Preguntarse “qué sucede o a dónde iré después de morir” es una reacción tan humana que a lo largo de la historia se han formulado decenas de escenarios para dar respuesta a esa gran incertidumbre. Pero aún así, nada es completamente seguro y sobre pensar esta realidad puede generar ansiedad o miedo desmedido por la muerte; la llamada tanatofobia.
“Mucho viene de lo desconocido; de esa incertidumbre que tiene el morir; de que nadie ha regresado para contarlo. Y el no saber las cosas, para el ser humano, se convierte en una cuestión de mucho miedo”, explicó la tanatóloga, Marian Helú, en entrevista con MILENIO.
Detrás de la tanatofobia: ¿Por qué le tememos a la muerte?
Parado en la orilla de una puerta y asomándose hacia un abismo, así es como el protagonista de la serie Bojack Horseman se enfrenta a lo que parecía ser la muerte: una oscuridad profunda sin un más allá u “otro lado” en el que alguien lo estuviera esperando. “No hay otro lado. Esto es todo” le dice Herb, su mejor amigo y mentor, antes de desaparecer en ese abismo.
Algunas personas perciben la muerte como ese capítulo. Un “salto de fe” en el que “no sabemos qué vendrá después” y, por lo mismo, nos hace cuestionar nuestra identidad, historia, propósitos y sentido de vida. “Involucra muchos factores pensar en nuestra muerte”, reflexionó Helú.
Por ejemplo, la también tanatóloga y psicóloga, Maricusa Castrejón Soltero, considera que detrás de ese temor está el miedo a la separación, a la ausencia o a lo que puede cambiar en nuestra vida. Esto desde la perspectiva de “quienes se quedan”; mientras que “en los que se van” es el miedo a lo desconocido o, si atraviesan por una enfermedad, al sufrimiento.
“No es tanto miedo a la muerte, sino a cómo va a ser mi proceso agónico y cómo voy a vivir este proceso de muerte”.
La muerte no es algo negativo
Es difícil poner sobre la mesa el tema de morir sin que alguien prefiera evitarlo o cambiar a una conversación más amena. Pero para “hacer las paces” con este asunto, el primer paso es aceptarlo como algo que viene por default, ya que, como dice el dicho, lo único seguro que tenemos al nacer, es la muerte.
“Aceptar que eso es parte de la vida, así como el dolor. Y eso no es algo negativo, sólo es una emoción más que se vive en un duelo. El morir también nos hace humanos (...) no somos superhéroes ni inmortales; todo lo contrario, somos frágiles.”, comentó Helú. “Atribuimos lo negativo a la muerte porque el dolor nos aterra a los seres humanos”.
Además del miedo a lo desconocido, Maricusa considera que esta ansiedad también deviene de la falta de control. Esto porque la muerte no sólo es lo único seguro que tenemos al nacer, sino que tampoco tenemos dominio sobre cuándo, dónde y cómo ocurrirá de manera natural.
Por ello considera que en lugar de “controlar” ese temor, lo que se necesita es aprender a gestionarlo. ¿Cómo? Desde el presente y de manera preventiva: crear una conciencia de muerte para crear una conciencia de vida. “No podemos evitar que sucedan o no las cosas, pero en este presente, de aquí a cinco minutos sí podemos generar perspectivas y recursos preventivos”, señala.
Una manera de generarlas es teniendo conversaciones anticipadas con la familia e incluso con amigos sobre últimas voluntades (la canción que quieren que suene en el sepelio o si preferirían ser cremados a enterrados en alguna perpetuidad); deseos; miedos; cómo quisieran que actuaran ante un momento de enfermedad terminal, etcétera.
“Esto devuelve un poco la gestión. Ojo, no el control, sino la gestión de lo que se puede hacer el día de hoy. Porque la vida siempre va a ser incierta. (...) Aquí la idea es que tu enfoque también vaya hacia lo que todavía tienes; lo que todavía se puede trabajar, y lo que todavía se contempla”.
¿Cuándo se vuelve dañino?
En cierta medida, hablar de la muerte puede ser sano para la salud mental, pues, hasta cierto punto, es una manera de indagar en nuestros objetivos, sentido de vida, consciencia y aceptación de lo inevitable.
No obstante, este ejercicio de autorreflexión camina en la delgada línea de convertirse en el principal motor de la vida de alguien y ser lo único que acapara toda la atención. Ahí es cuando las alertas deben encenderse, pues aunque sea lo único seguro en la vida, “no llegamos sólo para morir”.
“Cuando no estamos concentrados en vivir y afecta tu vida, tus áreas de vida y el trabajo. Cuando sobre piensas lo que todavía no sucede, ahí es cuando las red flags se asoman y podemos reconocer que nos quita control de lo que vivimos hoy en día”.
ASG