Política

El fémur de Mead

Hace algunos días me encontré con un interesante artículo sobre Margaret Mead (1901-1978), antropóloga, escritora, maestra, intelectual y feminista estadounidense que con su amplia obra y estudios sobre la cultura ha dejado una huella indiscutible en el mundo de la antropología. Nacida en Filadelfia, Margaret tuvo en su madre y abuela figuras femeninas que influyeron en su educación y sus conceptos sobre la sexualidad, las culturas, los roles de género y el empoderamiento de la mujer, que complementó con sus estudios en el Colegio Barnard y la llevó a obtener un doctorado en antropología por la Universidad de Columbia en 1929. 

Se desempeñó como docente en varias universidades y fundó la Facultad de Antropología de la Universidad Fordham.

El artículo trataba sobre el momento en que un alumno cuestionó a la antropóloga sobre el primer signo que para ella indicaba la civilización de una cultura. 

Su respuesta no versó alrededor de inventos del hombre, sino que fue algo seguramente inesperado para el alumno: un fémur roto que posteriormente sanó. 

La antropóloga explicó que un animal con una pata rota estaba condenado a la muerte ante la imposibilidad de huir, defenderse de los peligros o buscar comida y agua. El hueso no alcanzará a sanar antes de que ese animal muera. 

En el hombre, un fémur que ha sanado es indicio de que una persona ha cuidado de él, de su herida y lo ha asistido durante su recuperación. 

En resumen, la civilización empieza con la manifestación de una persona que ayuda a otra. Esto me hizo reflexionar en todos los signos que ahora consideramos como un “avance”: tecnológicos, económicos, científicos, de infraestructura. 

Y, sin embargo, el signo que Margaret describió como inicio de la civilización realmente se ha estancado en una buena parte de la humanidad.

Ayudar a otro es cualidad de pocos, es una frase muy utilizada en política, pero raramente puesta en práctica a menos que sea a cambio de algo. 

Pero el ejemplo de Margaret implica un desprendimiento, una consciencia del nosotros sobre el yo, una actitud solidaria que implica dar algo de mí aún sin recibir nada a cambio; y creo que en eso no sólo no hemos avanzado, sino que vamos en retroceso. 

¿Por qué tenemos que esperar a una catástrofe para mostrar preocupación por el otro? Y a veces, ni siquiera durante los tiempos difíciles —como los que estamos viviendo—, en donde lo que ha quedado de manifiesto es que cada quien vela por sus propios intereses, tanto a nivel personal como a nivel de grupos. Siempre es oportuno pensar en el fémur de Mead.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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