Política

Castas y ciudadanía

En tiempos de la Nueva España, la pirámide social estaba configurada por un sistema castas que, en función de “la pureza de sangre”, determinaba el lugar de la persona en la sociedad. En la cúspide se encontraban los españoles y criollos de “cepa”; en la media, los mestizajes de españoles con indias, mulatas o moriscas; y en la parte inferior se ubicaban los “tente en el aire”, “no te entiendo” y “salta pa´trás”. Bajo este esquema de “purificación étnica, cuna significaba destino.

Con este telón de fondo, Alfonso Cuarón, Yalitza Aparicio y Marina de Tavira lograron visibilizar la realidad de exclusión, discriminación, estigmatización y derechos negados a las mujeres, especialmente a las indígenas, y que al día de hoy vivimos como uno de los muchos resabios coloniales. Más aún, pusieron bajo los reflectores el valor y sentido de una competencia ciudadana indispensable para el florecimiento de cualquier democracia que se asuma como progresista: el reconocimiento ético.

Entendido de esta manera, el reconocimiento ético permite: a) comprendernos a nosotros mismos a través de los ojos de los demás; b) entender y aceptar que, independientemente de nuestra procedencia y condición de cuna, tod@s compartimos una dignidad humana que nos iguala y confiere la condición de persona; c) honrar los rasgos distintivos que nos otorgan una identidad única, y hacen parte de un mismo pueblo; y, e) hacer visible la diversidad humana y, por ende, la inherente riqueza que encarnamos las personas que habitamos este planeta.

Visto desde esta perspectiva, el papel de Yalitza Aparicio no quedará constreñido a su protagónico en Roma. Yalitza es, y será, un acicate contra la intolerancia, las fobias, la cerrazón, la estrechez de miras, la inercia que nos empuja hacia esa terca historia que acomoda y estratifica al“nosotros y ustedes”, al “vencedores y vencidos”. Yalitza, con su cándida y valiente Cleo, dejó al descubierto la valentía, esfuerzo, prudencia y cordura que requiere una mujer indígena para abrirse paso en una sociedad “civilizada” que mantiene y defiende prácticas y relaciones humanas propias de la era colonial.

La vida, sabia como es, dirá si Yalitza seguirá en la actuación, el activismo social o volverá a la docencia, esa noble profesión que, desde una comunidad rural, le condujo hasta la alfombra roja de Hollywood. Pasarela a la que, por cierto, Sergio Goyri, tiene negada la entrada por sus prejuicios y nulo talento actoral.

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Pablo Ayala Enríquez
  • Pablo Ayala Enríquez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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