Ciencia y Salud

Pérdida de músculo y mayor riesgo de diabetes: las graves consecuencias de las dietas restrictivas sin guía

La nutrióloga Paola Zarza Reynoso advierte que algunos tipos de alimentación son recomendables, pero en casos muy específicos y por un tiempo delimitado.

Esbeltez producida con edición y cientos de videos en internet con recomendaciones para bajar de peso: la era de la súper delgadez parece estar de vuelta, junto con las implicaciones que esto tiene, muchas de ellas, reflejadas en el cuerpo y la relación con la comida.

La invención del Ozempic, junto con la enorme cantidad de videos que circulan en redes alimentan la presión para perder peso. Dietas restrictivas como la keto, bajas en calorías o “detox” junto con planes de alimentación con un solo tipo de comida forman parte de la búsqueda del estándar “ideal” que, a la larga, pueden tener graves implicaciones en la salud.  


Así lo detalla una conversación con la Mtra. Paola Zarza Reynoso, nutrióloga especialista en obesidad y comorbilidades, con más de 15 años de experiencia clínica y miembro del comité científico de la Federación Mexicana de Diabetes.

No todas las dietas restrictivas son iguales

No es que no se puedan utilizar. Médicamente es posible optar por dietas restrictivas, es decir, aquellas que limitan significativamente el consumo de calorías, nutrientes o grupos enteros de comida, como por ejemplo la cetogénica (mejor conocida como keto), baja en grasa, detox o baja en carbohidratos.

Sin embargo, su aplicación se da en contextos muy específicos, pues depende de los requerimientos de cada persona, presencia de enfermedades y un tiempo establecido por un experto, como plantea Zarza Reynoso.

“Pocas personas asisten a un nutriólogo a que los valore (...) La realidad es que muchas veces no son candidatas (porque no tienen obesidad ni sobrepeso) y las personas ponen en riesgo su salud queriendo alcanzar metas que no son reales”

El dato

¿Quiénes sí deberían de utilizarlas?

Según la especialista, las dietas restrictivas son una opción viable bajo supervisión y suplementación adecuada en los siguientes casos:

Insuficiencia renal

Obesidad severa

Alergias e intolerancias alimentarias


Las cuatro grandes consecuencias que tiene la búsqueda de la delgadez

Las dietas son populares por sus resultados rápidos, lo que fácilmente opaca sus principales desventajas: es prácticamente imposible sostenerla a largo plazo; sin olvidar que, en palabras de la nutrióloga “vas a tener desordenes en tu cuerpo”.

“Estamos concentrados en el peso, pero, pesar menos ¿a cambio de qué?”, plantea la especialista. “Si pierdes músculo y agua estás sacrificando los componentes que determina tu salud a largo plazo”.

Masa muscular: riesgos para la vida futura

Uno de los procesos más graves a nivel sistémico es la pérdida de masa muscular . Cuando una persona restringe las calorías que come, su cuerpo busca alternativas: no solo usará grasa como fuente de energía, también echará mano de la masa muscular. Especialmente si se trata de una dieta insuficiente en proteína.

Cuando el cuerpo comienza a comerse a sí mismo inician los problemas: entre menos músculo haya, menos es la cantidad de insulina que se procesa, lo que provoca debilidad, mayor riesgo de diabetes tipo 2 y acumulación de grasa.

Ahí está la paradoja para quien desea reducir tallas. La masa muscular es el principal predictor de gasto energético, “es decir, podemos tener la misma edad, el mismo peso, ser mujeres, tener la misma estatura, pero si yo tengo más músculo que tú, yo gasto más calorías que tú. Si tienes poco músculo, tu cuerpo gasta poco”, explica la nutrióloga.

Esto explica por qué hay casos en los que, pese a que la persona come poco, se estanca en su peso. Más allá de los números en la báscula, están de los que se restan a la calidad de vida. La masa muscular es un referente para la prevención de caídas y fuerza en la vejez.

“El consumo de proteínas para prevenir caídas. Si te caes y te fracturas después de los 40 años, la cadera, el fémur o algún hueso muy grande, tu esperanza de vida disminuye drásticamente”.


