Cada hora tres personas están perdiendo una mano, una pierna u otra extremidad, no importa el momento, esto sucede como mínimo 75 veces al día. Y podrían ser más, porque el registro oficial se estancó en 2015.
Las cifras son abrumadoras en sí mismas: al año ocurren más de 27 mil amputaciones. Y aunque no siempre es necesario mirar los datos para saber lo difícil que puede ser vivir sin una extremidad —pues tanto calles, espacios públicos y hasta hospitales carecen de facilidades de acceso, sólo por mencionar un ejemplo—, a veces leer de primera mano a quien ya sufrió uno de estos incidentes nos ayuda a dimensionar lo frágiles y expuestos que estamos ante los accidentes.
Zayra tenía 11 años y esperaba a su papá en la banqueta cuando un taxi la aplastó contra la pared. Aldo era un marino, iba en moto por una carretera de Oaxaca cuando un auto invadió su carril. Ninguno estaba haciendo nada arriesgado. Solo iban por la vida, como cualquiera de nosotros.
Sus historias son el retrato de dos personas resilientes que, ante la adversidad de las estadísticas, han logrado no sólo lo admirable, sobrevivir y recuperarse; fueron más allá: romper el arquetipo de una persona amputada. | LEER MÁS