Sociedad

Las ideologías y las virtudes (parte XV): modernidad

La vida humana es como un ciclo: de la confianza del niño al escepticismo del joven, de ahí a la prudencia de la razón adulta, y a la sabiduría y nueva confianza en la edad avanzada. Una virtud, presente en cada etapa del ser humano, es la fe que se manifiesta como una confianza en la infancia, ilumina a la razón con planteamientos que, entendidos con coherencia, llevan a la certeza.

La modernidad es una etapa de la humanidad que tiene indicios en la edad media y que termina en el siglo XX. El ideal de la modernidad se expresa como la certeza de un desarrollo continuo e indefinido en lo social (política, cultura) y en lo capital (economía, tecnología) basado completa y únicamente en la razón, que no ha de ser iluminado por nada ni nadie. Se trata de un ideal y proceso que avanzó paulatinamente, empezando en la autonomía de la razón con respecto a la fe, y que llegaría a la idolatría con la exaltación de la Diosa Razón en el siglo XVIII. La luz de la sola razón distingue a ese episodio conocido como el siglo de las luces, el iluminismo, la ilustración; con tres ideales: libertad, igualdad y fraternidad. Una de las aportaciones de la modernidad sería volver al sistema republicano del mundo clásico, donde la burguesía, básicamente intelectuales y comerciantes, surgen como la clase que ha de dirigir el sistema republicano instaurado.

La transición de aristocracia, clase de los nobles dirigentes del sistema monárquico, hacia la tecnocracia estaría marcada por episodios violentos, sobresaliendo la Revolución francesa. Una ruptura no empieza con la primera confrontación, pero con la primera incoherencia por egoísmo, pues los principios de igualdad, libertad y fraternidad aplicarían sólo para la nueva clase. Después de la promulgación de derechos de ciudadanos en la constitución de los Estados Unidos, «todos los hombres son creados iguales», tomaría un siglo abolir la esclavitud y otro más para que derechos aplicaran a ciudadanos afroamericanos. Los mismos principios no eran válidos para ciudadanos de colonias francesas y británicas como en Haití, Argelia, India, etcétera. No sólo en colonias, pero también dentro del imperio surgiría la explotación laboral de familias, mujeres y niños, principalmente en la Revolución Industrial. Curiosamente, la humanidad expiaría sus pecados con España, donde también hubo injusticias; sin embargo, para que todo ciudadano tuviera los mismos derechos, el mestizaje se legalizó, se fijó la jornada laboral de ocho horas y surgieron las misiones para llevar la buena nueva.

Como respuesta a las injusticias de la Revolución Industrial surgió la Internacional Socialista, fundada por Karl Marx y Friedrich Engels, marcada por el entusiasmo de una humanidad igual que marcha hacia un progreso material sin espacio para disidencia y donde todo opositor a ser parte de la maquinaria de producción del Estado es traidor enviado al gulag o campo de concentración,una incoherencia decepcionante, pues se ve al ser humano como un recurso reemplazable y desechable.

En la modernidad, la ciencia y la tecnología tienen avances y descubrimientos nunca antes vistos con Bernhard Riemann, Max Planck, Albert Einstein, etcétera. Desafortunadamente, el colapso de la modernidad se encuentra en la decepción ante las incoherencias de una razón sin iluminación que serviría a la crueldad y al terror con consecuencias como dos guerras mundiales, gas mostaza, destrucción nuclear de Hiroshima y Nagasaki, amenaza de guerra nuclear, etcétera. El egoísmo de una racionalidad arrogante finalmente conduciría a pobreza extrema en grandes sectores, desastres ecológicos y movimientos eugenésicos comocontrol natal y campos de exterminio racial. Para Immanuel Kant, la fe ha de mantenerse en los límites de la razón. Para Augusto Comte, la fe es algo del pasado; para Karl Marx, la fe es opio; y para Friedrich Nietzsche, Dios ha muerto.

Karol Wojtyla, en Veirtatis Splendor, se atreve a unificar Iglesia, modernidad y posmodernidad, reconociendo que las tres posturas buscan la plenitud de la humanidad, siendo verdad (reflexión sobre fe y razón), libertad (apelando a la gran aspiración de la modernidad) y felicidad (lo propio que busca la posmodernidad). Durante el colapso de la modernidad, Lech Walesa, Jerzy Popieluszko y Karol Wojtyla sufrieron atentados, pero contribuyeron sin disparo alguno a la liberación de naciones del comunismo; mientras que Elizabeth Anscombe y Teresa de Calcuta luchan contra el egoísmo y defienden la vida de todo ser humano. La fe no se apagó y sigue encendida en la posmodernidad.

Roberto Rosas Romero

roberto.rosas@udlap.mx

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