Era 3 de marzo de 2007. En la pista de caballos El Villarín en el poblado de Santa Fe en Veracruz tres equinos protagonizaban la competencia estelar: Huauchinango, Huracán y Alexander. Considerados como los más rápidos de todo México, en su desempeño estaban en juego millones de pesos en apuestas de modo que, la atención de los miles de asistentes a cada meticuloso detalle era crucial.
No era para menos. El dueño de Alexander era nada más y nada menos que Efraín Teodoro Torres, mejor conocido como El Z-14 o Chispa. Entonces, los reportes lo identificaban no sólo como uno de los miembros originales del brazo armado del Cártel del Golfo conformado por militares de elite desertores, sino también como el encargado de encabezar su expansión en dicho estado.
De acuerdo con información recopilada por el periodista Ricardo Ravelo, El Z-14 había hecho de El Villarín su refugio. Un lugar donde descansaba de la ardua disputa que su organización delictiva sostenía en contra de La Federación del Cártel de Sinaloa. En dicho poblado rural y de difícil acceso, Chispa podía disfrutar de su pasión: los caballos.
Aquella tarde de primavera, Efraín Teodoro Torres pretendía ver ganar a uno de sus equinos favoritos y, si bien alcanzó a verlo galopar, una serie de detonaciones de arma de fuego terminaron con su vida antes de que viera a su caballo consagrarse como el ganador. La muerte del líder de Los Zetas, además de reconfigurar el organigrama de su propio grupo criminal y de consolidarse como un episodio más de la historia del narcotráfico en México, también estuvo rodeada de rumores y versiones contrapuestas.
El asesinato de El Z-14
Las crónicas de aquel día narran la algarabía que permeaba la esperada carrera de caballos. Música, cohetes, bebidas alcohólicas, carne en asadores, la euforia de la competencia. Todo se combinaba en aquella pista de caballos hasta que la carrera estelar obligó a los asistentes a fijar su atención en los equinos.
Según describió Ricardo Ravelo en su libro Narcomex (2012) tras el disparo de salida los ánimos se avivaron. Los asistentes gritaban con fervor por el respectivo caballo al que le habían apostado hasta que dos de ellos cruzaron la meta casi de forma simultánea: Huauchinango y Alexander. Entonces, tanto El Z-14 como el dueño del equino rival comenzaron a reclamar el triunfo, sin embargo y para evitar imprecisiones, ambos accedieron a que el fotógrafo del evento revisara el material que logró captar para revelar al ganador.
Fue en medio de dicha discusión cuando las detonaciones de arma de fuego comenzaron. Uno tras otro, en al menos ocho veces, los balazos terminaron por disipar a los asistentes que buscaban resguardarse. Si bien hubo otros heridos, las balas detonadas aquel día llevaba el nombre de Efraín Teodoro Torres.
El Z-14 quedó tendido y malherido en el suelo. De acuerdo con información de la periodista Shalma Castillo, integrantes de su organización delictiva -entre los que se encontraba José Francisco Mendoza Gómez alias Yiyo- lo cargaron para trasladarlo hasta un hospital cercano en el puerto de Veracruz donde falleció más tarde.
No sólo el líder zeta murió ese día, también lo hizo el hombre que le disparó. Cazado por pistoleros al servicio de Chispa, la información de Ricardo Ravelo y la de Shalma Castillo coincide en que se trató de una persona de origen centro o sudamericano. El autor material había caído pero la duda sobre el intelectual prevalecía.
Algunas versiones sugirieron que fue Miguel Ángel Treviño Morales, alias El Z-40, quien ordenó el homicidio de quien entonces era su líder en miras de consolidar su liderazgo en Veracruz, no obstante, sería hasta 2024 cuando el testimonio de otro asistente a aquella carrera de caballos terminó por apuntar a otro poderoso actor criminal de la época: Los Cuinis.
La pista de Los Cuinis
José María Guizar Valencia formó parte de un clan familiar especializado en la importación de toneladas de cocaína colombiana a México. Entre sus clientes se encontraban los hermanos Abigael, José y Gerardo González Valencia, mejor conocidos como Los Cuinis quienes, por aquellos años, formaban parte del Cártel del Milenio.
Pese a que dicho clan familiar terminaría por convertirse años después en el brazo financiero del Cártel Jalisco Nueva Generación, a finales de la primera década de los 2000’s formaban parte de La Federación, un conglomerado de organizaciones narcotraficantes como el Cártel de los Beltrán Leyva, el del Milenio o el grupo de los hermanos Amezcua en Colima que operaban bajo la dirección del Cártel de Sinaloa entonces encabezado por Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada.
La disputa era más que clara: los cárteles del pacífico contra los del golfo peleaban a muerte por el control de rutas y plazas clave para seguir contrabandeando droga a Estados Unidos. Fue en ese mismo contexto en el que también se enemistaron la familia de José María Guizar Valencia y Los Cuinis.
