Pocas mamás y papás están preparados para el día en el que su adolescente comience a alejarse de la familia y buscar en sus círculos de amistades los consejos, las salidas y las experiencias que ya no encuentra en casa.
Este “rechazo” es inevitable y hasta crucial para el desarrollo de su identidad. Pero para padres y madres, también significa enfrentarse a un doble reto: atravesar el “duelo por la infancia”, mientras averiguan cómo acercarse al hijo o hija que cree ya no necesitar su compañía ni ayuda.
A diferencia de la infancia, la presencia parental se vuelve incómoda durante la pubertad y adolescencia, pero es mucho más necesaria de lo que las hijas y los hijos creen. Por ello, dejarlos a la deriva tampoco es (ni debería) ser una opción.
Como explicó el psicólogo, Emiliano Villavicencio, a MILENIO: “Mamá y papá deben respetar el alejamiento, pero ser conscientes de que representan para su hijo una base segura (...) de tal forma que, cuando los necesite, regrese y estén ahí para escuchar, aconsejar, orientar o poner reglas”.
Claro que no es una tarea fácil. Pero especialistas de The Conversation identificaron cinco estrategias clave para conectar y apoyar al adolescente sin coartar su libertad y autonomía.
1. Identificar las emociones, no ignorarlas
La adolescencia carga con el estigma de ser una etapa de rebeldía, hostilidad y aislamiento. Pero la realidad es que hay una profunda crisis y angustia por no saber quiénes son, así como una “vulnerabilidad emocional importante” que aún desconocen cómo gestionar.
“Es parte de esta etapa porque conlleva un montón de situaciones a nivel social: el miedo al rechazo, presión social, necesidad brutal de pertenencia, frialdad y desinterés del núcleo familiar”, explicó el psicólogo, Jesús Ramírez Escobar.
De ahí la importancia de que mamá y papá les inculquen técnicas de inteligencia emocional para reconocer y comprender sus sentimientos en lugar de ignorarlos o antes de intentar resolver el problema que les aqueja.
Esta herramienta fortalece el vínculo de madre/padre-hijo/hija, así como su sentido de autonomía y confianza. No obstante, Villavicencio recalca que el rol de mamá y papá no termina ahí.
“La tarea es ser vigilantes desde la distancia de que el comportamiento y las decisiones no lo pongan en riesgo. No significa olvidarlos ni soltarlos para que se acerquen cuando ellos decidan; significa estar vigilantes y, cuando sea necesario, acercarse”.
2. Escuchar activamente
Esta práctica ayuda a desarrollar relaciones sólidas y comprender de manera más profunda las necesidades de la otra persona, pues el objetivo es concentrarse exclusivamente en el discurso en lugar de pensar cómo responder. Tan es así que ni siquiera es necesario estar de acuerdo con los argumentos, sino demostrar que se está haciendo un esfuerzo por comprenderlos.
“En realidad, los adolescentes no están buscando soluciones inmediatas. Están buscando saber si cuentan o no con nosotros como padres. (...) Lo que más necesita es que no lo suelten cuando ni él se entiende a sí mismo”, explicó Ramírez Escobar.
Dicho objetivo se logra con acciones tan sencillas como apartar el teléfono celular, mantener el contacto visual y repetir lo que has escuchado. Al no haber juicios ni recomendaciones para solucionar, las y los jóvenes sienten más confianza para hablar deconflictos como las amistades , la escuela o alguna situación que pudiera ponerlos en riesgo.
Características de la escucha activa
- 1 Utilizar preguntas abiertas para obtener más información
- 2 Parafrasear y resumir lo que dice la otra persona lo que dice la otra persona
- 3 No emitir juicio: desprenderse de los sesgos y puntos de vista propios
- 4 Comunicación no verbal positiva: mantener contacto visual y orientar el cuerpo hacia quien está hablando
- 5 Evitar las distracciones: no realizar varias tareas a la vez
3. Evita los juicios
¿Cuántas veces no hemos escuchado a madres y padres decir “Yo tuve tu edad” para, quizás, demostrar que ellos ya han atravesado por lo que su hijo o hija está atravesando? Pero cuando se pronuncia con un tono de superioridad, produce el efecto contrario: alejar y perder la confianza del adolescente.
“El adulto tiene la función de hacer lo que el adolescente no puede hacer: guardar la calma. Lo que no deben hacer es minimizar la situación, diciendo ‘yo ya sé qué va a pasar’; compararlo con ‘en mis tiempos era diferente’, ni tampoco dramatizar”, detalló Ramírez.
En su lugar, los especialistas de The Conversation sugieren optar por respuestas tranquilas y sin prejuicios ante los errores, evitando los sentimientos de culpa o vergüenza —los cuales pueden privarlos de pedir apoyo en conductas de riesgo—.
4.Establecer límites claros (y flexibles de vez en cuando)
El hecho de respetar su autonomía e independencia no está peleada con las reglas ni normas. Más bien, se trata de plantearlos de una manera distinta a cómo lo hacían en la infancia (etapa donde el “autoritarismo parental” está mucho más justificado).
“Los límites nos dan un referente, un marco, un cuadro para saber hasta dónde sí y hasta donde no”, recalcó Villavicencio. “Se deben establecer de forma clara, amorosa y sobre todo flexibles”:
Esta tolerancia permite al adolescente ser mucho más cooperativo a escuchar y cumplir con las reglas, también con las consecuencias en caso de romperlas. “Es guardar el equilibrio entre ser más abiertos, pero sin sobrepasar ni desdibujar los límites, porque siguen siendo los hijos y necesitan una educación”, subrayó Ramírez.
Un ejemplo puede ser la hora de llegada de una fiesta: "Si en la casa la regla está llegar a las 11 de la noche, (dices): 'Okay, a las 11 no, pero llegas a la 1 o a las 2 de la madrugada. Pero llegas'. Reglas claras, flexibles y amorosas".
5. Ayudar a resolver sus propios problemas
La adolescencia es un periodo clave para desarrollar la independencia y afrontar los desafíos de la vida. De ahí que mamás y papás deben cambiar el rol en la vida de sus hijos: “Ya no se trata de guiar de la mano, como cuando eran niños, sino de acompañar con presencia”, explicó Ramírez. “Es una etapa más de escuchar y comprenderlos”.