Frankenstein, el capitalismo y la inteligencia artificial
"Nada hay tan doloroso para la mente humana como un cambio brusco y profundo", escribió en 1816 la británica Mary Shelley, en su novela Frankenstein.
Eso fue hace 210 años, pero la idea es tan vigente como aplicable hoy, por cómo se transforma la economía: Las mutaciones que provoca en México (y el mundo) la guerra, la Inteligencia Artificial y hasta la volatilidad de los mercados y la energía generan lo mismo nuevos modelos de negocio, que grandes transformaciones en el management empresarial.
Cuando Shelley escribió Frankenstein en el fondo hacía una crítica a la ambición desmedida del conocimiento científico y sus consecuencias destructivas; hoy –un poco más lejos de la literatura, pero íntimamente ligado a la realidad económica– Larry Fink, el CEO global del fondo de capital privado más grande del mundo escribió a sus inversionistas sobre los riesgos de un capitalismo que muta hacia nuevos paradigmas con crecimientos obvios, pero de impactos claros: “El riesgo no es que la tecnología no genere crecimiento, sino quién participa en ese crecimiento”, escribe.
Sin duda, Fink habla de las brechas por el reacomodo geopolítico derivado del conflicto Estados Unidos-Irán y las disrupciones tecnológicas que ponen en vilo a algunas industrias como factores que el sistema financiero debe tomar en cuenta para no tener consecuencias irreversibles a futuro.
En México, tanto el gobierno federal a través de nuevas políticas industriales como las empresas se preparan para tratar de obtener la mejor posición posible ante la revisión del T-MEC y tratando de proteger a las industrias del país ante la inercia de la penetración de las importaciones asiáticas.
Pero también la profundidad de esos cambios que hoy vivimos se están dando de forma a veces imperceptible e inesperada y no siempre amenazante: Una empresa que pasa de conectar choferes a crear un ecosistema digital que proyecta tener un impacto de 118 mil millones de pesos (casi medio punto del PIB) o de un fondo de inversión que ve en el entretenimiento y el deporte la apuesta para generar y exportar valor desde México.
Dentro de todo esto el país está por tomar una pausa para el descanso y las tradiciones de consumo de la Semana Santa.
La distancia y las pausas son útiles para tomar perspectiva. Al final, como escribía Shelley es importante tener en mente que como Frankenstein vivimos días en los que “si brilla el sol o las nubes ensombrecen el cielo, ya nada volverá a ser lo mismo que el día anterior”.