Además de describir el tiroteo y el acento colombiano del tirador, José María Guizar Valencia narró haber revisado sus pertenencias una vez que fue abatido por los lugartenientes del Z-14. Un celular y poco dinero en una cartera, lo llevaron a tildarlo de kamikaze, aseguró que no había forma de que una caravana o un comando se acercaran a Chispa sin ser identificados por alguno de los 50 o hasta 80 hombres que lo custodiaban. Quien planeó su asesinato sabía que debía ser un solo hombre el que lo ejecutara, uno que supiera que también moriría aquel día.
"Una persona nos llamó. Así es. Alguien llamó y nos dijo: 'Hemos llamado a tu jefe, hijo de puta, y tienes un día para irte de Veracruz porque el mismo destino les va a ocurrir a todos si se quedan'", relató José María Guizar durante la audiencia evidenciaria en contra de Gerardo González Valencia, según la transcripción consultada por MILENIO.
Al ser cuestionado por la fiscalía sobre la persona detrás de aquella llamada, El Z-43 afirmó que aquel hombre se identificó como La Barbie, alias al que respondía Édgar Valdez Villarreal, lugarteniente del Cártel de los Beltrán Leyva. Aunque desde entonces su declaración ya apuntaba a La Federación como los responsables del asesinato de Chispa, El Z-43 terminaría por apuntar a Los Cuinis por un episodio en específico.
Según su testimonio, meses antes Gerardo González Valencia había viajado a Veracruz con la intención de contactar al Z-14. El líder de Los Cuinis consiguió su número y le pidió que le entregara tanto a José María Guizar Valencia como a uno de sus tíos. Chispa se negó, intentó proteger al Z-43 y con eso se ganó la ira de Los Cuinis.
La traición de Yiyo
Para conseguir la información sobre el día, el lugar y la hora en donde se encontraría Efraín Teodoro Torres, Los Cuinis recurrieron a una de sus socias: Marisela Flores Torruco, mejor conocida como La Dama de Hierro. Dicha mujer se había hecho una reputación en el hampa mexicano de proveedora de los grandes cárteles de la droga por operar una gran red de tráfico de cocaína colombiana en el sureste del país.
La Dama de Hierro también fue esposa de José Francisco Mendoza Gómez alias Yiyo quien, para entonces, se había convertido en una persona muy cercana al Z-14. De acuerdo con el propio testimonio de José María Guizar Valencia, gente de La Federación levantó a Yiyo en Monterrey, lo extorsionaron y torturaron psicológicamente para que entregara a Efraín Teodoro Torres. Y lo hizo.
"Lo extorsionaron emocionalmente para que entregara a Chispa. Así que, para sobrevivir, para que él siguiera con vida, entregó a Chispa. Entonces Yiyo dio el lugar y la hora donde Chispa iba a estar en una carrera de caballos. Se lo dijo a Marisela Flores Torruco. Y como ella andaba con ellos, les pasó la información, y allí mataron a Chispa. La gente de Lalo lo mandó matar", declaró José María Guizar Valencia.
Información plasmada por la periodista Shalma Castillo en una entrega para DOMINGA refiere que fue el mismo Yiyo quien llevó al hospital al Z-14 tras el ataque armado en la pista de caballos de El Villarín. Asimismo, a José Francisco Mendoza Gómez se le relacionó con el robo del cadáver de Chispa ocurrido horas después de su sepelio en un panteón de Poza Rica. Aunque autoridades nunca lograron comprobar su participación, nadie volvió a saber sobre el paradero del cuerpo de Efraín Teodoro Torres.
Tras la muerte del Z-14, José María Guizar Valencia continuó trabajando para Los Zetas. Primero junto a su líder Heriberto Lazcano Lazcano, y posteriormente con Miguel Ángel Treviño Morales, El Z-40, de quien descartó su participación en el asesinato de Chispa.
"Aún después de la muerte de Chispa, tuvimos una reunión en el campo de béisbol, toda la gente, los líderes de los Zetas reunidos en Tampico, Tamaulipas, para ir en contra de los Cuinis y los Milenios por el asesinato de Chispa", describió José María Guizar Valencia, El Z-43.
El asesinato de Efraín Teodoro Torres evidenció distintos factores del hampa mexicano. El primero: el dinamismo con el que operan diversas organizaciones delictivas y el nivel de violencia que sus disputas han arrastrado durante décadas. El segundo: la capacidad de reagruparse tras la neutralización de uno de sus líderes pues, tras la caída del Z-14 y El Lazca, el Z-40 ascendió al liderazgo de Los Zetas. Finalmente: la traición en dicho entorno es una constante de cuidado.
ATJ