Política

Los nuevos existencialistas

  • Columna de Bruce Swansey
  • Los nuevos existencialistas
  • Bruce Swansey

Todo se ha vuelto “existencial”, como sí súbitamente los tiranos se hubieran detenido a filosofar y hubieran elegido a Jean Paul Sartre como duende de cabecera.

No es la náusea que despierta la conciencia de la mala conciencia ni el absurdo que se desprende de confirmar la falta de razón, la arbitrariedad y la arrogancia de los cretinos con iniciativa.

Tampoco es la preocupación acerca del sentido de la existencia, de la búsqueda desesperada de una justificación vital para sostener la esperanza o abandonarla para siempre. No es una revuelta contra Dios, que debe ser un gusano si nos hizo a su imagen y semejanza.

No se trata del “angst” que surge de la espera interminable en una cuneta o en la caracterización de la eternidad como sala de espera. No se trata de ninguna reivindicación social ni de la exigencia de justicia, paz y empatía con los menos favorecidos. Este nuevo existencialismo es un globo hinchado, un comodín lingüístico en el que cabe todo menos lo que significa. Más que un concepto es una pulsión, el automatismo del poder sin cauces.

Cada tirano afirma su necesidad existencial y entre ellos destaca el idiota más útil de la historia. Sus necesidades existenciales están siempre caracterizadas por la seguridad, en cuyo nombre no sólo ha acotado la libertad sino que abusa abiertamente de los ciudadanos mediante una violencia nacional sin precedentes. Aterrorizados en su propia casa, los electores se arrepienten de haber puesto al hombre naranja en la Casa Blanca. La guerra podría formar parte de un plan para enquistarse en el poder.

El existencialismo ramplón de este tirano no significa nada más que una ocurrencia mientras le resanan el poro. No serían más que majaderías de un niño malcriado si no fuera porque cobran vidas inocentes. Rodeado de un coro de focas de circo, la voz de la razón ha sido prohibida.

¿Cuál es la auténtica necesidad existencial de este tirano? El caos, el aturdimiento como política internacional. En Europa incluso Giorgia Meloni, quien presume de su relación amistosa con el factor naranja, tranquiliza a los italianos asegurándoles que Roma rechaza participar en la guerra.

“Ya nos echamos la primera tanda de clérigos. Una gente horrible, muy horrible. Y la segunda. Todos gente peligrosa. Después de la tercera ya no vamos a saber quién queda”. El propósito es el aniquilamiento. De allí que una palabra noble como “épica” sea manoseada y degradada al ser puesta en labios de pandilleros elevados a niveles superiores para los cuales no están preparados.

El secretario de la Defensa de Estados Unidos lo expresa con claridad meridiana. Ufano y ataviado con un saco dos tallas más pequeño para lucir bíceps declara que “los estamos pateando en el suelo sin misericordia, los vamos a aplastar porque se trata de desatar todo nuestro poderío, no de contenerlo”. La estrategia del Götterdämmerung reducida a un asalto de hampones. Un esperpento.

Para legitimar la guerra actual se habla de peligros y necesidades “existenciales”. Con ello se pretende justificar la traición de las promesas electorales, la autonomía nacional, el fraude ante las instituciones y el exterminio. 100 horas de guerra han costado ya 3.7 mil millones de dólares.

En la Unión Europea (UE) Pedro Sánchez ha hablado claramente negándose a que las bases norteamericanas en España sean utilizadas para atacar Irán. Con ello ha sentado un ejemplo de autonomía crítica que su colega el canciller alemán Friederich Merz evita. El recuerdo de la guerra en Irak no ha desaparecido y a veces la historia puede ser maestra del presente. El miércoles 4 de marzo Sánchez hizo una crítica sin ambages que ha provocado la pataleta de rigor.

“¿Ah sí? Pues desde ahorita cortamos todo comercio con España”.

Octogenario, el factor naranja se olvida que España es parte de la UE y que cortar el comercio con ese país significa hacerlo con todos los países miembros, un lujo que Estados Unidos no puede permitirse.

Para otros tiranos es “existencial” liquidar a los demás antes de que ellos los liquiden. El existencialismo del que madruga. Esta lógica determina la guerra de conquista en Gaza y ahora en Irán, donde la teocracia es sangrienta.

