Cultura

Epstein y la hipocresía

Cada vez que en tiempos recientes ha habido una gran revelación pública de documentos oficiales o privados, como sucedió con los casos de Wikileaks, los Panama Papers y los Pandora Papers, o ahora con el caso Epstein, sucede algo en el fondo bastante similar: por un lado difícilmente podemos sorprendernos, pues en el fondo son cosas que ya se sabían. Pero al mismo tiempo sí resulta sorprendente conocer los detalles específicos y concretos de cómo el gobierno de Estados Unidos decide abiertamente en memorandos oficiales intervenir en la vida política de otros países (Wikileaks); de cómo tanto primeros ministros británicos como figuras artísticas internacionales, como grandes bancos occidentales, aparecían en las redes de blanqueado de dinero en paraísos fiscales y a través de holdings y empresas fantasma destinadas a esos fines (Panama y Pandora Papers). Y ahora en el caso Epstein, en paralelo a lo que ya se sabía sobre su red de abuso sexual de menores de edad, los viajes a su isla en aviones privados y demás, lo que queda al descubierto es el tamaño de la red que operaba y el número de personalidades públicas que después de que hubiera sido condenado por cargos de prostitución infantil, continuaban entablando amistad, y a menudo expresándole condolencias y simpatías por la injusta manera en que había sido tratado públicamente.

Como el padre moralino que sermonea a los hijos al tiempo que en secreto lleva una doble vida, queda con el caso Epstein nuevamente expuesta la inmensa hipocresía sistémica de la élite gobernante en Occidente, sin importar la pretendida tendencia política, como en el caso del primer ministro inglés laborista, que avala a un embajador en Estados Unidos a sabiendas de que es parte íntima del círculo de Epstein. O lo mismo el caso de quien quizá se esgrime como uno de los mayores filántropos del mundo, Bill Gates, quien también luego de que Epstein fuera condenado entabló una amistad íntima e hizo negocios con él, y a quien Epstein acusa de haberle suministrado antibióticos a su esposa Melinda a escondidas para no contagiarla de una enfermedad venérea que él contrajera en encuentros facilitados por Epstein con chicas rusas. Elon Musk. Bill Clinton. Etcétera etcétera.

Y es de nuevo sumamente emblemático el caso del presidente de Estados Unidos que también fue amigo íntimo del financiero pedófilo, con quien hay numerosas fotos en fiestas, y quien al parecer le escribió una nota a mano para su cumpleaños donde insinúa que comparten “secretos maravillosos”. El mismo de quien en su anterior campaña presidencial se hizo público un audio donde se jacta de poder agarrar a las mujeres de los genitales porque “es una estrella” y “cuando eres una estrella, te dejan hacer lo que quieras”. Que fue condenado por usar dinero de campaña para pagar a una antigua actriz porno para que no revelara que tuvieron relaciones extramaritales. Y miles de etcéteras. Que con su gran calidad moral se queja de un show de medio tiempo en el Super Bowl en donde le parece que “el baile es repugnante, en particular para los niños pequeños que lo miran en Estados Unidos y por todo el mundo”. Ese mismo presidente al que los votantes de su país eligieron aplastantemente para un segundo término, que precisamente en una reciente entrevista con The New York Times declaró que no necesitaba la ley internacional, pues los límites a su poder los marcaba “su propia moralidad”.

El caso Epstein revela nuevamente que no es exclusivamente un asunto de individuos sino una mentalidad ampliamente difundida que sostiene a todo un sistema político, económico, financiero y demás.


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Eduardo Rabasa
  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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