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Martes , 26.03.2019 / 18:30 Hoy

Universidad Tecnológica del Valle del Mezquital

LA DANZA DEL IXTLE. Una mirada a la vida del Mezquital

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El Valle del Mezquital es una de las diez regiones geoculturales del estado de Hidalgo (Rivas, 1994: 64), territorialmente se trata del área más extensa localizado al sur oeste del estado, conformado por tres valles: Ixmiquilpan, Tasquillo, Actopan y dos llanuras: Alfajayucan y Tula (Rivas, 1994:64). Se considera un territorio otomiano donde el pueblo otomí – hñahñú histórica y culturalmente lo ha habitado desde tiempos inmemoriales; es importante comprender los aspectos domésticos, rituales y festivos del pueblo otomí hñahñú, pues hablar de la danza del ixtle significa repasar algunos episodios sobre la cosmovisión de los indígenas pertenecientes a este grupo, del cual "no se sabe a ciencia cierta cuándo llegaron al Valle del Mezquital" (Moreno et al, 2006: 7-8), sin embargo algunos investigadores calculan que el origen de los otomíes fue aproximadamente entre los años 4000 y 1000 a.C (Moreno et al, 2006: 7-8).

Se ha categorizado bajo la denominación de danza folclórica o danza popular, de acuerdo a la Escuela Nacional de Danza Folklórica del INBA, a las manifestaciones coreográficas producto de las comunidades indígenas o populares, que han conservado los códigos de expresión, las vestimentas, las música, los métodos de enseñanza por tradición oral o por imitación y que son representados por los diversos grupos étnicos del país o los grupos sociales que la producen en un contexto cultural determinado lo cual le ha permitido posicionarse como un elemento de permanencia cultural (INBA, 2011). En lo referente a la "danza del ixtle" del Valle del Mezquital, se trata de una creación coreográfica reciente (1965) cuyo autor fue el profesor Pedro Pioquinto Secundino Miranda, originario del Olivo, perteneciente al barrio del Espíritu en Ixmiquilpan, el objetivo principal del profesor fue conservar las tradiciones musicales, dancísticas y rituales del pueblo hñahñú (Guerrero, 1983: 321- 322).

El Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo (CECULTAH), describe el significado, así como los motivos que inspiraron esta danza: "La danza del Ixtle tiene sus orígenes en la creatividad de los habitantes y muestran la dinámica de la vida cotidiana y se retoma la importancia del medio que los rodea y el misticismo del pueblo hñahñu. Se compone de catorce evoluciones y ocho pasos, cada uno de ellos con un significado particular, relacionado con la vida cotidiana y la vida religiosa de los hñahñus, participan 12 mujeres y 12 hombres. Durante la danza, se ejecutan diversas acciones tales como, el tallado de la lechuguilla, el hilado del zanthe (fibra de maguey) y el tejido del ayate; actividades cotidianas de los habitantes del Valle del Mezquital" (CECULTAH, 2014).

Los objetos materiales que utilizan o con los que visten sus ejecutantes poseen también significados especiales, por ejemplo el velo sobre la cabeza de las mujeres indica la reverencia, el cordel que hilan las mujeres representa el transcurso de la vida de los otomíes – hñahñus; en el caso de los hombres, el objeto más importante que usan es el ayate, atado sobre la espalda con o sin camisa, el ayate elaborado con ixtle representa diversos aspectos, entre ellos la protección, la cuna, el vestido, el adorno, la ofrenda y también la prenda con la que se amortajan los cuerpos al final dela vida (CECULTAH,2014).

El vestuario tradicional para representar esta danza se integra por ropas confeccionadas con manta, la blusa y la falda de las mujeres lleva bordados con hilos de colores que representan elementos clásicos de la cosmovisión otomí – hñahñú como lo son las "palomitas" y la flor de cuatro pétalos. La vestimenta de la mujer se complementa con un el velo de ixtle, un ceñidor bordado y una cuerda de ixtle enredada en la cintura. Los hombres portan pantalón de manta, ceñidor y en algunas representaciones camisa de manta, pero casi siempre solo portan el pantalón. En la cabeza llevan un sombrero de ala ancha tejido con palma de Alfajayúcan y un ayate sobre la espalada cruzado a la altura del tórax. Hombres y mujeres en algunas ocasiones portan huaraches pero casi siempre aparecen descalzos (CECULTAH, 2014).

La información obtenida por el CECULTAH de acuerdo al propio testimonio de su creador, indica que la danza es representada el segundo sábado de mayo en ciertas comunidades de Ixmiquilpan mencionado las del Olivo y Los Remedios; la música se compone de siete cantos en lengua hñahñú, los cuales como ya se dijo, narran el trabajo realizado en la extracción de fibra y elaboración de los tejidos. Las coplas se acompañan con el sonido de una guitarra pequeña parecida a la mandolina y en algunas ocasiones de violines (CECULTAH, 2014). Algunos de los pasos más simbólicos en la coreografía representan la repartición del trabajo comunitario para obtener la fibra del maguey (el ixtle). Los hombres por ejemplo, interpretan el raspado de la penca del maguey, las mujeres lo tejen y ambos forman los cordones, de la misma forma representan en cierto momento a los cuatro rumbos del universo que en la cosmovisión otomí – hñahñú son fundamentales (CECULTAH, 2014).

El ixtle y el henequén son fibras ásperas y duras, resultado de la producción de los agaves (maguey); existen varias clases de ixtle, por ejemplo el de lechuguilla, el de sábila y el de maguey (Ibarra, nf.: 103 - 104).

DARÍO EDUARDO ORTIZ QUIJANO

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