Política

AMLO y Xóchitl: narrativa sitiada

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Buen viaje, Porfirio.

Nunca había visto tan desubicado al presidente López Obrador como lo está frente a Xóchitl Gálvez. Sus reflejos políticos, otrora certeros, se han vuelto erráticos. No atina a renovar su catálogo de combate, pese a que enfrenta a una rara avis ante la cual los clichés discursivos de la 4T son evidentemente estériles. Sus tiros de siempre, que lo han distinguido como un temible polemista, le salen por la culata cuando apunta contra ella. Se le ve irritado, trabado, descolocado.

Todas las balas que le dispara le rebotan. Primero usó la de la falsedad: Xóchitl no es indígena, es mestiza. Oprobiosa y torpe agresión, desastroso resultado. Luego la de la marioneta: la mafia del poder y la oligarquía la escogieron desde el principio. ¿De veras? ¿Y por qué no la habían impulsado? Hace un par de años comenté con algunos machuchones que me parecía una buena candidata presidencial y su reacción fue de extrañamiento. Todavía en diciembre pasado, cuando decidí decirlo públicamente en este espacio, recibí más críticas que aprobaciones. La conspiración de las élites no va a funcionar con ella porque no es creíble. Muchos empresarios la apoyan, sin duda, por la misma razón por la que se le han sumado orgánicamente miles y miles de personas en redes sociales: se dieron cuenta de que ella sí le puede ganar la Presidencia a Morena.

AMLO no quiere aceptar que Xóchitl Gálvez es quien es y que decidió por sí misma entrar a la contienda. Hay en ello, ciertamente, algo de machismo, pero yo creo que el problema es más profundo: admitir la realidad sería reconocer que su narrativa ha sido sitiada. He aquí una mujer que superó la marginación, mantuvo su convicción de luchar contra la pobreza y la desigualdad que golpearon a su familia y —oh herejía— rechazó la invitación para incorporarse a la 4T. ¿Cómo, hay pueblo fuera de la tutela de AMLO, gente honesta y progresista que no romantiza la pobreza que padeció y quiere ir más allá del asistencialismo? Pues sí, y para colmo se trata, en este caso, de una indígena que habla otomí y conoce mejor que ellos la realidad de los descendientes de los pueblos originarios. Ante esto y la ausencia de expedientes de corrupción ¿qué queda de la superioridad moral del discurso oficial? Más aún, el hecho de que ella está más cerca del México profundo que AMLO —y de algún modo invierte los papeles— explica el brutal desbarre del furibundo denunciador de clasismo y racismo que se burló de que Xóchitl llegara en bicicleta a registrarse comparándola con una vendedora de tamales.

Xóchitl Gálvez irrita a AMLO porque le arrebata su simbología. Le restriega en la cara que él no posee el monopolio de los símbolos populares y prehispánicos, que ella tiene más legitimidad que sus corcholatas en los términos que la 4T ha establecido. Y por si fuera poco le anuncia que, además de representar el pasado, proyecta el futuro. Si las próximas encuestas que se levanten muestran que la emoción que despierta trasciende al electorado clasemediero y —como yo vaticino— le da un mordisco a 60 por ciento que aprueba al Presidente, la alarma máxima sonará en Palacio Nacional. Porque ya no quedará duda de que Xóchitl puede quitarle a AMLO algo más que sus reflejos y su pretensión de intérprete único de la voz del pueblo: puede quitarle el poder.

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Agustín Basave
  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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