DOMINGA.– La desaparición del profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla no puede cerrarse con la simple gratitud de haber sido localizado con vida. Las irregularidades de su caso reproducen un patrón ya conocido: el de extranjeros siendo secuestrados en aeropuertos y extorsionados por el crimen organizado con la complicidad de servidores públicos.
“Llegué el 31 de diciembre de 2025 al aeropuerto de Monterrey a una escala para estar tres horas y después tomar un avión a la Ciudad de México; pero dicha situación no fue posible por circunstancias extrañas que todavía tratamos de explicar”, confesó Leonardo Escobar en un video difundido en redes sociales.
Los antecedentes de lo que viene sucediendo en el Aeropuerto Internacional General Mariano Escobedo puede ayudar a la investigación sobre lo que le ocurrió al maestro colombiano, en especial respecto a esos días que pasó con lagunas mentales. También es relevante que su calvario terminó en un “anexo” en el municipio conurbado de Benito Juárez, el cual es controlado desde años atrás por los antiguos Zetas.
El contexto empieza con que en el Aeropuerto Internacional de Monterrey se han reportado la desaparición de varios extranjeros . El último caso conocido sucedió en septiembre de 2024 cuando desapareció toda una familia migrante originaria de Cuba, integrada por seis adultos y dos menores de edad. Gracias a la presión de organizaciones de derechos humanos y a la intervención del Comité de los Derechos del Niño y Naciones Unidas, la familia fue localizada con vida. Pero entonces no se informaron las causas de su desaparición ni de cómo fue localizada.
Se suma el hecho de que los centros de rehabilitación son usados por el crimen organizado para reclutar miembros como halcones y narcomenudistas. También sirven para ocultar a sus víctimas. Debido a lo anterior, en los últimos años se han registrado al menos una decena de masacres en esos locales en diversos estados del país.
Además, existen denuncias contra diversas autoridades de la región. Recientemente, el Instituto Nacional de Migración (INM) separó de su cargo a ocho funcionarios de la Oficina de Representación en Nuevo León por tener relación con el crimen organizado.
El caso del doctor Escobar y otras desapariciones en el aeropuerto regiomontano muestran que el crimen organizado continúa operando con impunidad. Pero también revelan algo más inquietante: que uno de los aeropuertos más importantes del país se ha convertido en un punto ciego, donde las personas entran, desaparecen y, en el mejor de los casos, reaparecen sin que nadie lo explique.
Modus operandi de desapariciones en tránsito
Antes que tomara posesión el presidente Donal Trump, se registraba un intenso arribo de migrantes al Aeropuerto Internacional de Nuevo León, principalmente de ciudadanos venezolanos, cubanos, nicaragüenses y colombianos que tenían prioridad para solicitar asilo en los Estados Unidos. Desde Monterrey, la capital de Nuevo León, pretendían llegar a las ciudades de Laredo, Mcallen y Brownsville para cumplir con su cita con un juez y conseguir el anhelado asilo.
En la época que estuvo vigente la solicitud de asilo a través de la aplicación CBP One se reportaron varios desaparecidos en ese aeropuerto. En esos tiempos la Fiscalía de Nuevo León emitió alertas de búsqueda. Entre esos casos, está la desaparición por varios días de la familia cubana en septiembre de 2024.
El modus operandi para secuestrar lo describió una víctima cubana refugiada en un albergue de Piedras Negras. Según su relato, en el aeropuerto de Monterrey operarían vehículos particulares haciéndose pasar por Ubers o taxis en las salidas y llegadas ofreciendo sus servicios. Dichos conductores afirman a las posibles víctimas que son operarios de Uber pero que “un cliente les canceló el servicio”. La oferta es atractiva debido a los altos costos de los taxis oficiales. El hecho de que taxis piratas operen impunemente apunta a la complicidad de autoridades.
En el trayecto, el “taxista” interroga a la posible víctima extranjera. Seleccionan a los que tenían cita y tienen familia en Estados Unidos porque ellos pagarían de forma expedita un rescate “bajo” de entre 5 mil o 10 mil dólares para que no perdieran su cita. Otro cubano que compartió su testimonio afirmó haber pagado siete mil dólares. Mencionó también que del aeropuerto lo llevaron a una casa vigilada por presuntos policías municipales donde tenían al menos otras ocho personas secuestradas.
Los testimonios de otras víctimas señalaron que durante su secuestro revisaron sus teléfonos móviles y los torturaron para que contarán detalles sobre sus familiares, contactos y amigos. Cuando los liberaron, los amenazaron advirtiéndoles que, si denunciaban, irían contra sus familiares a quienes ya tenían localizados.
