M+.- Hace poco más de cuatro décadas, La casa de los espíritus convirtió la intimidad de una familia en el pulso de un país en crisis; a la distancia, la historia de Isabel Allende vuelve en formato de serie para mirar de frente las heridas que dejó la dictadura chilena. Con la sutileza del realismo mágico, esta adaptación no sólo revisita un clásico, lo reactiva frente a una audiencia global.
Esa esencia en la que lo espiritual se entrelaza con lo social es la que hoy encuentra una nueva vida en su adaptación, una serie desarrollada por Amazon Studios, que además cuenta con el visto bueno de la propia autora, quien ha calificado a la producción protagonizada por Nicole Wallace, Dolores Fonzi y Alfonso Herrera como la versión “más fiel” de su libro.
“La propia Isabel Allende vio la serie completa y dijo que es la adaptación más fiel de su libro. Con eso yo me quedo: lo hicimos bien”, dijo en entrevista con MILENIO Javiera Balmaceda, Head of Latam, CA & AU Originals en Amazon Studios. Y no era un reto menor, llevar a la pantalla una obra considerada uno de los pilares de la literatura latinoamericana fue complejo.
Así, la historia de la familia Trueba del Valle, atravesada por el amor, la violencia, la memoria y la resistencia, se despliega en pantalla con la misma vocación de la novela: hablar de América Latina desde sus contradicciones más profundas. Porque si algo dejó claro la novela publicada en 1982, es que las historias familiares también son archivos políticos.
“Siempre volvemos a la novela y ahí están las respuestas —aseguró Francisca Alegría, showrunner del proyecto—. Tiene un lenguaje muy femenino, no solo para mujeres, sino en su esencia. Un liderazgo femenino puede tener intuición y también lucha social; no están separados. Tratamos de mantener eso enlazado, porque es la esencia de la novela”.
Y agregó: “Ahí aparecen estos personajes femeninos muy poderosos, pero desde un lugar que nutre, que busca cambio desde la colaboración, en contraste con Esteban Trueba, que representa un liderazgo violento, impositivo, posesivo. Fue subirle el volumen a algo que ya está en la historia, mujeres que llevan en sí mismas esa mezcla entre lo intuitivo y lo social”.
El equilibrio entre lo místico y lo político es precisamente el corazón del relato. En la serie, como en el libro, los espíritus conviven con la represión, y las visiones de Clara dialogan con los abusos de poder que encarna Esteban Trueba. Interpretar a Clara en su etapa joven fue, para Nicole Wallace, una experiencia profundamente personal; “fue como un sueño”, confesó.
“Clara me llegó en un momento muy importante en mi vida y me dio el espacio para conocerme más a mí misma. También fue muy especial, como activista y feminista, poder hacer este tipo de personajes que no solo son ficción, sino que están basados en mujeres reales y en un momento histórico como el que retrata la obra de Isabel”, agregó Wallace.
Por ello, “ir a un país como Chile, conocer su cultura y su historia desde una perspectiva española, donde a veces hay distancia e incluso cierta ignorancia, me permitió generar empatía. Y trabajar con actores latinoamericanos es algo que nunca pensé que iba a lograr; ha sido un privilegio enorme, lo mismo compartir la esencia de la novela”, explicó Nicole.
Su personaje, capaz de moverse entre lo terrenal y lo invisible, es también una metáfora de resistencia. Una resistencia que, como señala la propia narrativa, no siempre es ruidosa. A veces es intuitiva, casi imperceptible. En esa misma línea, Dolores Fonzi (Clara adulta) destaca la fuerza del linaje femenino: “es una red de mujeres que se sostiene a sí misma”.
“El rol de Clara es muy importante porque es canal de una energía, se permite ser intuitiva, perceptiva, adelantarse a los hechos, muchas veces salvando situaciones que puede prever, y a veces no, y se le va de las manos, porque también es humana. Es como una superhumana”, explicó Dolores sobre las características místicas y espirituales de su rol.
Represión, libertad y mística
Reconocida por su compromiso con el feminismo y la visibilización de la violencia de género, resulta importante para Fonzi ver cómo la historia de Isabel Allende muestra este linaje femenino: “la novela habla de abrir la intuición y el corazón, y de cómo eso puede resistir a un sistema que está representado por nuestro compañero (Alfonso Herrera: Esteban Trueba)”.
“Y también está esta libertad que no es terrenal, más bien es entregarse a esas energías, a la intuición. Trabajamos mucho eso de la mano de Francisca y Fernanda, que están muy conectadas con estos temas. De hecho, hicimos ceremonias de sonido entre todas las actrices, fue muy lindo formar esta red de mujeres durante el rodaje”, agregó la actriz.
