Política

La apatía mata

Según la Real Academia Española, la apatía se define como (f) dejadez, indolencia, falta de vigor o energía o como impasibilidad del ánimo. Para muchas y muchos, la apatía es un estado de indiferencia y, según la medicina, en el área clínica esta es considerada como depresión en el nivel más moderado, también diagnosticado como trastorno de identidad disociativa en cosas “que no se consideran importantes”.

Históricamente, el concepto fue más aceptado en la cultura popular luego de la Primera Guerra Mundial, en la que las crueles condiciones del frente occidental orillaban a la apatía y la reacción de estrés al combate a miles de soldados y, posteriormente, a la sociedad.

Hoy en día se ha vuelto frecuente observarla en la sociedad mexicana, la cual se ha extendido a diversos ámbitos y etapas vitales, siendo esta uno de los problemas más frecuentes entre los jóvenes, principalmente.

Sin afán de profundizar mucho en las diversas causas que la producen, ya que no soy especialista en el tema y quiero evitar compartir información errada, algunos de los factores que resaltan como sus detonantes, son el que la población ha ido normalizando muchas de las problemáticas que se viven en el país, entre ellas, la violencia y las desigualdades, lo que vuelve más difícil que la sociedad misma tenga tiempo e interés por sumarse a la solución de las mismas.

Pero ello no limita los efectos negativos de la apatía, al contrario, los agrava, y podemos corroborarlo, tanto en todo lo que hemos tenido que vivir a raíz de la pandemia, como en muchos otros tópicos como el ambiente político que destaca en el país, la degradación del medio ambiente, el abandono animal, los feminicidios, la explotación sexual infantil, etcétera. La lista es larga, sin duda.

En todos, el resultado es el mismo: la muerte de seres vivos, pérdidas de la salud o daño a la integridad de los seres humanos, y la degradación de la sociedad, pero es sumamente complicado cambiar la dirección que decidimos tomar desde hace mucho tiempo.

Lamentablemente, no basta con un cambio individual en el que cada uno pudiera motivarse para ser parte de la solución de las problemáticas –porque incluso sí los y las hay-, sino que el mismo sistema económico y político que prepondera en el país, deben generar las condiciones para que las y los mexicanos podamos ser incitados a participar activamente, pues como diría la canción de Gerardo Reyes, “las letras no entran cuando se tiene hambre”.

Tal vez hablo de una utopía, pero para eso son: para caminar y avanzar hacia el rumbo donde quisiéramos estar, el cual para mí, es un horizonte donde todas y todos podamos gozar de nuestros derechos libremente, con acceso a oportunidades para elevar nuestra calidad de vida sin violencia.

Por supuesto que es un camino ambicioso y muy largo, y para conseguirlo necesitamos sumar todas las voluntades posibles; necesitamos sumarnos todas y todos los mexicanos a los que nuestros privilegios y condiciones actuales sí nos permitan actuar sin tantas limitaciones, porque para eso son los privilegios, para compartirlos en beneficio de la sociedad.

No dejemos que la apatía nos mate, ni mate a otros. Aún estamos a tiempo de actuar y generar un cambio en nuestra localidad y el país.

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Marcela Brown
  • Marcela Brown
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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