Las noticias acerca de una nueva película de la mexicana Dana Rotberg nos llegaron desde Nueva Zelanda y el Festival de Cannes hace varios años. Sin embargo, a pesar de su éxito, White Lies (Mentiras blancas, 2013) tardó en llegar a México,. Se exhibió en el FICG y en la Cineteca Nacional y ,por fin, llegó a la plataforma de FilmInLatino. No dejen de verla, Mentiras blancas es una película maravillosa e impactante. Maravillosa por la historia y estética cuyo simbolismo y belleza quitan el aliento, impactante por la inteligencia y eficacia con la que reúne en un espacio y tres personajes, las consecuencias de la colonización con el cuestionamiento acerca de la identidad y la femineidad. No podemos ver la lucha en pro de la igualdad racial de Estados Unidos sin preguntarnos cómo andamos en México. Mentiras blancas está situada en Nueva Zelanda, sin embargo, nos remite a nuestro país y a la brecha de desigualdad que separa al México mestizo de los pueblos originarios. Además, también aquí son las mujeres las que experimentan la marginación con más crudeza.
Mentiras blancas es un título potente ya que alude al conflicto melodramático, familiar y racial del filme basado en el cuento “Medicine Woman” de Witi Ihimaera. La narración se centra en tres mujeres que conviven a principios del siglo pasado en una casa de campo de Nueva Zelanda: La joven y extremadamente blanca ama de casa, esposa de un empresario, su ama de llaves mestiza y una partera maorí a la que contratan para solucionar el embarazo de la joven antes del regreso del marido. Ser blanca o mestiza o maorí en una sociedad patriarcal y racista determina no sólo los rasgos físicos sino la lengua, cultura y clase social de las mujeres. Paraiti (Whirimako Black) , la curandera maorí es auténtica, libre y orgullosa de su herencia tribal. Se distingue por los tatuajes, la vestimenta de tonos rojos, el dialecto tuhoe del maorí y su sabiduría frente a la vida, la condición femenina y la maternidad. Maraea (Rachel House), la ama de llaves y sirvienta, lleva su uniforme de color negro y defiende la posición social y las apariencias de su señora Rebecca(Antonia Prebbi), cuya juventud, belleza y blancura – de piel y vestimenta – esconde su profunda angustia frente al secreto de su embarazo y el regreso del señor y amo ausente.
La carga simbólica de los personajes y su vestimenta se integra de manera armoniosa a la complejidad de las tres mujeres, personajes perfectamente desarrollados en cuanto a su corporeidad, conducta, objetivos y deseos. Las escenas en las que observamos a las tres reunidas y luchando por la salud de Rebecca, son inolvidables. También la manera cómo el filme traduce en belleza visual la sensibilidad, nostalgia y resistencia femenina que lleva a un desenlace esperanzador. Después de ver Mentiras blancas urge volver a ver las anteriores películas de Dana Rotberg: El documental Elvira Luz Cruz (1985), Intimidad (1989), Ángel de fuego (1992) y Otilia Rauda (2001).