Ciencia y Salud

Trabajan con lo que varios temen: secretos de tres tanatólogas para enfrentar el miedo a la muerte

Las pérdidas de familiares y sus procesos de duelo han construido en Maricusa, Marian y Teresita una concepción de la muerte totalmente alejada del "común denominador": un hecho negativo y digno de temerse.

Aunque existen creencias que hablan de un paraíso, el reencuentro con quienes se adelantaron o sólo un eterno descanso, la realidad es que nadie sabe qué hay después de la muerte; cómo se siente, o a dónde va nuestra alma. Y para algunas personas, eso es más que suficiente para sentir miedo y ansiedad por el día en el que les toque dar su último aliento.

Pero mientras unos cambian la conversación tan pronto las palabras “morir” o “funeral” son puestas sobre la mesa, otros más las escuchan y trabajan a diario con ellas; a tal punto de resignificarlas como “una gran fortuna” o “algo natural”. Estas son las visiones de Marian Helú, Maricusa Castrejón y Teresita Tinajero.

Reconocer el dolor para sanar

Marian Helú considera que detrás de cada tanatóloga o tanatólogo hay una historia que lo motivó a especializarse en aquello que muchos rehúyen: los duelos y la muerte. En su caso, el día que su madre falleció por cáncer de colon.

A partir de entonces, su relación con la muerte dio un giro de 180 grados. Pero ese cambio de chip no ocurrió inmediatamente después, pues, reconoce, no fue consciente de la pérdida tan grande que ella (de 19 años), su padre, su hermano y su familia estaban atravesando.

“Hay algo curioso en los adolescentes: siempre piensan que no les va a pasar. Ese es un pensamiento de inmadurez y egocéntrico, súper característico del adolescente”, explicó. “Yo ni siquiera creía que mi mamá iba a morir. Mi mamá estaba en su lecho de muerte y mi papá me sacudió y me dijo: ‘Marian, tu mamá se está muriendo’, porque yo quería continuar mi vida desde este lugar de negación”.

Por ello, cuando la muerte tocó a su puerta, el enojo fue superior a la tristeza, y éste se acompañó de una “ansiedad tremenda” que durante muchos años sembró el temor a perder a alguien más de su familia o sus amistades.

“Cuestioné mi propia existencia. Me hizo darme cuenta que me da mucho miedo morir; que me da mucho miedo perder a otras personas que yo amo”. Y así, durante casi cuatro años, vivió con ese temor.
“No es algo sencillo porque algo que hace el duelo es que cambia dinámicas y deja muchos espacios. Y esos espacios duelen, pues son recordatorios de que esa persona ya no va a estar en un futuro”.
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La reconciliación llegó a finales del 2019, cuando Marian terminaba su licenciatura en psicología; a la cual entró con intereses alejados a la tanatología. “'Yo no entré a estudiar porque me gustaban los temas de la muerte. En ese momento me gustaban los niños”.

Su afinidad por comprender los procesos de duelo despertó en el estallido de la pandemia del Covid-19, cuando “la incertidumbre y muerte estaba en la puerta de todos”, ya no sólo en casa de enfermos o adultos mayores.

A partir de ese momento entendió que para superar la ansiedad por la muerte y aceptar que es inevitable, hay que integrarla a nuestra vida. Y esto implica reconocer las emociones del duelo, como la tristeza, el enojo o el dolor.

“Cuando hay algo que te mueve, vívelo, piénsalo, platícalo, escríbelo y suéltalo. Muchas veces queremos evitar sentir (...) pero cuando las vemos, es más sencillo integrarlas a nuestra vida (...) y eso nos puede ayudar a transformar”.
Marian Helú, tanatóloga y psicóloga, también se especializa en terapia infantil
Marian Helú, tanatóloga y psicóloga con maestría en Psicoterapia | Cortesía: Marian Helú

Fortuna, acompañar a los queridos hasta su último momento

Teresita Tinajero se familiarizó con la tanatología desde su infancia, cuando ni siquiera se utilizaba ese término. Haber crecido con familiares longevos influyó mucho en ello, así como las misiones humanitarias que realizó a sus 13 años y las visitas a enfermos y ancianos en hospitales.

