Aunque asociamos el duelo con la muerte de un familiar, de un amigo o incluso de nuestra mascota de la infancia, quedarnos sin empleo o descubrir que el trabajo de nuestros sueños no es como lo imaginábamos también es una pérdida que puede generar dolor y tristeza. A ello se le conoce como duelo profesional.
Al buscar dicho término en Google, las primeras definiciones están relacionadas con el ámbito de la medicina, por ejemplo, cuando un médico, una enfermera o un cirujano atestiguan la muerte de un paciente. Sin embargo, también comprende el dolor que se atraviesa tras despedido, cambiar de puesto o moverse de oficina.
“Hay un duelo, por así llamarlo, invisible. Porque a lo mejor no lo estás perdiendo, pero estás perdiendo la idea que tenías de ello”, explicó la psicóloga, Alejandra Ortigoza, en entrevista con MILENIO.
¿Qué es el duelo profesional?
El duelo es el proceso que se vive tras sufrir una pérdida personal o de grupo, experimentando emociones como la negación, aceptación, ira, tristeza, negociación, nostalgia, entre otras más.
Y aunque en la mayoría de las pérdidas se atraviesa por estas sensaciones, no todas son validadas de la misma manera, sino que son desaprobadas, juzgadas o rebajadas. Dentro de ese grupo — al cual se le conoce como duelos no reconocidos— entra el duelo profesional.
Además de ser despedido o que un trabajo nos desilusione, Ortigoza señaló que el cambio de puesto también impacta emocionalmente, pues no sólo implica la modificación de tareas o reestructura, también de el cambio de área de trabajo y la posición en el organigrama. Más aún si se trata de un descenso de categoría.
Sin embargo, el duelo profesional no sólo se limita a trabajadores y trabajadoras. También puede afectar a las y los universitarios recién egresados que no han tenido éxito en la búsqueda de su primer empleo o las ofertas disponibles no tienen relación con su carrera.
“Tiene que ver con la parte profesional porque a lo mejor no encuentran donde están buscando o no cubren los requisitos que se requieren. Y entonces implica el dolor de: ‘¿Por qué si me formé en esto, no estoy encontrando nada?’”, explicó la psicóloga.
“O cuando no tienen trabajo, ese duelo puede tardar un mes o un año, y ahí implica ese duelo en el que empiezan a ver todas esas creencias hacia ellos mismos (‘No estoy dando el ancho’, ‘No soy suficiente’) y todo eso provoca que el duelo crezca y haya mucha más emocionalidad negativa”.
Duelo invisible, cuando los daños son discretos
El duelo invisible surge, principalmente, cuando el trabajo nos decepciona o es completamente diferente a como pensábamos o nos lo ofrecieron. Y una de sus características es que las afectaciones —emocionales y en el rendimiento —son discretas y progresivas.
Según Ortigoza, puede presentarse de diferentes maneras.
- Trabajar en automático
Hacer los compromisos, asistir a las juntas y entregar los pendientes sólo por cumplir.
“A lo mejor ya no hay algo que realmente te motive para seguir haciéndolo. (...) Muchas veces decimos: ‘Ya nada más voy a que me paguen’, pero hay veces que ni siquiera el pago es el motivante”.
- Aislamiento
La desmotivación puede llevar a una persona a alejarse de sus colegas, jefes o incluso sus “amistades godínez”. A ello se le aúna un constante todo de molestia, semblante enojado o triste y desganado.
- “Ya no nos gusta”
La vida laboral es como una montaña rusa: a veces habrá momentos de plenitud y éxitos, pero también de tropiezos y equivocaciones. Sin un equilibrio, esta dinámica puede “quitarnos el gusto” que uno día nos llevó a firmar ese contrato.
“Cuando estamos en uno que sí nos gusta, pero, por ejemplo, tengo un conflicto con alguien, aún así me siento bien con lo que hago y con lo que me desempeño. Pero si de pronto ni el conflicto ni las tareas que realizo ni encuentro un propósito o un sentido, ahí habría que tomar una decisión diferente”.
EL DATO¿Qué es el burnout laboral?
La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo reconoce como el estrés laboral crónico que no se ha gestionado adecuadamente, caracterizándose por tres dimensiones:- Sensación de agotamiento o falta de energía- Mayor distanciamiento mental del trabajo o sentimientos de negativismo o cinismo relacionado con el trabajo- Eficacia profesional reducida
Equilibrio: claves para evitar el burnout
Aunque esa tristeza o frustración pareciera vivirse y quedarse en las cuatro paredes de la oficina, la realidad es que pueden extenderse a otros ámbitos de la vida diaria. O como Ortigoza lo señaló, “desencadena el efecto de bola de nieve”.
“Conlleva una serie de factores psicológicos, emocionales y sobre pensamientos que pueden realimentar ese dolor”.
Por ejemplo, algunos de los pensamientos que surgen tras perder el trabajo (ya sea por renuncia o despido) son: “No tengo valor”, “No soy valioso” o “No soy digna por no poder entrar a esta dinámica laboral”.
De acuerdo con la psicóloga, esto ocurre porque la persona “ligó su valor a la parte laboral”. Es decir, su identidad se formó exclusivamente alrededor de ese trabajo— y con ello, a una cierta jerarquía, ingreso y estatus—.
“Si lo vinculamos sólo a eso, podemos ser muy volubles, nos puede dañar, no estamos realmente consolidando nuestra autonomía por tener expectativas a partir de la aprobación externa”.
Por ello, Alejandra Ortigoza considera que la clave para prevenir esa crisis está en el equilibrio: alimentar diferentes áreas de la vida, de tal forma que si en alguna de dichas esferas falla, la persona pueda recargarse en las demás.
ASG