Los mercados de capital han multiplicado su valor, pero los salarios han crecido a un ritmo considerablemente menor, lo que ha generado una percepción creciente de que el sistema económico es excluyente en el mundo, advirtió Larry Fink, CEO de BlackRock.
En su carta anual a inversionistas, el directivo señaló que este fenómeno es una de las principales causas de la ansiedad económica global.
La influencia de Fink en méxico...¿Por qué es importante?
Larry Fink quizá no es profeta, pero conoce muy bien los hilos que mueven los mercados y la economía global. Particularmente en México, el fondo BlackRock (con activos globales por 14 billones de dólares) es el principal inversionista en una gran parte de las empresas listadas en la Bolsa Mexicana de Valores; y en los últimos años ha sostenidos reuniones tanto con el anterior mandatario como con la actual presidenta del país.
Además, a este escenario se le suma el impacto de la inteligencia artificial (IA), que podría replicar e incluso amplificar este patrón.
En paralelo, el directivo destacó que el mundo atraviesa una reconfiguración estructural, donde los países están priorizando la autosuficiencia en sectores estratégicos como energía, manufactura y tecnología.
Frente a este reto, Fink planteó que la solución pasa por democratizar el acceso a la inversión, impulsando herramientas como cuentas de ahorro vinculadas a inversión, educación financiera y nuevas tecnologías.
En particular, destacó el potencial de las billeteras digitales y la tokenización de activos para facilitar la participación de pequeños inversionistas.
Asimismo, subrayó la necesidad de replantear sistemas de retiro y pensiones, ya que muchos de estos esquemas están diseñados para ofrecer estabilidad, pero no crecimiento patrimonial, lo que podría resultar insuficiente frente a los desafíos futuros.
Según Fink, el sistema económico actual “sí está funcionando”, pero no para la mayoría de la población, ya que el crecimiento de la riqueza ha favorecido principalmente a quienes poseen activos financieros, mientras que los ingresos laborales han quedado rezagados durante décadas.
El directivo advirtió que, como ha ocurrido con otras revoluciones tecnológicas, la mayor parte del valor generado por la IA tenderá a concentrarse en las empresas que la desarrollan y en los inversionistas que participan en ellas, dejando fuera a una gran parte de la población.
“El riesgo no es que la tecnología no genere crecimiento, sino quién participa en ese crecimiento”, plantea en el documento.
Este cambio, aunque fortalece la resiliencia económica, implica costos más altos y una mayor necesidad de inversión a largo plazo.
Sin embargo, uno de los principales problemas es que la mayoría de las personas no participa en los mercados financieros.
Incluso en economías desarrolladas, una proporción significativa de la población no tiene exposición a instrumentos como acciones o bonos, lo que limita su capacidad de beneficiarse del crecimiento económico.
En este contexto, el directivo concluyó que el verdadero reto del capitalismo moderno no es generar riqueza, sino lograr que más personas puedan participar en ella, especialmente en un entorno donde la tecnología y la transformación económica avanzan a un ritmo cada vez más acelerado.
AG