Gil cerraba la puerta de la semana y encontró este ejemplar en una pila de libros: La razón de la oscuridad de la noche. Edgar Allan Poe y cómo se forjó la ciencia en Estados Unidos (Anagrama, 2024) de John Tresch. Esta historia de la vida de Poe lo imantó. Gamés transcribe:
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A principios de febrero de 1848, los periódicos de Nueva York anunciaron un acontecimiento inminente y un tanto enigmático: “El jueves por la noche, Edgar A. Poe pronunciará una conferencia en la Society Library […] Tema: ‘El universo’”. No podía existir un tema más impresionante, aunque nadie sabía que les esperaba: ¿un cuento, un poema, una diatriba crítica? Podía hablar de cualquier cosa y de todo.
Poe había alcanzado la fama tres años antes con su poema “El cuervo”. Su melodía extraña y seductora y su pegadizo estribillo, pronunciado por un críptico pájaro a un estudioso atormentado por la pena habían quedado grabados en la mente del público. […] Poe se convirtió en un habitual de los salones literarios de Nueva York. La poeta Frances Sargent Osgood recordaba “su cabeza hermosa, orgullosa y erguida, sus ojos oscuros y centelleantes con la luz eléctrica de la sensibilidad y el pensamiento”. Otro autor informaba que tenía reputación de practicar el mesmerismo, la nueva ciencia de los fluidos invisibles y las vibraciones que unen las mentes.
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“El cuervo” abrió otras puertas. En 1845 pronunció una conferencia titulada “Los poetas y la poesía de Estados Unidos” ante un público de tres mil personas, en la que denunció la triste situación de la literatura y la crítica americanas, sus camarillas regionales y sus reputaciones hinchadas. A finales de 1846, los poemas y cuentos de Poe, sus inflexibles opiniones y su gusto por la provocación lo habían acercado al sueño de dirigir su propia revista. […] Pero su suerte cambió. Durante la mayor parte de 1847 desapareció de los salones y las salas de conferencia, y corrían rumores de tragedia y escándalo. Posteriormente le confesó a un amigo: “Me volví loco, con largos intervalos de horrible cordura. Durante esos arrebatos de absoluta inconsciencia bebía, sólo Dios sabe con qué frecuencia y qué cantidad”.
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Mientras vivía casi aislado, en uno de sus momentos más bajos, su imaginación volaba. Mientras deambulaba por los exuberantes prados de Fordham o se paseaba por los pelados y rocosos acantilados del Hudson, emprendió algunas obras nuevas y atrevidas […] la más audaz, la conferencia titulada “El universo”, que los periódicos de Nueva York anunciaron en 1848.
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Una conferencia con un mínimo de audiencia a cincuenta céntimos la localidad podía suponer el alquiler de varios meses. Después del debut en Nueva York haría una gira nacional, y con los ingresos de las entradas y las suscripciones pretendía financiar su revista literaria, Stylus. […] Su conferencia se publicó con el título de Eureka. Un ensayo sobre el universo material y espiritual. […] La estrategia era menos alocada de lo que podría parecer. En West Point, Poe había estudiado matemáticas e ingeniería, había pasado por las décadas posteriores analizando los últimos descubrimientos del electromagnetismo, la química, la historia natural y la astronomía; tenía tanta autoridad como cualquiera de sus contemporáneos para hablar de cosmogonía.
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Poe pasó el mes de enero de 1848 revisando su conferencia, al igual que hacía el estudioso de “El cuervo”, preguntándose, temiendo, dudando, soñando cosas que nadie se había atrevido a soñar antes. Alquiló la Society Library y llamó a sus amigos de la prensa para anunciar el acontecimiento. Sin embargo, el clima estaba más allá de su control. La noche escogida, el 3 de febrero, una tormenta asoló la ciudad. Cuando Poe se acercó al atril, vestido con sencilla elegancia, un traje negro con cuello inmaculadamente limpio (aunque deshilachado) y un pañuelo, y colocó ante él un fajo de páginas manuscritas cubiertas con su letra minúscula y regular, apenas setenta personas habían desafiado el frío para asistir.
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Un reportero del Morning Express describió la conferencia como la más elaborada y profunda que había escuchado nunca; […] Poe consideraba Eureka la culminación de sus escritos, sus sueños y su malhadada vida. Les dijo a sus amigos que estaba destinado a revolucionar el mundo de la ciencia Física y la Metafísica. “Lo digo serenamente… pero lo digo”.
Cuando se publicó, le escribió a su suegra: “No deseo vivir. No he logrado nada desde que escribí Eureka”. Murió al año siguiente.
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Gil pronunció una frase de Poe con sus amigos verdaderos: “Años de amor han sido olvidados en el odio de un minuto”.
Gil s’en va