Escribí ayer que el actual régimen político de México no es una democracia, tampoco una democracia iliberal, ni una “autocracia competitiva”.
A mi juicio, el régimen político de México es una dictadura constitucional que no ha podido volverse, todavía, una dictadura política capaz de imponer sus dictados sobre todos los órdenes de gobierno del país.
Mi argumento es que hay una diferencia sustantiva entre tener facultades dictatoriales inscritas en la Constitución, como las tiene el gobierno de México, y poder ejercerlas en la práctica cotidiana de gobernar.
El esfuerzo político sostenido del gobierno es aterrizar, acostumbrar y resignar a su sociedad al ejercicio diario del poder dictatorial que está ya inscrito en las leyes fundamentales.
Amanecimos ayer con una noticia clara sobre la continuidad y la eficacia de ese esfuerzo.
Fueron nombrados los tres consejeros electorales del INE que faltaban, un hombre y dos mujeres, todos servidores probados del gobierno.
Hace unas semanas, el gobierno fracasó en su propósito de que la captura del INE y el control oficial de las elecciones quedara inscrito en la Constitución.
Impidieron la maniobra sus partidos aliados, el PT y el Partido Verde, porque, para ellos, firmarle esos poderes constitucionales al gobierno era firmar su sentencia de muerte como partidos.
El gobierno se resignó a la derrota, luego de una magna exhibición de torpeza política, pero inmediatamente redirigió sus esfuerzos a lo fundamental: controlar al INE, árbitro y organizador de las elecciones.
El INE, capturado ya, hará en adelante lo que quiera el gobierno, pues anteayer el gobierno se quedó con 8 votos seguros de los 11 consejeros del INE.
El control dictatorial de las elecciones no pasó a la Constitución, pero sí a la captura del INE.
Días antes, la Suprema Corte había otorgado al gobierno otra escandalosa autorización dictatorial: el poder de congelar cuentas bancarias, sin aviso judicial.
Así, las facultades dictatoriales que el gobierno no ha podido subir a la Constitución, van siendo ganadas en los hechos.
La política diaria se le enreda al gobierno de Morena, pero su proyecto dictatorial avanza.
La noticia de la captura del INE es una prueba mayor de ese proceso.