En todos los años de escribir reseñas y criticas de cine no me había topado con un tema como el que me ocupa hoy: Comparar las películas Gloria (2013) y Gloria Bell (2018), realizadas por el guionista y director chileno Sebastián Lelio. Según el director, Julianne Moore, quien había visto Gloria interpretada por la actriz chilena Paulina García, le había propuesto hacer un remake estadounidense del filme ya que la búsqueda de una mujer madura por renovar el sentido de la vida, había despertado su interés de interpretarla.
Recordemos la sinopsis del filme chileno: Gloria (Paulina García) vive en Santiago, se acerca a los 60 años, trabaja en una oficina, tiene dos hijos y vive sola desde que se divorció hace más de diez años. La conocemos manejando su coche por la ciudad y cantando las canciones que escucha en un CD. También la observamos en una disco retro a la que suele acudir para no pasar las horas sola en su departamento y porque le gusta bailar. Aunque es sociable, espontánea y simpática, Gloria siente el peso de la soledad y la impresión de que la vida ya no le ofrece nada nuevo. Hasta que conoce a Rodolfo (Sergio Hernández), un casual compañero de baile igual de solitario que ella. La atracción es mutua y la pareja empieza a recorrer, uno a uno, los rituales de los enamorados: Salir a cenar, declamar poemas, intercambiar confidencias, dormir juntos … Todo bien, si no fuera por el peso del pasado y la carga familiar que cada uno asume de manera diferente al mismo tiempo que exige del otro una entrega que no es capaz de dar.
La sinopsis de Gloria Bell es exactamente la misma, sólo que, en lugar de Santiago, Gloria vive en Los Ángeles, habla y escucha música en inglés, es interpretada por Julianne Moore, su nuevo amor se llama Arnold (John Turturro) y es igual de protector de su esposa e hijas como el Rodolfo de Gloria, la chilena. Me sorprendió encontrar en Gloria Bell un guión y un remake casi idéntico aunque Sebastián Lelio trabajó la historia chilena en colaboración con Gonzalo Maza y Gloria Bell con Alice Johnson Bohrer. Espacios, acciones, diálogos aparecen como calcas del filme original. Las variaciones aparecen en muy pocas escenas y gestos, en colores un tanto más neón, géneros de música diferentes y en un tratamiento más pudoroso de la corporeidad de los personajes: Una blusa camisera tiene el largo exacto para cubrir la desnudez de Gloria/Julianne Moore mientras que en el filme chileno los protagonistas muestran más presencia física.
Gloria Bell reforzó mi deje de decepción con el que había salido del cine después de ver Gloria. El filme chileno me había gustado por la actuación de Paulina García, quien construye un personaje que muestra las juveniles dudas e inseguridades de una mujer madura frente a la vida, la familia, el amor y las señales de la vejez. Sin embargo, me hizo falta reconocer la complejidad de carácter y la diversidad de problemas de una mujer que sí encontré en los personajes femeninos de Una mujer fantástica (2017) y Desobediencia (2017), dos filmes que describen procesos de búsqueda de una identidad propia y única. Gloria - y su hermana estadounidense Gloria Bell - tratan de volver a vivir emociones pasadas al lado de un hombre que no cubre sus expectativas. ¿A eso se limita la búsqueda de autorrealización de una mujer?