“Los políticos y los pañales deben ser cambiados con frecuencia... ambos por la misma razón.” Esta cita, atribuida al escritor irlandés George Bernard Shaw, sintetiza aromáticamente lo que muchos mexicanos piensan sobre la política y los políticos.
Además de la percepción popular y los decires callejeros, esta afirmación se sustenta en los resultados de múltiples encuestas, entre ellas la publicada por Mitofsky en diciembre de 2020. La consulta se realizó en viviendas (cara a cara), y su objetivo era medir la confianza de la ciudadanía en diecinueve instituciones.
En orden decreciente, las instituciones mejor calificadas fueron el Ejército, las universidades, la Guardia Nacional y la Iglesia, mientras que las menos confiables, también en orden decreciente, fueron el Senado, los sindicatos, la Cámara de Diputados y los partidos políticos... Sí, en consulta, las instituciones políticas fueron ubicadas en el sótano de la confiabilidad ciudadana. El pueblo sabio habló.

En una definición reduccionista, la política es la actividad creada en la Grecia Clásica para resolver los problemas que conlleva la vida en sociedad, y esto incluye, entre otras muchas tareas, la captación y administración de los recursos públicos. Aquí es donde pareciera radicar el problema, porque manejar “el dinero de todos” –que no es poco-- siempre será una tentación, y más cuando son los propios políticos los que autorizan el destino de los dineros recaudados mediante un extensísimo menú de colectas... Creadas también por los políticos.
Si a lo anterior sumamos los elevados sueldos de diputados y senadores, el jugoso financiamiento público a los partidos políticos y el volumen de las cuotas sindicales, vemos que a los ciudadanos rasos nos resulta demasiado caro mantener a los políticos a cambio de lo que nos ofrecen. Baste como referencia el saber que durante poco menos de tres años, tres partidos políticos que ni siquiera lograron mantener su registro nacional en las pasadas elecciones (Redes Sociales Progresistas, Partido Encuentro Solidario y Fuerza por México), recibieron la nada despreciable cantidad de 159 MDP anuales a cambio de nada.
Ahora, bajo los principios de “austeridad, eficiencia y transparencia” el Congreso de Jalisco, ejercerá durante 2022 un presupuesto de 915 millones de pesos, de los cuales 812 serán para servicios personales: sueldos, salarios, gastos de oficina y chuchulucos, pues.
Pero no es todo en cuanto a gastos porque, además de su sueldo de 109 mil pesos mensuales, cada diputado local dispone de casi 185 mil pesos mensuales adicionales, para contratar hasta a siete ayudantes, desde choferes o guaruras hasta aplaudidores y asesores. Y todo eso sale de los bolsillos de quienes pagamos impuestos, tramitamos licencias o solventamos infracciones. https://www.informador.mx/jalisco/Congreso-de-Jalisco-incrementa-29-millones-su-gasto-en-nomina-20210217-0109.html
Hasta aquí pareciera que se pretende armar un complot contra la política. No hay tal. Valga la comparación, pero en muchos sentidos la política es como la televisión: ambas son ajenas a la orientación que les dan sus profesionales, porque mientras la TV transmite tanto programas de basural como series espectaculares, igualmente la política decepciona casi siempre, y seguimos esperando a que de ella surja el líder (del color que sea) que nos dé muestra pública de un ethos sobresaliente en su gremio
De lo que se trata es, entonces, de señalar los hechos de los políticos que constituyen un agravio contra los ciudadanos que pagamos sus jugosas nóminas, sus excesos y hasta sus caprichos. Nos estaremos viendo...
Jesús Castillo Telles