“Cuarenta y contando” es el título de un libro testimonial con el que el Festival Internacional de Cine de Guadalajara recibe la edición 41 que se llevará a cabo del 17 al 25 de abril. Es una fecha inusual ya que el FICG nació en marzo de 1986 como Muestra de Cine Mexicano en Guadalajara, cambió a junio después del COVID y cedió sus fechas de junio 2026 al Mundial de Futbol con el que no quiere ni necesita competir. La ciudad y los organizadores están preparados: Las jacarandas están en flor, el calorcito y el abundante y atractivo programa recibirá a los cinéfilos jaliscienses y los cineastas y visitantes de otras partes del mundo con la emoción y las sorpresas de siempre.
También y como cada año, muchos amigos y alumnos me piden mi opinión acerca de películas que no habría que perderse. Obvio que me ponen en un dilema ya que las películas en competencia son estrenos e, igual que ellos, iré descubriendo mis preferidas a lo largo del festival. Sin embargo, y como fiel seguidora del cine mexicano que ha sido la espina dorsal del FICG desde sus inicios, suelo compartirles mis comentarios acerca de las ficciones que forman parte de la sección Mezcal que será vista y premiada por dos jurados, uno conformado por estudiantes y el segundo por profesionales de la crítica de cine. En esta edición son cuatro los documentales y siete las ficciones que integran el programa Mezcal. Los documentales –que no conozco– son: “La misma sangre” de Ángel Ricardo Linares Colmenares, “Mickey” de Dano García, “Nuestro cuerpo es una estrella que se expande” de Semillítes Hernández Velasco y Tania Hernández Velasco, y “Querida Fátima” de Lorena Gutiérrez, Su Kim, Jesús Quintana Vega, Rodrigo Reyes y Dawn Valadez.
Para comentar brevemente las siete ficciones recurro a la lista alfabética que indica el programa y empiezo con “Celestino”, una coproducción entre México y Bélgica dirigida por Hans Bryssinck. Ubicada en el México rural la película narra el destino de un extranjero que llega a México en busca de algo que no sabe nombrar, se “enamora” de los textos literarios de un misterioso autor desaparecido y se involucra en el –también misterioso– ambiente pueblerino. “Ciudad de muertos” de Manuel Cravioto, cuyo “Autos, mota y rocanrol” figuró en la selección Mezcal en 2025, está basada en el personaje del fotógrafo capitalino Enrique Metinides para mostrar a través de una ficción, la importancia de documentar a través del registro fotográfico los sucesos de “nota roja” y la violencia de una metrópoli.
En “Lo que nos van dejando”, Issa García Ascot sigue a una joven bióloga urbana en el encargo de ordenar y recoger el archivo de un centro de investigación abandonado en la selva. La tarea que empieza a realizar de manera desmotivada se convierte en un viaje interior y el descubrimiento de la magia de la naturaleza. “Oca” de Karla Badillo entrelaza viarios hilos narrativos alrededor del personaje de una monja, una mujer de clase media urbana y un grupo de campesinos de una peregrinación. También “Se busca” de Kenya Márquez se teje alrededor de un viaje: El conflicto interior de una adolescente por su identidad la lleva del centro del país a la frontera con Estados Unidos de Norteamérica. “Soy Mario” de Sharon Kleinberg se adentra en la identidad de un personaje que vive en carne propia los problemas del deseo, la maternidad y paternidad frente a una sociedad atrapada por las convenciones. También “El yerno” de Gerardo Naranjo González narra acerca de un personaje masculino. En contraste con “Soy Mario”, la película de Naranjo describe un tipo de masculinidad atrapada en la necesidad de la escalada hacia el éxito.