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La guerra contra Irán: más tiempo, más costo

En columnas anteriores me referí aquí al impacto que el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán traería a la economía global. Ese impacto ya empezó a materializarse y en estas últimas dos semanas lo hizo en tres frentes muy concretos que explican por qué todo se siente más inestable.

El primero es operativo. Tras los ataques y las respuestas inmediatas, varios países del Golfo cerraron o restringieron su espacio aéreo por horas o días. Eso obligó a aerolíneas y cargueros a desviar rutas. Un vuelo Asia–Europa se alargó entre 1 y 3 horas en promedio. Ese desvío implica más combustible, menos capacidad de carga y tarifas más altas. En carga aérea, que mueve electrónicos y componentes críticos, los precios subieron de inmediato.

El segundo es marítimo. Después de ataques y amenazas a buques, aseguradoras elevaron las primas de riesgo para cruzar el Golfo Pérsico. En algunos casos se multiplicaron varias veces en días. Muchas navieras optaron por reducir tránsito o exigir recargos. Eso ya se refleja en costos de flete más altos para rutas clave, no en teoría, sino en contratos firmados recientemente.

El tercero es financiero. En la última semana, emisiones de deuda corporativa en Estados Unidos y Europa se colocaron con tasas más altas o se pospusieron. Empresas que hace un mes podían financiarse a cierto costo hoy están pagando entre 30 y 80 puntos base más dependiendo del sector. Es un cambio directo en el costo del dinero.

Estos tres ajustes están conectados. Si transportar insumos cuesta más y financiarse también, los márgenes se reducen. Parte se traslada a precios, parte se absorbe y parte se traduce en decisiones más conservadoras.

Por eso la volatilidad no baja. No depende de un solo dato sino de cambios concretos que siguen ocurriendo. Cada ajuste en rutas, seguros o financiamiento modifica expectativas sobre costos y utilidades.

México recibe estos impactos de forma directa. Mayor costo de transporte encarece importaciones. Tasas más altas afuera elevan el costo del financiamiento local. Empresas exportadoras enfrentan cadenas más caras y menos predecibles.

El tiempo es un factor económico. Entre más se prolongue la guerra sin una resolución clara, más se acumulan los daños y más decisiones se toman bajo el nuevo entorno. Lo peor, además, es que estas decisiones no pueden revertirse en automático cuando baja la tensión, con lo cual la economía global seguirá pagando costos aún después de que el conflicto haya terminado.

Alfa positivo. Unilever México planea invertir 9 mil 400 millones de pesos para expandir dos plantas en nuestro país, según un comunicado de la oficina de Delfina Gómez, gobernadora del Estado de México.


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David Razú
  • David Razú
  • Economista dedicado a temas de finanzas, inversiones y previsión social. Director General de Afore XXI Banorte.
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