Política

¿Tu voto valdrá en la siguiente elección? Si Morena quiere…

El autoritarismo ya no se impone a base de fusiles o de cañones militares. No se disuelven congresos ni tampoco se eliminan las elecciones. El autoritarismo posmoderno se viste de democrático. Es tan legítima la democracia, con sus elecciones indispensables, que el poder concentrado se niega a caracterizarse como tal. Necesita apelar a los valores democráticos para navegar el mundo: igualdad, libertad, pluralidad. O como reza la frase del filoso hugonote asesinado en la masacre de San Bartolomé, François de La Rochefoucauld: La hipocresía es el homenaje que el vicio le rinde a la virtud. Hay que ser hipócrita para desmantelar la democracia sin decirlo de esa manera.

Hace algunos años, en 2022, leí el libro de Zsusanna Szelényi sobre al autoritarismo húngaro. El libro se llama Tainted democracy* e ilustra el camino que recorrió el régimen de Viktor Orbán para hacerse del poder y destruir cualquier esbozo de alternancia. A todos nos sonarán: control del Poder Judicial, anulación de la independencia de los canales públicos, cooptación de la autoridad electoral, exclusión de la oposición, criminalización de la sociedad civil. Szelényi fue compañera de Orbán. Juntos fundaron Fidesz –jóvenes demócratas– que quería ser un vehículo para desmontar la Hungría soviética y construir una democracia. Los sueños se derrumbaron frente a la imposición de un sistema autocrático que orilló a gente como Szelényi a buscar otras vías políticas para luchar contra la concentración de poder en manos de Orbán.

El camino húngaro es el camino mexicano. México no es Venezuela. Los pasos hacia el autoritarismo recrean con exactitud la apuesta que fue efectiva por 16 años en Budapest. Orbán perdió el poder hace unos días, pero durante 16 años erigió un régimen político autoritario y liberticida. El nuevo primer ministro Péter Magyr tendrá que desmontar muchas de las reformas impulsadas por Orbán y volver a trazar lazos con la Unión Europea. En Polonia, para Donald Tusk no ha sido sencillo hacerse cargo de reformar una herencia mortífera por parte del hegemónico Partido Ley y Justicia. La democracia no se recupera fácilmente. Existen intereses poderosos que se benefician del control férreo del poder político. Destruir es mucho más sencillo que construir.

Morena está logrando controlar y cooptar todo. Y todo significa todo. Las cámaras, el Congreso, el Poder Judicial, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, los órganos autónomos. Y ahora, sin sonrojo alguno, la autoridad electoral. Morena ya había impuesto a Guadalupe Taddei como presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE). Y ha ido avanzando en el control del Consejo General de la Institución. Controlar el Consejo General significa hacerse del poder del órgano que se encarga de temas tan delicados como la violencia en las elecciones, la introducción de dinero del crimen, la intervención presidencial o espuria de cualquier gobernante. El caso más patético es el de Arturo Manuel Chávez. El señor Chávez López pasa del Gobierno al INE. No tiene ninguna experiencia en materia electoral, ha sido representante de Sheinbaum y colaboró con la actual Presidenta en Tlalpan.  Lo más llamativo es que un hombre con cero experiencias en la materia obtuvo 99 de 100 puntos en la evaluación. Morena fue capaz de imponer a tres consejeros electorales propios a través de un Comité hecho a modo y en donde se excluyó las voces ciudadanas o de la oposición.

En paralelo al control de la cabeza institucional del INE (el Consejo General), Morena ha ido desmantelando el Servicio Profesional Electoral, pieza clave para garantizar elecciones justas y transparentes. Más de la mitad de los profesionales electorales han sido removidos por criterios meramente partidistas. El INE es hoy un brazo más del partido en el Gobierno y nada nos garantiza que nuestros votos cuenten. La arquitectura institucional en México nació como respuesta a la desconfianza ciudadana frente a las elecciones. Se basó en el consenso entre los actores partidistas y la participación de la ciudadanía. Esos cimientos están siendo erosionados para imponer a soldados del régimen en puestos clave en la toma de decisión. La colonización estructural del estado mexicano.

Hoy no tenemos ninguna garantía que impida que Morena se robe una elección. El régimen ha construido una red de instituciones vasallas que le permiten imponerse incluso si no tienen una mayoría social. La democracia se basa en aceptar las reglas del juego y un árbitro legitimo para todos los competidores. En este caso, las reglas no están claras y el árbitro está vendido antes de iniciar la contienda. ¿Cómo podemos confiar que nuestros votos valgan y cuenten? Dependemos de la voluntad de Morena y sus achichincles en el INE y en el Tribunal electoral. Tras ocho años lo lograron: tienen todo el poder.


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Enrique Toussaint
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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