Matar o morir. Se invoca la supervivencia y la seguridad a cambio de arrasar cuanto exista alrededor. Para algunos la guerra de atrición es lo único que puede mantenerlos en el poder y libres de la cárcel. Luchan por su existencia cuya defensa no se habría emprendido sin la coincidencia existencial de liquidar a la gente muy horrible. A diferencia del tirano al otro lado del Atlántico, el de Medio Oriente lleva 40 años planeando el ataque y su objetivo es claro: liquidar a quienes considera terroristas, desmantelar el gobierno de los tiranos envueltos en trapos. Estos, a su vez, también son existencialistas: imponer el fundamentalismo religioso, reprimir brutalmente a las mujeres y a quienes aspiran a otra forma de gobierno. Como sus colegas occidentales, son una pandilla de ancianos asesinos.

El anhelo existencial de Netanyahu es liquidar el Estado teocrático iraní. Para lograrlo la inteligencia israelí penetró los sistemas de vigilancia en Teherán de tal forma que nada se les escapara. La sofisticación y precisión con que liquidaron al ayatolá Alí Jameneí son asombrosas y también lo es que esos servicios no impidieran la masacre del 7 de octubre de 2023 que está en el origen de la destrucción de Gaza, del genocidio de los palestinos y de lo que podría ser una conflagración que arrastre a todo el Medio Oriente y el Levante.

Para la UE es fundamental mantenerse al margen de una guerra colonial.

En el Reino Unido (RU) Keir Starmer ha actuado coherentemente al desmarcarse de la guerra en Irán, lo cual podría ser el principio de una negociación sobre las bases norteamericanas diseminadas en Europa. Su uso es existencial para el ejército y un elemento de peso para negociar el nuevo desorden internacional.

Criticado desde la derecha por haberse negado a facilitar las bases militares para que Estados Unidos atacará a Irán, también ha sido censurado por la izquierda por permitir el uso de las bases para organizar expediciones defensivas contra los sitios en los que el gobierno iraní mantiene armamento. Contra unos y otros, Starmer ha insistido en su apego a las leyes internacionales y al hecho de que no se cuenta con evidencia suficiente para sustentar la amenaza inminente de Irán contra Occidente. Su firmeza refleja la actitud de 42 por ciento de los ciudadanos británicos.

El peligro auténtico de cara al electorado es económico ya que de continuar, la guerra supondrá inflación y escalada de precios en la energía, para lo cual el gobierno laborista se prepara para ayudar a quienes más lo necesiten.

Starmer sabe que la sombra de Tony Blair y su colaboración con George Bush en la guerra contra Irak en 2003 aún se proyecta sobre el laborismo. Starmer quiere evitar repetir el error de sumarse a la guerra contra Irán sobre suposiciones injustificadas acerca del arsenal nuclear que en el primer caso nunca existió y en el de Irán según el factor naranja fue destruido en 2025 durante la guerra de los 12 días.

“Él —refiriéndose a Starmer— no es ningún Winston Churchill. La relación especial entre nuestros países ya no existe”, declaró el anaranjado.

El primer ministro comentó que la relación especial continúa mediante servicios compartidos de inteligencia. Para Starmer tratar con el presidente norteamericano debe ser como encargarse de un menor de edad con serios problemas mentales.

El portaaviones Príncipe de Gales zarpará de Portsmouth en cinco días rumbo al Medio Oriente para proteger intereses británicos en Chipre. Una de sus bases allí fue alcanzada por un proyectil lanzado desde Irán.

“Podría haber mandado el portaaviones antes, no cuando no lo necesitamos porque ya ganamos la guerra”, comenta airado el factor naranja luciendo nuevo tinte strawberry blonde, quien olvida su uso de las bases en el RU.

Según el primer ministro el cambio de régimen no llega desde el cielo y sería más conveniente persuadir al gobierno iraní para que renuncie pacíficamente a desarrollar armas nucleares. La paz no se edifica sobre ruinas.

Starmer tiene otros objetivos. Reparar la relación con la UE es esencial. Brexit fue un antídoto contra la desintegración de la UE porque el resto de los países vieron la catástrofe en cámara lenta.

El segundo elemento de cohesión es Trump, quien ha hecho mucho más que cualquier europeo para fortalecer la Unión. Cuando el factor naranja atacó Irán, Starmer no habló con Washington, sino con París y con Berlín. Nada más valioso para afianzar lazos que el peligro exterior.

La defensa de Chipre ha movilizado fragatas y el portaaviones Charles de Gaulle en una muestra de solidaridad europea inimaginable para el existencialista al otro lado del Atlántico que no contaba con esa variable. Sus infames ocurrencias logran lo que toda amenaza externa: fortalecer la cohesión de países que de otra forma sucumbirían ante la furia épica de lo que podría ser una pésima película de acción pero que lamentablemente cuesta la vida a poblaciones inocentes. Contra la furia y el terror existenciales, Starmer confirma su respeto y adhesión al derecho internacional y al fortalecimiento de la UE.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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