El testimonio de Leonardo Escobar, el profesor de la Ibero
El doctor Leonardo Escobar asegura que su versión se “basa en hechos que son comprobables, por registros de tomas de cámaras y por evidencia científica”. Contó que durante tres días estuvo en una celda del municipio de Apodaca. Su detención no fue registrada en la plataforma nacional de detenidos, la segunda irregularidad de su caso. La primera quedó grabada en las cámaras de seguridad del aeropuerto con un video que captura a Escobar pasando sin incidentes por el control migratorio.
La versión oficial de su detención, proporcionada por la Guardia Nacional, señala que el académico colombiano intentó evadir el trámite de migración y se comportó “de manera grosera”.
No se le informó sobre sus derechos tras la detención “porque llegué con groserías y altanerías”, tampoco le dieron asistencia médica. Permaneció tres días en la celda de Apodaca, “prácticamente a la intemperie, sin comer bien. Sin tomar agua. Sólo tomé agua de un grifo que estaba oxidado y no sé si fueron los metales que provocaron fallas en mi conciencia”.
Luego agrega: “Antes de ir a esa celda fui golpeado por la Guardia Nacional, lo cual me generó una fractura de tres costillas [..] y luego fui liberado. Se me entregaron mis pertenencias pero cuando salí de la celda seguía muy desorientado y traté de acercarme al aeropuerto de Monterrey tratando de tomar mi escala. Esto nunca fue posible. Cuando llegué [...], de alguna manera, fui despojado de mis cosas y esto me imposibilitó seguir viajando”, relató.
La policía lo retiró del aeropuerto y tuvo que deambular durante cuatro días sin poder consumir alimentos ni agua. “De esta forma prácticamente fui orillado a una situación de calle. Me fui obligado a refugiarme en la maleza para tratar de evadir el sol, de evadir una deshidratación crónica y eso ocurrió durante varios días y noches. Afortunadamente, después de muchos días fui rescatado por una patrulla que maneja una clínica de rehabilitación y me llevan a esta clínica en el municipio de Juárez”.
Lo que Escobar desconoce es que dicha clínica no cuenta con patrullas o ambulancias para trasladar internos. Si en su estado de debilidad e inconsciencia pudo percibir que lo rescató una patrulla se debe investigar si fue un vehículo de la autoridad de Apodaca y por qué los policías no lo internaron en instalaciones del DIF, albergues o un centro médico del municipio.
En cambio lo trasladaron, varios kilómetros, para dejarlo en el extremo opuesto en un “anexo para drogadictos”, como se conoce a la Clínica Fénix donde lo dejaron. Ahí permaneció 10 días en una total inconsciencia. No recordaba incluso quién era. Sólo le dieron agua. “El día 15 recobré mi conciencia afortunadamente y recuerdo quién soy, cómo me llamo, dónde trabajo y empiezo a buscar un plan para tratar de salir de ahí. La comunicación con mi familia era imposible”.
Las autoridades le impidieron acercarse al INM, además del hecho de que lo forzaron a salir del aeropuerto. “Me parece una irregularidad porque si me vieron desorientado no me asistieron con los médicos que están disponibles en el aeropuerto”. Su testimonio destaca que durante su detención arbitraria sintió “que las personas sabían sobre mis datos económicos y no sé de qué manera lo pudieron saber”. En ese sentido se debe investigar qué autoridades le robaron sus pertenencias.
“Se ha dicho que mi estancia en el albergue fue voluntaria y nunca lo fue. No tengo conciencia plena… Nunca fue por mi total voluntad”, concluyó el académico.
La Fiscalía de Nuevo León fue la que aseguró que Escobar se había internado en la Clínica Fénix por voluntad propia. Mientras que el director de la clínica, Felipe Rangel, afirmó en una entrevista que él mismo lo vio en la calle desorientado y mandó a su personal a recogerlo.
Ataques a centros de rehabilitación
El académico de la Universidad Iberoamericana fue transportado a un “anexo” o centro de rehabilitación de adicciones en el municipio metropolitano de Benito Juárez, centros que son utilizados por el crimen organizado para reclutar halcones o para esconder a sus víctimas; incluso ahí las han drogado.
