Hace 40 años tuvo lugar en México la tercera Conferencia General de Episcopado Latinoamericano, es decir la reunión de los obispos de Consejo Episcopal Latinoamericano, al que pertenecen, lógicamente, los obispos de México. San Juan Pablo II estuvo presente en la inauguración del evento, que él mismo calificaba de histórico.
En su discurso, el Papa habló de que la reunión, que concluiría con un documento sobre el tema “El presente y el futuro de la evangelización en América Latina”, debía tener como punto de partida las conclusiones de la anterior reunión del mismo organismo que había tenido lugar en Medellín. Decía: “Deberá, pues, tomar como punto de partida las conclusiones de Medellín, con todo lo que tienen de positivo, pero sin ignorar las incorrectas interpretaciones a veces hechas y que exigen sereno discernimiento, oportuna crítica y claras tomas de posición.” El Pontífice, proponía que además la reunión tomase como guía la encíclica “Evangeli nuntiandi”, del papa Paulo VI.
Cabe entonces preguntarse cuáles habían sido las conclusiones de la reunión de Medellín y cuáles eran las interpretaciones incorrectas a las que se refería. A mi parecer la situación de aquellos tiempos puede ilustrarnos todavía para la realidad de nuestros días. Así, cabe decir que en el terreno de la ética socio-económica, que tanto suele llamar la atención, en Medellín habían enseñado los obispo que “El sistema liberal capitalista y la tentación del sistema marxista parecieran agotar en nuestro continente las posibilidades de transformar las estructuras económicas. Ambos sistemas atentan contra la dignidad de la persona humana; pues uno tiene como presupuesto la primacía del capital, su poder y su discriminatoria utilización en función del lucro; el otro, aunque ideológicamente sostenga un humanismo, mira más bien al hombre colectivo, y en la práctica se traduce en una concentración totalitaria del poder del Estado. Debemos denunciar que Latinoamérica se ve encerrada entre estas dos opciones y permanece dependiente de uno u otro de los centros de poder que canalizan su economía”.
Las recomendaciones de san Juan Pablo II hacían referencia a interpretaciones de los documentos de Medellín que se olvidaban de esta doble oposición y querían decantarse por una de esas opciones, cuando en realidad había que oponerse a ambas. La recomendación del san Juan Pablo II la siguieron sin duda los obispos reunidos en Puebla, y ya comentaremos algo del documento que emanaron en aquella ocasión.
III CELAM,hace 40 años
- Visión Social
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Pedro Miguel Funes Díaz
Ciudad de México /