El pintor, escultor y uno de los más grandes muralistas que ha dado nuestro país, Ariosto Otero (1949), afirma que actualmente ni los artistas ni las autoridades del sector cultural están interesados en el muralismo, y que solo dos o tres autores lo mantienen con vida.
“Somos casi una especie en extinción”, reconoce Otero, a quien no paraliza este panorama: al contrario, su tenacidad para promover las obras murales ha crecido con los años.
Creador prolífico, ha enriquecido con alrededor de 65 murales el rostro de la Ciudad de México, así como el de diferentes ciudades en Argentina, Colombia, Costa Rica, Guatemala y Paraguay. Además, ha realizado destacados murales en recintos gubernamentales como el Antiguo Palacio del Ayuntamiento o la Secretaría de Gobernación, en donde en julio de 2022 inauguró un conjunto muralístico titulado El regreso de los dioses, en el que narra la historia de las luchas sociales de nuestro país. También ha impulsado la creación de al menos tres organismos para crear, promover y difundir el arte monumental, así como para organizar una colectividad entre los artistas de México y América Latina.
Ahora, en 2026, se estrenó como autor con su primer libro, Códices, con el cual celebra 46 años como muralista.
El volumen de gran formato reúne reproducciones de sus murales más emblemáticos, un texto de la crítica de arte Avelina Lésper, así como una carta que Otero dirige a un joven aspirante a muralista para que entienda realmente qué es el muralismo y qué implica esta expresión artística para la sociedad.
En entrevista, Otero reflexiona en torno a la tradición milenaria de relatar nuestra historia en paredes, su interés por conceptos como el nacionalismo y la justicia social, su cine predilecto e incluso su gusto por coleccionar corridos y boleros antiguos.
“Para fortuna de México, podemos decir que somos la cuna del muralismo universal. Nuestro país le ha dado un arte monumental y humanista al mundo, el cual nos ha permitido hablar de nosotros mismos, de nuestros valores y raíces.
“Todo esto viene de la tradición milenaria de los antiguos mexicanos. He tenido la oportunidad de revisar códices e investigar arqueológica y antropológicamente el sentido que tiene el muralismo en esas raíces, en las que ya había relatos, leyendas y épica; todo era un diálogo enorme que llevaba a que los códices fueran pequeños murales, porque un mural no tiene que estar condicionado por cientos de metros o kilómetros”, dice Otero, quien explica qué elementos fundamentales conforman un mural: “Es una construcción arquitectónica, visual, didáctica, épica, narrativa, escenográfica, cinematográfica, poliangular. Además, se trata de obras comprometidas porque sus bases están en la justicia social y eso está en estos antiguos relatos”.
Celebra 46 años como muralista con Códices. ¿Cómo concibió el libro?
La verdad es que nunca pensé que se convertiría en un libro. Algunas personas me preguntaban: “Oiga, ¿y dónde podemos conseguir libros suyos?”. Pues no hay. La Lotería Nacional, cuando hice un mural en ese organismo en 2010, hizo uno exclusivamente dedicado a mi obra que se llama El juego de la fortuna, pero no se distribuyó, solo fue un volumen de visita y para obsequiar a ciertas personalidades.
Por eso es que decidí hacer Códices. Tomé el nombre cuando encontré que el muralismo era un códice también, y que mi obra mural surge de investigar en esas narrativas antiguas. Para el libro escribí una carta dirigida a un joven aspirante a muralista, con la idea de que si algún joven lee esa carta, entienda qué es el muralismo. Es una obra que tiene diálogo, para leerse y disfrutarse, no es un libro de escritorio o de mesa de centro.
Hay un concepto del que usted ha hablado profusamente en su obra: el nacionalismo, el cual muchas veces se usa de manera negativa. ¿Cuál es su relevancia ahora?
La verdad es que nosotros deberíamos de recuperar el nacionalismo. Sin embargo, lo fueron quitando, tal y como sucedió con el Instituto Federal Electoral que ahora es Instituto Nacional Electoral. Me pregunto dónde quedó la federación, que es parte del nacionalismo.
Algunas veces escuché decir a algunos intelectuales que para qué tanto nacionalismo. Y yo me pregunto: ¿quiénes no son nacionalistas? Los europeos lo son, igual que los estadunidenses, y ahora mucho más, con una raíz profunda, aunque vengan de 13 colonias extranjeras. Nosotros tenemos que recuperar el nacionalismo porque es la esencia de México, y es lo que nos ha dado identidad y mexicanidad. Nos identificamos porque tenemos un pasado glorioso, milenario, que nos engrandece profundamente y que nació de las grandes culturas mexicanas y mesoamericanas.
Tenemos que recuperar ese sentido de nacionalismo, y el muralismo mexicano ha servido para conservar esa raíz profunda y para indicar la grandeza de la nación que poseemos y que nos tiene por hijos.
El muralismo es esencial para ese propósito, pero ¿qué tanto los jóvenes artistas están interesados en el muralismo actualmente?
La verdad es que los jóvenes artistas no están interesados en el muralismo. Son artistas y hay cientos, miles de ellos, pero muralistas, somos dos o tres los que estamos sobre los andamios y por eso vive, pero no porque nos tomen mucho en cuenta.
Aunque toda mi obra le pertenece al Estado, este ha descuidado desde hace muchos años al muralismo mexicano porque están interesados en otras cuestiones. Puedo asegurar que hay un abandono hacia las artes. Por ejemplo, el mural que hice en la fachada del mercado Melchor Múzquiz en 2008 sufre del abandono de las autoridades y de los mismos locatarios. Lo hice por encargo del entonces delegado de Álvaro Obregón, Leonel Luna, para evitar que tiraran el mercado y en su lugar construyeran una de esas plazas modernas. Actualmente el mural tiene algunas agresiones de grafiteros y las columnas están destruidas prácticamente.