Sin embargo, no todas las personas empatizaban con la idea de fallecer o perder a alguien más. Y eso lo entendió cuando en una ocasión, alrededor de los años 80, escuchó de la voz de dos enfermeras de un hospital: “No le hagas caso (al paciente). Tiene SIDA y ya se va a morir”.

“Ahí yo dije: ‘¡Ah, caray! Algo tengo que hacer’. Y fue la primera vez que me nació hacer algo por estos pacientes que están a punto de morir”, recordó la hoy presidenta del Instituto Mexicano de Tanatología A.C.  en entrevista con MILENIO

Pese a haber atravesado la pérdida de su esposo y de su padre, su concepción sobre la muerte es distinta a como socialmente se percibe —algo negativo y digno de temer—.

El marido de Teresita falleció a los 49 años por un cáncer que, pese a haberse curado, regresó mucho más agresivo y le arrebató la vida en una semana. Sin embargo, la manera en cómo ella y sus tres hijos adolescentes (de 12, 14 y 16 años) atravesaron ese proceso sorprendió a enfermeras y médicos.

“En el hospital estuvimos mis hijos y yo. Mis hijos le cantaban las canciones que le gustaban, tocándolo. (...) Estuvimos ahí. Ellos se despidieron de él”. Aunque desde la perspectiva del hijo mayor, Teresita no sólo estaba despidiendo al padre de sus hijos:

“Me escribió mi hijo de 16: ‘Mamá, ya no hay nadie que te proteja. Tú eres la cabeza ahora porque no tienes papá, no tienes esposo’”.

Ante ello, Teresita sólo pudo darse cuenta de una cosa: la fortuna que tuvo de acompañar a sus dos seres queridos hasta el final de su vida. Una realidad que, quizás, para otras personas es algo impensable o difícil de conversar.

“He tenido la fortuna de tener lo que a mucha gente le da miedo. (...) No sabes la satisfacción tan grande que da”, dijo a MILENIO. “La gente no se da cuenta que mientras tú te reconoces como un ser finito, vas a vivir plenamente. (...) A veces damos las cosas por hecho”.
Lamentaron que en México no existe un sistema integrado de cuidados paliativos.
La presidenta del Instituto Mexicano de Tanatología afirma que acompañar a los seres queridos hasta su último día de vida es una fortuna | Freepik

"A los tanatólogos nos encasillan en una sóla cosa"

Maricusa Castrejón considera que, más allá del miedo a morir perse, el temor es a lo que sucede y deja de suceder después del fallecimiento de una persona; o al “cómo voy a vivir ese proceso”.

En ese sentido, tanto Teresita como Maricusa coinciden en considerar y estudiar a la muerte como un suceso multifactorial que trae consigo otro tipo de duelos. Por esa razón, Castrejón defiende que la función de la tanatología va mucho más que los funerales, las cintas negras y el último adiós a un familiar.

“A los tanatólogos nos encasillan únicamente en esta esfera de la muerte, (...) tiene que ver con la vida y las pérdidas y cómo las procesamos en un espectro de duelo”. Y la prueba más tangible de ello está en sus propias pérdidas.

“Han sido estas pérdidas las que se han ido transformando en una profunda pasión y amor por la tanatología. Entender mi proceso de vida, cómo he tenido que resignificar y procesar mis duelos, es lo que me llevó a ir puliendo mi vocación”, dijo a MILENIO.

Así, y a través de los ojos de sus pacientes, Maricusa considera que “la muerte no sólo es un final” y no se reduce sólo “a la muerte física del ser humano”, sino que tiene otras aristas. Y aunque sea difícil concebirlo como tal, esa diversificación es una ventaja para resignificar lo inevitable”.

“A pesar de que están transitando dolores inimaginables, he sido testigo de cómo los han transformado en aprendizaje y resiliencia. (...) La idea es que el dolor no se convierta en sufrimiento sino en un entorno de consciencia de muerte para crear una consciencia de vida”.

O en otras palabras, enfocar “en lo que todavía tienes y lo que todavía se puede trabajar”.

ASG

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Alejandra Sigala
  • Alejandra Sigala
  • Egresada de la UNAM. Te explico las tendencias en redes sociales y los temas que despiertan tu curiosidad en el día a día. Escucho, amo y a veces escribo sobre K-Pop. Me encanta bailar y los gatos.
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