Política

Los Papas y la paz

De por sí, la paz posee un valor universal y su importancia implica el deber de procurarla y mantenerla. Las guerras, por tanto, suponen un desorden, una falta en el camino de la paz. Así, el recurso a las armas, éticamente hablando, solamente se puede justificar si se cumplen determinadas y rigurosas exigencias, que son la legítima defensa de una agresión, que el daño que causa tal agresión recibida sea duradero, grave y cierto, que se hayan agotado todos los medios para poner fin a la agresión y que existan condiciones serias de éxito.

Particularmente del siglo XX hasta nuestros días, los papas, lógicamente, han procurado despertar la conciencia de quienes se envuelven en conflictos bélicos señalando precisamente la importancia de alcanzar la paz. El papa León XIV invitó a una jornada de oración por la paz el pasado sábado y ha manifestado su interés para que se hallen vías de solución a los problemas que aquejan a la humanidad generando guerras cuyas consecuencias hoy son mucho mayores que en otras épocas de la historia. Debe señalarse que en realidad no ha pronunciado como tal un juicio ético o moral sobre los conflictos actuales, sino que ha buscado ante todo subrayar la necesidad de buscar caminos de paz.

No debe sorprender a nadie que los pontífices insistan en el tema de la paz. Pongo dos ejemplos, uno de Benedicto XV, quien al iniciar su pontificado ya tenía frente a sí la llamada “Gran Guerra”, o sea la Primera Guerra Mundial, y el de Pío XII, ante la Segunda Guerra Mundial.

Benedicto XV, en su carta “Ubi primum” de 1914, decía que el estallido de la Primera Guerra Mundial había preocupado mucho a su predecesor (Pío X) y que ahora, al comienzo de su pontificado, con las manos y los ojos elevados al cielo, exhortaba a todos los hijos de la Iglesia a que se esforzaran ya privadamente con su oración o ya públicamente con sus súplicas, en implorar a Dios para que alejara el flagelo de la guerra.

Pío XII, en 1940, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, escribió al presidente Roosevelt de los Estados Unidos que se daba cuenta de los obstáculos que había para la paz y que cada vez parecían más difíciles de vencer, pero que como vicario del “Príncipe de la paz”, Jesucristo, había dedicado sus esfuerzos y preocupación al propósito de mantener la paz y luego de restablecerla y que a pesar de la falta de éxito hasta entonces, continuaba en el camino que le marcaba su misión apostólica.

Ahora, cuando se ve el panorama de los graves conflictos que aquejan al mundo, nadie debe extrañarse de que el Papa pida que oremos por la paz.


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Pedro Miguel Funes Díaz
  • Pedro Miguel Funes Díaz
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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