Era el 11 de septiembre de 2004. El reloj marcaba aproximadamente las 16:00 horas cuando el estruendo de detonaciones de arma de fuego desató el caos en un centro comercial de Culiacán, Sinaloa. Entre el pánico de la gente y la movilización de un cuerpo de escoltas, los cuerpos de dos personas quedaron tendidos en el asfalto. No eran civiles comúnes sino que se trató de uno de los líderes del Cártel de Juárez y su esposa: Rodolfo Carrillo Fuentes y Giovana Quevedo.
La pareja había llegado recientemente de Navolato. Pese a que al centro de operaciones de la organización delictiva que para entonces encabezaba Vicente Carrillo Fuentes, alias El Viceroy, se ubicaba en Ciudad Juárez, Chihuahua, el clan familiar podía transitar con tranquilidad por Sinaloa debido a los acuerdos y compadrazgos que mantenían con Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada… o al menos eso creían.
Tras dicho doble homicidio, no hubo vuelta atrás. Una intensa e hiperviolenta guerra entre el Cártel de Juárez y el Cártel de Sinaloa se gestó aquel día y con ella el origen de un grupo criminal que dos décadas más tarde el gobierno de Estados Unidos se encargaría de designar como Organización Terrorista Extranjera.
El asesinato del Niño de Oro
Lo ocurrido aquella tarde de septiembre de 2004 en la capital sinaloense no fue más que el resultado de una serie de fallidos intentos de conciliación entre Joaquín El Chapo Guzmán y Rodolfo Carrillo Fuentes. De acuerdo con el propio testimonio de Vicente Zambada Niebla -hijo del Mayo- ambos líderes criminales acumulaban una racha de desencuentros.
El Vicentillo narró durante el juicio que enfrentó Guzmán Loera en la Corte de Brooklyn que Rodolfo Carrillo Fuentes había intentado hacerse del control de Navolato asesinando y delatando con autoridades a gente del Chapo que operaba en el municipio.
En aquel entonces, el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Juárez habían logrado una alianza estratégica que les permitía potenciar mutuamente su lucrativo negocio de tráfico de drogas a Estados Unidos, por lo que mantener una relación cordial era prioridad. Zambada Niebla refirió que se llevaron a cabo distintas reuniones en las que su padre, El Mayo, fungió como mediador.
"Lo que noté y comprendí en esa reunión fue que Rodolfo no quería arreglar las cosas, lo que quería era pelear en lugar de llegar a un acuerdo. Tanto es así que ni siquiera dejó hablar a su hermano, ni a Vicente; el único que habló fue Rodolfo”, explicó El Vicentillo de acuerdo con una transcripción consultada por MILENIO de su comparecencia en el juicio que enfrentó El Chapo Guzmán en la Corte de Brooklyn.
Ante la negativa de Rodolfo Carrillo Fuentes por conciliar, El Mayo Zambada autorizó su asesinato, mismo que fue ejecutado por hombres al servicio de Joaquín Guzmán Loera. El asesinato del también llamado Niño de Oro fue el presagio de una guerra que terminaría por estallar a todas luces y con todas sus fuerzas cuatro años más tarde.
El origen de La Línea y la guerra con el Cártel de Sinaloa
Aunque el asesinato del Niño de Oro marcó el inicio de la ruptura con el Cártel de Sinaloa, durante los siguiente cuatro años las organizaciones delictivas continuaron teniendo negociaciones vinculadas al tráfico de drogas. Entonces, los sinaloenses pagan una especie de cuota a un grupo específico de la organización carrillo Fuentes a cambio del uso del corredor fronterizo de Ciudad Juárez.
Aquellos tesoreros no eran más que un séquito de agentes del orden y funcionarios corruptos que colaboraban con el Cártel de Juárez. Fue su origen institucional el que los hizo acreedores de el mote de La Línea, no obstante, en 2008 cuando el Cártel de Sinaloa declaró la guerra aquel grupo pasó a convertirse en un brazo armado hiperviolento.
De acuerdo con información de InSight Crime, dentro de dicha unidad sicarial se encontraron no sólo miembros del Cártel de Juárez sino también policías locales y estatales cooptados por la organización delictiva. Del mismo modo, a las filas de La Línea se sumaron miembros de una pandilla transfronteriza conocida como Barrio Azteca.
