de una empresa televisiva.
El tema es, ¿jugará o estará sentado en el banco durante los partidos del Mundial? Podríamos anticipar un escenario: si el Tri de Aguirre, en los minutos finales de un encuentro, lleva una comodísima ventaja sobre su rival, entonces es probable que Ochoa pise la cancha y que disfrute de su merecido premio. Pues, ustedes dirán…