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Jueves , 21.02.2019 / 18:52 Hoy

Columna de Pablo Ayala Enriquez

Las etapas del cambio

Pablo Ayala Enríquez

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¿A qué se debe que hasta lo naturalmente incómodo resulte ser una molestia tolerable para el 76 por ciento de la población que aprueba la gestión de Andrés Manuel López Obrador? Hasta donde logro ver, el nivel de aceptación ofrecido al Presidente reside en la etapa en que se encuentra el ánimo colectivo, con relación al cambio prometido por la 4T. Me explico.

John Fisher, psicólogo corporativo, después de investigar muchos años los procesos de adaptación que experimentan las personas que enfrentan cambios profundos en sus vidas, descubrió siete etapas progresivas.

La primera de ellas es la ansiedad, la cual se produce al saber que entraremos a un ciclo desconocido sobre el cual no tenemos ningún tipo de control.

La segunda etapa está asociada a la felicidad, a la sensación de alivio que se experimenta al saber que el cambio modificará algunas de las cosas que, de un modo u otro, nos afectaban.

La tercera etapa tiene que ver con el miedo, porque el cambio, aun y cuando generalmente encierra la promesa de un futuro distinto, resulta ser algo que desconocemos.

La cuarta etapa tiene que ver con la sensación de amenaza derivada de la imagen mental de un cambio que de tan drástico, grande y profundo, nos deja en claro que estamos desprovistos de los recursos necesarios para afrontarlo de manera adecuada.

La quinta etapa es la culpa y se configura a partir de las cargas que nos echamos a cuestas pensando en qué hicimos o propiciamos, para que hoy tengamos que enfrentar el cambio que nos amenaza y sacude. Superada esta quinta fase llega la aceptación gradual, es decir, el momento en que comenzamos a ver con más claridad y comprender el nuevo entorno, el rol e influencia que tendremos en él.

La última etapa, Fisher la denomina seguir hacia adelante y consiste en aceptar que, como dice mi hija Camila, si la vida te da limones, lo más sensato es hacer limonada y disfrutarla.

Sobra decir que cada cabeza es un mundo, de ahí que las etapas del proceso de cambio lleven tiempos y ritmos diferentes o, incluso, puertos de llegada diferentes.

Por el momento, López Obrador tiene un nivel de aprobación, diría él, “de grandes ligas”. Sin embargo, insisto, debe gobernar con mucha prudencia si quiere hacer realidad aquel viejo proverbio anónimo que dice: “Diferente no siempre es mejor; pero mejor siempre es diferente”.

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