Desde 1939 el laborismo estaba presente en Gorton y Denton, en Manchester, como parte de su identidad. Sin embargo, estas elecciones lo rechazaron en favor del Partido Verde, bajo el liderazgo de Zack Polanski, quien ha sabido energizar el partido ampliando su espectro más allá de la agenda ecológica y añadiendo reivindicaciones sociales de izquierda.
Sir Keir Starmer quedó patidifuso con un resultado previsible dada la impopularidad del gobierno que encabeza. Era eso o Reform UK, un partido etnonacionalista que propuso a Matt Goodwin, quien ha dicho que tener un pasaporte británico no es suficiente para ser realmente inglés, un candidato en favor de reproducir ICE en el Reino Unido (el grupo paramilitar que en Estados Unidos recuerda a la Gestapo nazi), y que cuenta con el apoyo de los “influencers” en la machosfera, pero no consideró que 30 por ciento del electorado en Manchester es musulmán.
Afortunadamente para el Reino Unido (RU) y para Europa, la elección de Sarah Spencer, plomera de oficio, ganó para el Partido Verde la elección situándose a la izquierda del laborismo cuyo esfuerzo por afianzarse en el centro lo ha colocado en tercer lugar. Puede decirse que es un voto por la esperanza en lugar del odio. El mensaje para el primer ministro es claro: todos menos tú.
Es lamentable que Starmer sea tan impopular a pesar de las acciones de su gobierno por reparar el enorme daño causado por el Partido Conservador. Ni la reconstrucción de los servicios públicos, sobre todo del sistema nacional de salud, ni los fondos destinados a proteger a la niñez desfavorecida y tampoco su labor internacional para contener al factor naranja y reparar puentes con la Unión Europea (UE) han sido suficiente para el electorado.
Pesan más las decisiones mal tomadas, las rectificaciones que muestran al primer ministro como un político indeciso de quien no se sabe lo que se propone. Sus coqueteos verbales con la derecha como cuando a propósito de la inmigración declaró que dentro de poco Inglaterra sería irreconocible, lo han hundido presentándolo como alguien sin estructura, carácter ni fuerza para hacer frente a la turbulencia que caracteriza la actualidad.
La derrota regional del laborismo es grave no sólo por perder un sitio hasta este momento seguro, sino por lo que permite anticipar en relación con las elecciones en Escocía y en Gales, donde es muy probable que el laborismo sea también derrotado el siete de mayo ya sea por los partidos nacionalistas como Plaid Cymru en Gales y el Scottish National Party en Escocia, repuesto del escándalo que provocó la caída de Nicola Sturgeon.
Tal pareciera que la era del bipartidismo forma parte del pasado y que actualmente la gente quiere alternativas sobre todo porque se encuentra desencantada de lo que esos partidos han ofrecido sin cumplir sus promesas, ganchos electorales que se esfuman una vez en el gobierno. La declinación del bipartidismo también puede obedecer a la información y sobre todo a la agitación provocada por las plataformas digitales. Los gobiernos ya no controlan la información que han dejado en manos de unos cuantos trillonarios a quienes no les importa sostener la democracia porque la perciben como contraria a sus intereses monopolistas y porque, dueños del algoritmo, pueden controlar masas cada vez más miserables.
La importancia de la derrota para el laborismo en Gorton y Denton tiene alcances nacionales porque traza con claridad los límites del laborismo y lo que puede significar para Starmer porque, además de la letanía de agravios, fue él quien para asegurarse su permanencia en el número 10 de Downing Street, bloqueó la candidatura de Andy Burnham, alcalde en Manchester, cuya popularidad habría ganado la elección en Gorton y Denton, pero le habría abierto el camino para desafiar a Starmer como líder del laborismo y como primer ministro. El electorado percibió este gesto como patada de ahogado y dentro del partido se ha resentido como una manifestación que favorece el interés personal sobre el partido. La victoria del Partido Verde también significa la declinación del laborismo como fuerza progresiva y la fragmentación del voto de izquierda.
El resultado de esta elección permite tener esperanzas sobre la capacidad para resistir y vencer el arrastre de la extrema derecha. La emergencia de partidos de izquierda señala la existencia de intereses de clase, gremiales y culturales que no se han desintegrado ante las exigencias gritonas de la extrema derecha. Por otro lado, este resultado revela que el gobierno laborista debe funcionar más satisfactoriamente, quizás ayudando a Starmer a quitarse la venda de los ojos si desea llegar a 2029 con un partido en condiciones de defender su preponderancia. En cuanto a los conservadores, que han quedado en cuarto lugar de preferencia, la advertencia también es clara: tratar de imitar el populismo nacionalista de Reform UK sólo puede conducirlo a la irrelevancia. La cuenta de los votos es elocuente: Sarah Spencer ganó con 41 por ciento de los votos mientras el laborismo obtuvo 14,980 votos, Reform 10,578 y los conservadores apenas 706 votos. Este resultado ilustra la creciente preponderancia de Reform UK, particularmente en el norte, y la irrelevancia de los conservadores encogidos hasta ser un partido regional confinado al sur.
Para Starmer el peligro que representa el Partido Verde es que la fractura del voto de izquierda le franquee el camino al número 10 a Farage y sus cohortes etnopopulistas. También que el electorado de izquierda perciba el voto por el laborismo como inútil y en cambio vea en el eco populismo del Verde la alternativa que alguna vez ofreció Jeremy Corbyn dentro del laborismo y que ahora apoya a Zack Polanski. Starmer tiene razón al preocuparse por un partido que ha dejado atrás la exclusividad de reivindicaciones ecologistas, triplicado desde septiembre su membresía de 85 mil a 200 mil que apoyan a Palestina, aceptan la legalización y venta regulada de toda clase de drogas, favorecen el aumento de impuestos para quienes cuentan con más de 10 millones de libras, apoyan el control de rentas y la expulsión del ejército norteamericano de las bases con las que cuenta en el RU desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. 50 por ciento de los votantes laboristas han manifestado que su segunda opción es el Partido Verde. El resultado de las elecciones en Gorton y Denton también ilustra la profunda escisión nacional, la explotación flagrante de las divisiones étnicas y religiosas y de la práctica del sectarismo que no vacila en culpar al laborismo, como parte de su campaña, de la destrucción de Gaza. El Partido Verde sin duda ha sabido explotar todas sus posibilidades, pero la pérdida verdadera no es del Partido Laborista sino del electorado británico.
Se sabía que estas elecciones definirían el futuro inmediato de Keir Starmer y el Partido Laborista. Su derrota confirma su grave impopularidad y vulnera todavía más a Starmer, quien desde este momento queda al borde del precipicio. La negativa del partido de permitir a Andy Burnham participar en las elecciones que, se dice, habría ganado, se suma a una cadena de ineptitudes.
La decisión de Starmer confirma su escaso olfato político. Tal pareciera que con los conservadores, el laborismo enfrenta una crisis de rechazo entre el electorado. Mala noticia para Starmer, que quizá deba comenzar a preparar maletas. Si Reform avanza y transforma el RU en un Shakespeare en clave MAGA chic, el primer ministro será el primero en lamentarlo.