El hecho de que los cárteles utilizan esos centros de “rehabilitación” ha provocado múltiples masacres perpetradas en esos sitios en diversos estados del país, como Chihuahua o Coahuila, con decenas de muertos. A continuación, se enlistan cinco centros de rehabilitación donde han sucedido asesinatos masivos, según reportes de medios de comunicación e informes de seguridad.
- 2 de septiembre de 2009. Un ataque armado que dejó a 18 personas muertas a tiros en un Centro de rehabilitación en Ciudad Juárez, Chihuahua.
- 27 de junio de 2010. Un atentado se registró con nueve personas muertas y nueve personas heridas en el Centro “Fuerza para Vivir” en Gómez Palacio, Durango.
- 26 de septiembre de 2017. Hombres armados reventaron un centro de rehabilitación en Chihuahua, Chihuahua, para asesinar a 15 internos.
- 6 de junio de 2020. Ataque a un centro de rehabilitación en Irapuato, Guanajuato el 6 de junio de 2020. El saldo: 10 personas asesinadas.
- 1 de julio de 2020. Otro ataque armado a un centro de rehabilitación en Irapuato, Guanajuato, que dejó 27 personas muertas y ocho heridas.
Los ataques no son hechos aislados, sino parte de un patrón de violencia complejo por las disputas entre grupos delictivos. La mayoría de los ataques ocurren en el marco de guerras territoriales entre cárteles (como en Guanajuato) o pandillas que controlan el narcomenudeo. Los sicarios suelen buscar a personas específicas dentro de los centros, ya sea porque deben dinero a narcomenudistas, porque son objetivo de venganza o porque se sospecha que han sido reclutados por bandas rivales.
Víctimas drogadas, mismos síntomas
El caso de Leonardo Escobar no debería terminar con un supuesto “final feliz” por haberlo localizado con vida. Se debe investigar y castigar la posible complicidad de las autoridades federales, estatales y municipales. También al INM, dependencia que en meses recientes tuvo denuncias y acciones legales significativas contra sus funcionarios, tanto por actos de corrupción como por omisiones administrativas relacionadas con la seguridad y el crimen organizado. Como el caso por “omisión de protocolos en la retención de vehículos”, debido a que camionetas con logotipo institucional estuvieron involucradas en el traslado de migrantes ilegales para llevarlos a una casa de seguridad en el municipio de Escobedo.
Como antecedente de una víctima que sufrió la pérdida de su conciencia está la denuncia pública de Virginia Villalobos por agresiones en un bar del centro de Monterrey llamado Beto’s, donde fue drogada o le pusieron gotas oftalmológicas para los ojos que le provocaron los mismos síntomas que contó el académico de la Universidad Iberoamericana.
“Al cerrar el Beto’s bar y quedarme sola con tres empleados esperando que el manager del lugar me llevara a mi casa, recuerdo tomar un trago de cerveza y luego ya no recordar nada. El bar cerró pasando la una, y me despertó otro empleado del bar al día siguiente. No recordaba nada y estaba confundida, tenía sed, me dolía el cuerpo, estaba cansada, no tenía zapatos ni mis pertenencias, me faltaba mi celular y dinero. Bajé confundida al primer piso de la terraza del lugar mientras me ponía los zapatos [...], no sabía qué hora era, me calaba el sol”.
“Bajé y vi a quien se supone me llevaría a mi casa, a Brando Roberto Espinoza en la barra, me daba la espalda, le hablé, le tocaba la espalda, no me volteaba a ver, me ignoraba… Supe que algo estaba mal, mi ropa estaba mal puesta, no tenía calcetines, estaba aturdida, me dolía la cabeza, me vi con vida y recordé a mi bebé que seguramente había regresado de visitar a su padre, decidí salir del bar sin voltear. Caminé confundida, no tenía dinero para un taxi, comencé a caminar mientras lloraba, no sabía hacia dónde iba cuando entre la nebulosa me di cuenta que estaba cerca de la casa de un amigo. Tenía golpes en el torso, probablemente patadas que me dieron”.
“No podía hablar, estaba entre shock y aturdimiento mental, me volví a quedar dormida en la casa de mi amigo, días después no salí de casa, seguía confundida, cometí errores en mi trabajo, no me concentraba, no recordaba nada de lo que me hicieron, pero sabía tuvieron acceso a mis cuentas, e información de mi teléfono”.
DOMINGA contactó a Villalobos para que opinara sobre el testimonio de Leonardo Escobar. Este fue su comentario: “Al ver el video del maestro de la Ibero, veo las mismas reacciones: cansado, confundido, sin pertenencias y con una nebulosa mental que tarda días en disiparse”.
GSC