Efecto rebote

Investigaciones respecto a las dietas restrictivas estiman que apenas un 20% de quienes recurren a este tipo de alimentación logran mantenerla. En general, para el cuerpo se trata de una táctica que lo pone en peligro. Ante la falta de alimento, el cerebro dispara señales de hambre intensas.

"Es la fórmula perfecta para el rebote: bajas calorías, pierdes músculo, tu metabolismo se ralentiza y tu cerebro te ruega que comas. Al final, recuperas el peso, pero ahora tienes más grasa y menos músculo que al principio", detalla la Mtra. Zarza.

Recurrir a las dietas restrictivas encamina a quien las utiliza a recuperar su peso en grasa. Difícilmente logrará restaurar el músculo.

La nutrióloga Paola Zarza Reynoso advierte que algunos tipos de alimentación son recomendables, pero en casos muy específicos y por un tiempo delimitado.
Las dietas que suelen excluir alimentos o restringir la cantidad de los mismos no siempre son recomendables | Especial

Piel, cabello, hormonas y problemas digestivos

Comer poco y reducir la variedad de opciones muchas veces implica deficiencias nutricionales. De las principales que se observan durante dietas restrictivas son: hierro, calcio, complejo B (principalmente B12), magnesio, potasio, vitamina C y fibra.

Como efecto dominó, la carencia de estos nutrientes comienza a mermar la salud. Sin fibra, (se requieren entre 25 y 30 g al día) aparece el estreñimiento, gases, inflamación y riesgo de hemorroides.

Aumenta la pérdida de cabello, las encías sangran, los dientes pierden esmalte, la piel se opaca, mientras que el cabello junto con los huesos, se adelgazan.

Salud mental: depresión, ansiedad y mayor riesgo de trastornos de la alimentación

El sistema nervioso entérico, mejor conocido como el "segundo cerebro", se encuentra en el intestino. No solo es responsable de la digestión sino también de la producción de hasta el 90% de la serotonina. El gran papel que juega se ve fácilmente afectado por los cambios en la dieta.

Por ello, comer de esta manera aumenta el riesgo de depresión.

Además, debido a que el cerebro no sabe porque recibe menos comida de la que debería, comienza a desplegar señales de emergencia en la que se libera cortisol lo que aa grandes rasgos, se verá reflejado a la hora de dormir.

“Voy a tener dificultad para despertar, voy a tener muchísimo cansancio a pesar de dormir 8 horas. Es despertar y seguir cansado porque el cortisol, está desregulado". 


¿Hay algo que se pueda hacer?

La respuesta de la especialista es relativamente sencilla: volver a comer, pero sin culpa. Su propuesta para una salud sostenible se basa en tres pilares:

  1. Escuchar las señales de hambre y saciedad: no es normal irse a dormir con el "hoyo en la panza", tampoco llenarse hasta reventar.
  2. El orden de los alimentos: priorizar verduras, seguidas de proteínas y grasas, dejando los carbohidratos al final del plato para regular la glucosa.
  3. La regla del 80/20: comer de forma saludable y equilibrada el 80% del tiempo, permitiendo un 20% de flexibilidad para disfrutar de alimentos por placer social o antojo.
"Un plan de alimentación que es bueno para tu cuerpo se siente bien. No tendría por qué causarte dolores de cabeza, cansancio o angustia", concluye la experta.

Quienes han sufrido Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) en la juventud, como anorexia o bulimia, mantienen una vulnerabilidad mayor de restringir alimentos en la adultez. Incluso en etapas como el embarazo.

El miedo a subir de peso puede detonar nuevamente conductas que ponen en riesgo tanto a la madre como al bebé, algo de lo que la también miembro del comité científico de la Federación Mexicana de Diabetes ha sido testigo.

En su experiencia, restringir solo contribuye a los riegos de desarrollar o reincidir en algún tipo de TCA. En un país en el que hasta el 25% de sus adolescentes se enfrentan a este problema, queda claro que la delgadez se convirtió en un objetivo capaz de borrar incluso el precio que podía llegar a tener en la salud. 

LHM 

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Lizeth Hernández
  • Lizeth Hernández
  • Más que contar, me gusta escuchar historias. Egresada de la FCPyS, UNAM, escribo para interpretar a una ciudad que se devora a sí misma. Actualmente cubro temas de ciencia, salud y en ocasiones, relatos del pasado.
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