En La casa de los espíritus, las mujeres no solo sobreviven, se acompañan, se heredan saberes, se convierten en refugio frente a un sistema que intenta silenciarlas. Clara, Blanca y Alba en línea de descendencia directa, pero también Nívea, Rosa, Amanda y Férula, este último personaje, interpretado por Fernanda Castillo, encarna otra forma de ruptura.
“Es un personaje con una naturaleza muy pasional, que contrasta con la represión que vive, Férula nos dice que el amor tendría que ser la respuesta, de lo único que no se arrepiente es de haber amado a Clara”, afirmó la actriz. En una época donde el deseo debía ocultarse, Férula representa una valentía íntima, la de sentir, incluso cuando todo alrededor lo prohíbe.
“Es un personaje que espejea lo que se esperaba de una mujer en esa época, alguien que pensaba que, a través del sacrificio, iba a conseguir amor, y que nunca era vista, hasta que encuentra a Clara. La mirada de Clara no solo le da un motivo de vida, sino que la ayuda a descubrirse a sí misma. Es un personaje con una naturaleza muy pasional”, agregó Fernanda.
De acuerdo con la actriz, su personaje “va más allá de si Isabel quería o no hablar de una relación homosexual; Férula se enamora del vínculo con otra mujer, más allá del género. Es un personaje que nos dice que el amor tendría que ser la respuesta. Le inculcaron que ese amor no era posible, pero ella nunca se arrepiente de ese sentimiento que le salva la vida”.
Pero si el universo femenino construye redes, el mundo masculino, interpretado por Esteban Trueba, expone las fracturas estructurales de la región; las heridas de la dictadura chilena se permean por su ser.
Lo político y lo íntimo
Alfonso Herrera lo dijo: “Esteban representa las heridas de América Latina, el desequilibrio, la corrupción de un país y la invisibilización de muchas personas. También representa la polarización social que vive América Latina”.
Su mayor reto fue humanizarlo, “había que entender sus contradicciones, es un hombre que sufrió un dolor profundo en su núcleo familiar, fue invisibilizado por sus propios padres y por eso deposita su valor en cosas artificiales, como la aceptación social o política”.
Esa lectura conecta con el trasfondo histórico que atraviesa la historia: la dictadura chilena, que en la novela aparece como un eco devastador, nunca como protagonista absoluto. Y ahí radica su potencia: “lo más lindo es que no es un libro sobre la dictadura chilena, aunque la incluye”, explicó Balmaceda, “es una historia sobre una familia y sus generaciones”.
La decisión narrativa de hablar de lo político desde lo íntimo es la que permite que la historia trascienda épocas y geografías. Porque América Latina no es solo tragedia, también es memoria, amor y posibilidad de sanación. Visualmente, la serie apuesta por esa misma ambición: “soñar es gratis, al menos por ahora”, comentó el showrunner Andrés Wood.
El mundo sensorial
El equipo apostó por construir un universo profundo y sensorial. El resultado fue una adaptación que no solo recrea una época, sino que intenta capturar algo más complejo: la atmósfera emocional de una historia donde los muertos conviven con los vivos, donde el amor persiste y donde la memoria, como los espíritus, siempre encuentra la forma de volver.
“La serie corre por muchos carriles, la visualidad es muy importante, liderada por Rodrigo Basaez (diseñador de producción) con un equipo enorme, trabajando incluso en tres sets simultáneos, con jefes de área que podrían encabezar cualquier película”, explicó Andrés Wood sobre la dimensión que tomó la serie para ofrecer lo mejor en producción.
“También se sumó Manuel Claro (director de fotografía), que tiene una relación muy personal con la novela, un chileno exiliado en Dinamarca, con vínculos emocionales con la historia. Eso aportó una mirada muy especial. Sí hubo limitaciones, pero también algo muy latino en cómo resolvemos; la creatividad e ingenio siempre están de por medio”, agregó.
La historia de los Trueba
A más de cuatro décadas de su publicación, La casa de los espíritus sigue hablándole al presente. Y en esta nueva versión, lo hace con la misma claridad que en sus páginas, recordándonos que las historias familiares nunca son solo historias privadas, son también el reflejo de un país, de un continente que aún busca reconciliarse con sus fantasmas.
“La casa de los espíritus es una historia sobre familia, eso permite mostrar los matices de la historia latinoamericana. En lo personal, como hija de exiliados y como chilena trabajando en Estados Unidos, era importante contar que Latinoamérica no es sólo narco o dictadura, también tenemos historias profundas y sanadoras que ofrecerle al mundo”, dijo Javiera Balmaceda.