El muralismo permanece porque dos o tres aún lo hacemos. Yo estoy sobre los andamios, todavía estoy trabajando y continúo en esa lucha de que no desaparezca. Cada vez que perdemos algo identitario, el país sufre. Cuando se pierde una lengua originaria, eso es grave para nuestro país; cuando se comen más hamburguesas que tacos, también es grave. Todo lo veo desde la mirada del muralismo.
Ha dicho que un mural debe contar con el elemento cinematográfico y que, cuando concibe uno, primero plasma la historia en papel. ¿Cuál es su cine favorito? ¿Hay alguna película que lo haya marcado?
A mí me cautivó la épica de nuestro cine revolucionario, en las que se contaron las leyendas de Francisco Villa y Emiliano Zapata. De alguna manera también influyó aquella parte en la que el pueblo reclama no prebendas ni regalos, sino justicia social.
En el cine encontré elementos, es verdad, pero además el muralismo, hay que decir esto, también sirvió para el cine. Mucho de lo que se relató en la pantalla grande también fue el relato del muralismo mexicano y sirvió en los dos campos. De ahí que cuando el cineasta ruso Sergei Eisenstein vio lo que era el muralismo mexicano, se encontró con un gran relato épico, que servía de comparación entre el muralismo que se estaba haciendo en Rusia. Claro que el nuestro tenía un reclamo político de justicia social que era mucho más importante.
Muchos de sus murales forman parte de la Ciudad de México. Los vemos en el Metro, en plazas públicas de diferentes alcaldías, en el Instituto Politécnico Nacional y en recintos como la Secretaría de Gobernación. ¿Cuál ha sido la relación que ha mantenido con la ciudad?
Para mí, nuestra ciudad es una maravilla, es mágica. En aquellos tiempos que yo era estudiante de la Escuela de San Carlos tuve la oportunidad de recorrer con mis compañeros aquellos rumbos maravillosos de Tepito y La Merced. Lamentablemente con el tiempo se volvió una zona peligrosa.
Muchas veces he tenido la oportunidad de llegar al Centro a las cinco de la mañana y es una maravilla. Cuando estuve creando una obra en el Zócalo, yo llegaba todos los días a trabajar a las cinco y media de la mañana. Esas madrugadas eran conmovedoras para mí, porque recuperaba en mi memoria los recorridos de las calles y de aquellas cantinas donde íbamos los estudiantes; recuerdo que por unas cuantas cervezas nos daban de comer muy sabroso.
He tenido experiencias a través del arte. En 2020, con el presidente Andrés Manuel López Obrador, con motivo de la celebración del Día Nacional del Maíz (29 de septiembre) me encargaron que en la plancha del Zócalo hiciera un maíz de siete metros de altura, y lo construí ahí mismo. Fue muy emocionante trabajar en la plancha del Zócalo, ahí frente al Palacio Nacional y a un lado de la bandera. Muchas cosas yo podría recuperar en mi memoria siempre, de la fuerza que tiene nuestra ciudad, como cuando he tenido la oportunidad de ir a marchas. Todo eso es majestuoso, creo que somos una de las ciudades más bellas del planeta.
¿Tiene usted algún gusto musical en particular? ¿Hay algún elemento en los sonidos de México o del mundo que se puedan traducir a pintura mural?
Mire, la verdad es que amo los corridos mexicanos antiguos, de Chente [Vicente Fernández] para atrás: José Alfredo, Pedro Infante, los grandes corridos de principios de siglo XX, aunque tengo incluso un par que son de finales del siglo XIX. Un día dije que lo más parecido al corrido mexicano es la ópera y se rieron. Lo que sucede es que el corrido es una leyenda y la ópera también lo es.
También me gustan los boleros y la música clásica. Normalmente escucho radio todo el día: programas culturales, históricos, y música clásica, que me acompaña casi todo el día. Como a las 5, ya pongo algunos corridos. Los sábados me gusta escuchar el folclor de nuestros pueblos, los cantos veracruzanos, guerrerenses y michoacanos. Todo esto de los pueblos me fascina; la música de banda, no se diga. Me emociona mucho la música de nuestro país.
¿Qué pasa con las nuevas tecnologías? ¿Cómo abrazarlas, reconocerlas y entenderlas? ¿Cómo afecta esto al muralismo?
Aquí la cuestión es que si el muralismo cayera de pronto, espero que no, en la mentira de que la Inteligencia Artificial va a producir un mural. Yo no me la voy a creer. Ahora veo que hacen mapeo con luces láser y les ponen el título de murales a estas instalaciones lumínicas. Yo diría que ni siquiera son murales efímeros, más bien son decoraciones efímeras que hacen sobre paredes, pero no tiene nada que ver con el muralismo.
Lo que pasa es que han abusado de las palabras muralismo y mural. Reitero: yo no tengo nada en contra de los muchachos que pintan paredes, pero para mí ellos son paredistas, simplemente no tiene nada que ver con el muralismo porque carece de sus códigos, como la narrativa y la épica.
Entonces lo que se expresa en una pared con luces, con lo que sea, tampoco tiene nada que ver con el muralismo. Si yo proyecto un mural en una pared, no significa que la pared se convierta inmediatamente en un mural, no, es una proyección de un mural sobre una pared, es lo mismo que hacen con las luces.
Se habla de que con la Inteligencia Artificial se puede hacer un mural. Ya vi algunas cosas que quieren llegar a eso, pero esta tecnología nunca podrá superar la narrativa y la esencia del muralismo mexicano. La humanidad nunca podrá ser superada por nada, porque en el momento que fuera superada, estaríamos en manos de las máquinas.
AQ / MCB