Gil no da crédito y cobranza. Maricarmen Alanís Figueroa, expresidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, decidió participar en la convocatoria de la Cámara de Diputados debido a su trayectoria de cuatro décadas en materia electoral. “Me he dedicado 40 años a la actividad electoral”, señaló al recordar que ha formado parte tanto del Tribunal Electoral como del propio INE. No obstante, reconoció que su decisión de contender no tuvo el resultado esperado: “Yo consideré que podía sumar, pero me equivoqué”.
O sea, le dieron con la puerta en las narices y la eliminaron a las primeras de cambio en su aspiración genuina a una consejería electoral. Ella no será consejera. Si alguien de entre la muchedumbre que participa para obtener uno de los tres cargos de esa consejería tenía méritos, era Alanís. Pues con la pena, pero usted queda fuera de combate.
En entrevista, Alanís afirmó que el proceso de selección de consejerías del Instituto Nacional Electoral presenta deficiencias en transparencia, reglas poco claras y posibles sesgos, lo que, advirtió, afecta la confianza en la institucionalidad democrática del país. Hay en esta intriga una muestra de desvergüenza e ignorancia, de mala leche y autoritarismo.
La exmagistrada sostuvo que desde el diseño del proceso se detectaron inconsistencias. Indicó que las bases fueron “poco transparentes” y que no se incluyó la participación de instituciones académicas en la elaboración ni aplicación del examen.
Alanís también cuestionó la integración del comité técnico encargado de evaluar a los aspirantes. A su juicio, se trata de un órgano “de muy bajo perfil”, con integrantes que incluso carecen de experiencia electoral, lo que debilita la legitimidad del procedimiento desde su origen.
Y sigue la cuatroté, avanza con paso firme en la destrucción del INE, o si usted quiere, en la construcción de un INE como un traje a la medida del gobierno de Sheinbaum. En estos días algunos analistas le llaman a esto dictadura electoral.
El tren que se hunde
Gilga lo sabe y lo resabe: no es la primera vez que ambientalistas han advertido de los riesgos que representa el Tren Maya, especialmente el tramo 5 sur de la obra faraónica de la 4T. Hoy más que nunca, las condiciones del terreno muestran el precio de un capricho. Ay, Dios mío, esto se pone color de hormiga y hormigón.
Desde su planeación, el Tren Maya enfrentó críticas ante una evidente falta de estudios técnicos suficientes, especialmente en materia de suelo y viabilidad económica, justo la zona donde la organización Selvamex documentó las mayores presencias de suelos kársticos, cavernas, cenotes y ríos subterráneos.
El tramo 5, el más polémico de la obra entre Cancún y Tulum, comenzó a exhibir sus primeras señales de alarma. “Estamos ante un riesgo casi anunciado, un colapso, un hundimiento anunciado” narró Wilberth Esquivel, ingeniero civil.
O sea, se los dijeron y siguieron con la obra, no admitieron siquiera una revisión. No. Se inaugura porque se inaugura. ¿A qué se debe el hundimiento? A que la obra está construida sobre suelos kársticos, los cuales ayudan en la recarga de agua de los mantos acuíferos. Esto ha provocado un presunto apuntalamiento en los pilotes que sostienen la estructura de las vías ferroviarias.
Es que de veras, el capricho y la necedad logran tragedias.
El ecocidio
Esto solo forma parte de un ecocidio anunciado. Cuatro años atrás le advirtieron a López Obrador no meter el tren a la selva sobre suelo frágil y poroso. Incluso, fueron convocados por el presidente a Palacio Nacional, pero de nada sirvió. Aun así lo hizo; por eso la llamaron la obra del capricho. Del poder que prefirió la terquedad sobre la técnica. Del poder que prefirió un ecocidio.
En una nota de Edgar Galicia e Iveth Ortíz se documentó la zona, mostrando la fragilidad de la superficie, cualquier reparación y este suelo se puede venir abajo. El pilote, prácticamente tiene una oquedad muy peligrosa. Una obra de casi 500 mil millones de pesos, aún no concluida y ya con banderas rojas. Un elefante blanco que las autoridades presumen en términos de conectividad y desarrollo regional. Gil ya no sabe dónde meterse para olvidar por lo menos unos minutos este gran desastre.
Todo es muy raro, caracho, como diría William Somerset Maugham: “Sólo una persona inepta rinde siempre al máximo de sus posibilidades”.
Gil s’en va