Política

Historia y paz

En el año 2004, Juan Pablo II envió un mensaje al presidente del Comité Pontificio de Ciencias Históricas, Walter Brandmüller, donde reflexionaba sobre el tema de la historia. Notando primero la importancia del conocimiento de la misma, señalaba también un problema que continúa presentándose en nuestros días. Decía que “a menudo, a lo largo de los siglos se han levantado grandes barreras a causa de la parcialidad de la historiografía y del resentimiento recíproco. Como consecuencia, aún hoy persisten incomprensiones que son un obstáculo para la paz y la fraternidad entre los hombres y los pueblos”.

Esta dificultad no es ajena a nuestro país, como puede comprobarse atendiendo a algunos discursos en el ámbito político y cultural. También aquí existen barreras que son un obstáculo para la paz, fruto precisamente de la parcialidad de la historiografía, es decir de la descripción de los acontecimientos de la historia. Quizá podamos entender lo que esto significa con un ejemplo aparentemente trivial. Pongamos por caso un partido de fútbol en el que un cierto hecho, una jugada, es sancionada por el árbitro con la pena máxima en el caso. Es muy posible que los aficionados de una u otra escuadra darán interpretaciones diversas y contrapuestas de lo mismo y, en algunos lugares y situaciones, pueden estas divergencias llegar a generar violencia.

La historia es mucho más que un juego, pero si lo que ha sucedido en la vida de los hombres y de los pueblos se mira con parcialidad, es muy probable que se generen rupturas y violencia o que persistan las rupturas y violencia del pasado. Un consejo de Juan Pablo II para esto consistía en que, a partir del cultivo de un conocimiento serio se proponga “un marco histórico renovado” ya que esto “puede ofrecer a una convivencia armoniosa de los pueblos, sostenida por una comprensión mutua y un intercambio recíproco de las respectivas realizaciones culturales. Una investigación histórica sin prejuicios y vinculada únicamente a la documentación científica desempeña un papel insustituible para derribar las barreras existentes entre los pueblos”.

El lugar que a la historia daba este pontífice para la vida humana se apoyaba en la consideración de lo que permite tener conciencia de lo que somos como personas a nivel individual y social. Por eso decía que “no existe nada más inconsistente que hombres o grupos sin historia. La ignorancia del propio pasado lleva fatalmente a la crisis y a la pérdida de identidad de los individuos y de las comunidades”


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Pedro Miguel Funes Díaz
  • Pedro Miguel Funes Díaz
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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