“La Línea, el brazo armado del Cartel de Juárez, reclutó a miembros de Barrio Azteca para combatir a los sinaloenses y muchos de los pandilleros fueron asesinados o arrestados. El grupo también proporciona apoyo al Cartel de Juárez en la trata de personas y el tráfico de drogas, así como en la adquisición de armas y vehículos", describe un perfil sobre la pandilla publicado por InSight Crime.
El Cártel de Sinaloa, por su parte, respondió al engrosamiento de las filas de La Línea a través de distintos y violentos frentes. Brazos armados como Gente Nueva, Los Mexicles o Los Artistas Asesinos operaron bajo su amparo en Chihuahua al tiempo que Los Salazar -antiguos socios- también hicieron frente en los límites del estado con Sonora.
La violencia fue incontenible. La guerra entre ambos cárteles catapultó a Ciudad Juárez como una de las entidades más peligrosas no sólo del país sino del mundo. Asesinatos, balaceras, privaciones de la libertad y hasta coches bomba formaron parte de la disputa entre los Carrillo Fuentes y los sinaloenses.
Estimaciones de autoridades estadunidenses refieren que la disputa entre ambas organizaciones dejó aproximadamente 10 mil muertos en Ciudad Juárez. Episodios como la masacre de 16 adolescentes en 2010 o el ataque a un centro de rehabilitación en donde fueron ejecutadas 19 personas formaron parte de los hechos violentos atribuidos a La Línea durante el conflicto. Si bien la violencia se concentró con mayor ímpetu entre 2008 y 2011, no fue sino hasta 2014 que el arresto de Vicente Carrillo Fuentes, El Viceroy, que la organización delictiva se vio obligada a reconfigurarse.
La Línea como cártel independiente
No existe reporte alguno que consolide al Cártel de Juárez o al Cártel de Sinaloa como vencedor de aquella cruenta disputa. Mientras los sinaloenses mantuvieron sus operaciones y poderío, La Línea del Cártel de Juárez se empoderó.
“La Línea mantuvo una presencia importante en Ciudad Juárez. Controlaba las rutas de tráfico hacia la frontera con Estados Unidos y amplió sus horizontes, expandiéndose presuntamente al comercio de drogas a nivel callejero, tráfico de drogas sintéticas, tala ilegal y robo de vehículos en la ciudad y en todo Chihuahua”, precisa InSight Crime.
Adicionalmente, La Línea se hizo del control del tráfico de migrantes por la región al tiempo que mantuvo su relación con algunas pandillas transfronterizas. En 2024, informes del Gobierno Federal consultados por el periodista Óscar Balderas para MILENIO estimaban que dicho grupo criminal contaba con, al menos, 15 mil integrantes, lo que lo convertía en la escisión más poderosa del Cártel de Juárez.
Pese a que ya no se contó con registros de algún miembro de la familia Carrillo Fuentes en el liderazgo de la organización delictiva, su violento legado se mantuvo vivo en La Línea cuyo nombre terminó por consolidarse en el hampa mexicano luego de que en 2019 se les atribuyera la masacre a la familia LeBarón que dejó como saldo nueve personas fallecidas: 3 mujeres, 6 niños y niñas.
En 2024, la estructura de La Línea se fragmentó dando origen a otras escisiones. Una de ellas se autodenominó como La Empresa, otra como Los Fariseos -aliados de los Cabrera Sarabia del Cártel de Sinaloa- y otra más como el Nuevo Cártel de Juárez en alusión a una asociación con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Pese a dicho reacomodo, ante la mirada de autoridades estadunidenses La Línea continúa siendo notorio actor criminal cuyas actividades delictivas se han extendido hasta su territorio. Bajo la latente amenaza que aseguran que representa, el pasado 16 de julio de 2026 el secretario de estado, Marco Rubio, informó la designación tanto de La Línea como del Cártel de Juárez como una Organización Terrorista Extranjera (FTO, por sus siglas en inglés).
La metamorfosis de La Línea da cuenta de la capacidad que tienen organizaciones delictivas en México de reagruparse y adaptarse para sobrevivir en el hampa mexicano pese a la caída de sus líderes, las disputas con grupos rivales y las diligencias de autoridades. ¿El objetivo? Seguir manteniendo bajo su yugo uno de los corredores fronterizos más codiciados del país.
ATJ